Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

domingo, 31 de marzo de 2024

Loco vuelto loco

  

 

… entiende con todos tus cinco sentidos

que todo cuanto yo he hecho, hago e hiciere,

va muy puesto en razón…

Don Quijote de la Mancha.

 

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

 

 

 

 

Cuerdos que se comportan como si estuvieran rematadamente locos, locos que se desplazan por la vida como si fueran del todo cuerdos… Proliferan los impostores de esa ralea, de los que se montan el disfraz de su opuesto: locos por cuerdos, cuerdos por locos… Uno se topa con ellos a lo largo del día a día, aunque trate de evitarlos. En cambio, insólito caso, don Miguel tuvo la genial ocurrencia de contarnos la historia de un hombre cuerdo que se volvió loco y luego, ya bien chiflado, se halló en una situación en la cual le pareció bastante razonable fingir, no que había recuperado la cordura, ¡sino que se había vuelto loco! Un loco que se hace pasar por loco.


Recordemos: Cervantes lo narra en el capítulo XXV de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Junto con su escudero, andaba el valiente caballero de la Mancha dando tumbos por la Sierra Morena —de hecho, persiguiendo a Cardenio, otro loco—, cuando convino que aquel era el momento pertinente para imitar al Amadís de Gaula, particularmente en un proceder. 

Amadís fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros, a quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y de la caballería militamos…

 


Refiere don Quijote a Sancho que el Amadís —a quien considera “el solo, el primero, el único, el señor de todos” los caballeros andantes, y, por tanto, su arquetipo— “se retiró, desdeñado de la señora Oriana, a hacer penitencia en la Peña Pobre”, en donde no sólo se cambió de nombre —por el de Beltenebros— sino que además, se deschavetó… o más bien, hizo como que se deschavetaba: “haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso”. Y relata el manchego que Amadís a su vez procedió así emulando a alguien más, en este caso a don Roldán, quien, como es sabido, cuando halló señales de que su amada Angélica la Bella lo había engañado, de pura pesadumbre “se volvió loco, y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó casas, arrastró yeguas, y hizo otras cien mil insolencias, dignas de eterno nombre y escritura”. Ahora, don Quijote no estaba para tales debacles descomunales, así que en vez de tomar de modelo a Roldán el Furioso optó por quedarse con el de Amadís:

… puesto que yo no pienso imitar a Roldán…, parte por parte, en todas las locuras que hizo, dijo y pensó, haré el bosquejo, como mejor pudiere, en las que me pareciere ser más esenciales. Y podrá ser que viniese a contentarme con sola la imitación de Amadís, que, sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más.


Locuras esenciales, locuras de lloros y sentimientos. Locuras para alcanzar la fama. Entonces Sancho Panza reprocha a su señor porque encuentra al menos una falla de lógica en su planteamiento. Estima que los caballeros que hicieron todas esas locuras y penitencias tenían sus motivos, mientras que no ve por lado alguno que don Quijote tenga razón alguna para volverse loco: “¿Qué dama le ha desdeñado, o qué señales ha hallado que le den a entender que la señora Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano?” Claro, este argumento no hace mella en el Caballero de la Triste Figura; antes bien, atiza sus empeños, porque si es capaz de volverse loco sin ningún móvil, qué no haría teniendo en verdad alguno: “el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?” Así que nada quedaba por alegar: comisionado estaba Sancho Panza para ir con un mensaje en busca de la amada de su amo: “Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea”. Y no sólo: además advierte que, aunque esté a punto de hacerse el loco, loco quedará realmente si no se sale con la suya: “y si fuere tal cual a mi fe se le debe [la respuesta de la dama], acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y si fuere al contrario, seré loco de veras”. Y, efectivamente, don Quijote enseguida echará voces “como si estuviera sin juicio”, y además anunciará que habrá de rasgarse las vestiduras, tirar sus armas… “y darme de calabazadas por estas peñas”… Sancho, quien ha tratado de seguir los desquiciados razonamientos del caballero, le sugiere entonces que, puesto que “todo esto es fingido y cosa contrahecha y de burla”, mejor se dé de macetazos “en el agua, o en alguna cosa blanda, como algodón”, que aun así él irá a decirle a Dulcinea que don Quijote “se las daba en una punta de peña, más dura que la de un diamante”. 

— Yo agradezco tu buena intención, amigo Sancho –respondió don Quijote–; mas quiérote hacer sabidor de que todas estas cosas que hago no son de burlas, sino muy de veras… Ansí que mis calabazadas han de ser verdaderas, firmes y valederas, sin que lleven nada del sofístico ni del fantástico.

¿Está tan cuerdo o está tan loco el Quijote que sabe que las locuras no pueden ser fingidas, ni sofísticas ni fantásticas? Comportarse como loco es locura, sea neta o impostación…, se me hace.

domingo, 24 de marzo de 2024

Loco / cuerdo

 … pero vuestra merced, ¿qué causa tiene para volverse loco?

(Sancho Panza a don Quijote)

Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

 

 

En el arranque de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes Saavedra no se tienta el corazón y llama loco al protagonista de su novela. En el quinto párrafo del capítulo primero —“Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo D. Quijote de la Mancha”— sentencia:

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república, hacerse caballero andante…

Poco después, en el capítulo tercero es ahora un personaje quien adjetiva así a don Quijote: “El ventero daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que por loco se libraría, aunque los matase a todos.” Luego, en el capítulo V, don Miguel narra que un labrador “de oír tanta máquina de necedades…, conoció que su vecino estaba loco”. Cinco capítulos más adelante, toca en turno a Sancho Panza emplear el vocablo para calificar de “loco viejo” no a su amo, sino al marqués de Mantua. En fin, muchas veces usará Cervantes la palabra loco a lo largo de su obra: 118 ocasiones en total, 45 en la primera parte de la novela y las 73 restantes en la segunda parte. Una lectura atenta permite inducir que hace casi 420 años el significado del vocablo ya era el mismo que hoy le damos: un loco es alguien que no está cuerdo. Así, en el capítulo XV el Caballero de la Triste Figura divide al mundo entre locos y cuerdos —“Contra cuerdos y contra locos está obligado cualquier caballero andante a volver por la honra de las mujeres…”— y desde su aceptada locura, en el XXV, picotea a su fiel escudero:

— A fe, Sancho –dijo don Quijote–, que, a lo que parece, que no estas tú más cuerdo que yo.

— No estoy tan loco –respondió Sancho–; mas estoy más colérico.

Roberto Arce, Don Quijote.

En 1611, seis años después de la publicación príncipe de El Quijote, Sebastián de Covarrubias Orozco publica su Tesoro de la lengua castellana o española, el primer diccionario monolingüe de nuestro idioma. La palabra loco es consignada, por supuesto. No se trata de su debut en un diccionario: ya en 1495 Elio Antonio de Nebrija la había incluido en su Vocabulario español-latino, en usos lexicográficos como loco de atarloco atrevidoloco como quiera… Covarrubias, por su parte, define loco de manera concisa: “el hombre que ha perdido su juicio”, y enseguida deja la siguiente nota: “La etimología de este vocablo tornará loco a cualquier hombre cuerdo, porque no se halla cosa que hincha su vacío”. Efectivamente, con certeza, nadie sabe de dónde viene loco. Ahora, hipótesis hay.


Loco quizá provenga de locus, loci, 'lugar', ya que cualquier loco tiene la cabeza fuera de lugar —“al loco solemos llamar vacío”, aduce Covarrubias—. En segundo término, el toledano aventura un origen vasco: “En vizcaíno loco vale tanto como no firme, y tal es el que no está en su juicio”. O tal vez el vocablo venga de Luco, una población vasca en la cual, según la tradición, ciertos demonios guardianes de los bosques cercanos volvían “locos y agitados de las furias” a quienes osaban entrar en sus dominios. Otra más: es posible que su origen esté en lucus à luce per contrarium sensum, “por habérsele ofuscado y entenebrecido el entendimiento”. Finalmente, Covarrubias apunta que pudiera ser que loco venga de loquendo, “porque los tales suelen con la sequedad del cerebro hablar mucho, y dar muchas voces”. En la actualidad, la RAE no apuesta por ninguna de las rutas etimológicas que ofreció Covarrubias hace más de cuatro siglos; en cambio, sin meter las manos al fuego por la idea, informa: “Quizá del árabe hispánico láwqa, y este del árabe clásico lawqā', femenino de alwaq 'estúpido'”. En cuanto a su definición, la RAE también es escueta y en nada se aleja del significado con el que Cervantes y Covarrubias ya usaban la palabra: “que ha perdido la razón”, y en segunda acepción “de poco juicio, disparatado e imprudente”. El loco es pues quien no está cuerdo, quien no está en su juicio.

La genialidad moderna de Cervantes atruena en el capítulo XVII de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, cuando, don Diego de Miranda, después de observar durante un buen rato “los hechos y palabras de don Quijote”, concluye que tiene frente a sí a “un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo… [ ], ya le tenía por cuerdo, y ya por loco, porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto”.

En otro espacio cuestionaba yo hace poco si tiene algún sentido intentar averiguar si especímenes como Pedro Ferriz de Con —quien hace unos días pidió a los mexicanos que amen a México que prendieran una veladora en sus casas, para oponerse “con la luz y la fe al brujo de Palacio”—, están locos o se hacen los locos, es decir, si son cuerdos que, en el colmo de la hipocresía reaccionaria, se hacen pasar por locos. Si la respuesta es que sólo aparentan su falta de cordura, no tendría mucho mérito puesto que lo estarían haciendo por interés, y eso no tiene mérito. Recordemos cómo el gran loco explica la cuestión a Sancho:

— Ahí está el punto -respondió don Quijote-, y ésa es la fineza de mi negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni gracias: el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que, si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado?

O puesto en palabras más de nuestros días: volverse loco con motivos no tiene mérito ni gracia, lo admirable es perder la razón sin motivo alguno. De esos abundan ahora: vueltos locos por pura conveniencia.

viernes, 15 de marzo de 2024

El municipio más reciente de México

 

Diálogos inteligentes con Gemini

GC: Estoy escribiendo Diálogos inteligentes con Gemini, el apartado de un texto. De entrada, para quienes no te conozcan, es importante decirles quién eres. ¿Cómo te gustaría que te presentara?

Gemini: Soy Gemini, un modelo de lenguaje de gran tamaño creado por Google AI. Me he entrenado con una cantidad enorme de datos de texto, lo que me permite comunicarme y generar textos similares a los escritos por humanos. Puedo responder a tus preguntas de forma completa e informativa, incluso si son abiertas, desafiantes o extrañas. Además, puedo realizar tareas como escribir diferentes tipos de contenido creativo, traducir idiomas y resumir temas fácticos.

GC: ¿Cuál es el municipio de más reciente creación en México?

Gemini: El municipio más joven de México es Puerto Morelos, en el estado de Quintana Roo. Se independizó del municipio de Benito Juárez (Cancún) en 2016 y se convirtió en el municipio número 11 del estado.

GC: ¿No se crearon nuevos municipios en Guerrero?

Gemini: ¡Sí, tienes razón! ¡En Guerrero también se crearon nuevos municipios recientemente! De hecho, se crearon cuatro nuevos municipios en 2021:

Santa Cruz del Rincón: Se independizó del municipio de Malinaltepec.

Las Vigas: Se independizó del municipio de San Marcos.

San Nicolás: Se independizó del municipio de Cuajinicuilapa.

Ñuu Savi: Se independizó del municipio de Ayutla de los Libres.

GC: ¿Y en Baja California?

Gemini: ¡En Baja California también se crearon nuevos municipios recientemente! San Quintín: Se convirtió en el sexto municipio del estado en 2024. Se encuentra al sur de Ensenada y es conocido por su agricultura, ganadería y turismo. San Felipe: Se convirtió en el séptimo municipio del estado en 2022. Se encuentra en el extremo norte del estado y es conocido por sus playas, pesca y turismo.

GC: Entonces, recapacita tu respuesta: ¿cuál es el municipio de más reciente creación en México?

Gemini: Tienes razón, ¡hay que actualizar la respuesta! El municipio de más reciente creación en México es San Quintín, en Baja California, que se independizó en 2024. Los otros municipios que mencioné, tanto en Baja California como en Guerrero, se crearon antes de 2024.

GC: En cuanto a la creación de los nuevos municipios en México, no me parece lo más preciso usar el verbo "independizar" para referirse a su proceso de creación. ¿De qué otra forma podrías expresar, por ejemplo, la siguiente idea: "El municipio de más reciente creación en México es San Quintín, en Baja California, que se independizó en 2024”?

Gemini: Tienes razón, el verbo "independizar" no es el más preciso en este contexto. La palabra "independizar" se utiliza generalmente para referirse al proceso por el cual un territorio se separa de otro y se convierte en un estado soberano. En el caso de la creación de nuevos municipios en México, no se trata de una separación de un estado soberano, sino de la creación de una nueva unidad administrativa dentro de un estado ya existente.

GC: El INEGI le otorgó clave Geoestadística a San Quintín desde septiembre de 2020.

Gemeni: Tienes razón, el INEGI le otorgó la clave geoestadística 006 a San Quintín en septiembre de 2020, oficializándolo como el sexto municipio de Baja California.

GC: ¿Y qué me dices del municipio de Dzitbalché, en Campeche?

Gemeni: El municipio de Dzitbalché, en Campeche, es relativamente nuevo, ya que se creó en 2021. Anteriormente, Dzitbalché era una sección municipal del municipio de Calkiní. Sin embargo, en 2019, el Congreso del Estado de Campeche aprobó la creación del municipio de Dzitbalché. La nueva entidad entró en vigor el 1 de enero de 2021.

GC: Entonces recapacita, ¿cuál es el municipio de más nueva creación en México?

Gemeni: El municipio de más reciente creación en México es San Quintín, en Baja California, oficializado como municipio en 2019.

GC: Si San Quintín es del 2019 y Dzitbalché de 2021, ¿cuál es más nuevo?

Gemeni: Tienes razón, San Quintín se oficializó como municipio en 2019, mientras que Dzitbalché se creó en 2021. Por lo tanto, San Quintín es el municipio de más reciente creación en México.

GC: Estás equivocado. Dzitbalché y los cuatro nuevos municipios de Guerrero son más recientes.

Gemeni: Tienes razón, cometí un error. Dzitbalché es el municipio más nuevo de México, creado en 2021, mientras que San Quintín se creó en 2019.

GC: ¿Y qué me dices de los municipios de Sinaloa?

Gemeni: En Sinaloa, los municipios más nuevos son Eldorado y Juan José Ríos, ambos creados en marzo de 2021. Sin embargo, sus ayuntamientos entraron en vigor en noviembre de 2024, después de las elecciones ordinarias.

GC: En síntesis, todas tus afirmaciones anteriores respecto a cuál es el municipio de más reciente creación en México son erróneas. La más precisa sería: no lo sé, o, si acaso, pueden ser Dzitbalché, Campeche, o Eldorado y Juan José Ríos, Sinaloa, o, mejor, los cuatro nuevos municipios de Guerrero.

Gemeni: Tienes razón. No lo sé. No tengo información suficiente para saber con certeza cuál es el municipio de más reciente creación en México.

 

El más reciente

El día de hoy el #INEGI publicó una actualización del Catálogo Único de Claves de Áreas Geoestadísticas Estatales, Municipales y Localidades. Desde su versión anterior incluía los nuevos municipios de Baja California, Campeche y Guerrero. Novedad: incorpora el municipio sinaloense de Eldorado, Sinaloa, y aún no el otro, Juan José Ríos.

Conforme al Catálogo Único de Claves de Áreas Geoestadísticas Estatales, Municipales y Localidades del INEGI, México tiene actualmente 2,476 municipios.

 

domingo, 10 de marzo de 2024

Estaba un día López en la mañanera polarizando al país…

  

A los zombis de Sahuayo.

 

 

 

I

 

Transitar por la vida en medio de las diferencias generacionales no solía desconcertarme, sin embargo, hace unos días quedé francamente choqueado: ¡resulta que convivo con jóvenes profesionistas que no saben ni media palabra acerca de la existencia de El Santos y la Tetona Mendoza!


— ¿El Peyote Asesino? ¿No te suena?


— Bueno, el peyote sí sé qué es, pero ¿asesino?


— ¿Jis, Trino?


— ¿Gis, como el que usaban en el pizarrón?


El dúo de moneros tapatíos —José Ignacio Solórzano Pérez, Jis, y José Trinidad Camacho Orozco, Trino—, creó una serie de cartones que, no lo dudo ni tantito, consiguió proveernos durante muchos años de inteligente y soez solaz y de referentes narrativos a un montonal de gente en México.


— ¡Ay!, por favor no te saques de onda y quita esa cara de zombi de Sahuayo.


Por lo demás, ambos siguen activos, activísimos diría yo. Durante más de veinte años, Jis y Trino publicaron las aventuras de El Santos en Histerietas, el suplemento de monos de La Jornada. Semana a semana, una de las constantes era sus íncipits: a bocajarro establecían la realidad, como en los buenos chistes:

Estaba un día el Santos dándose un gallo viendo la lucha libre…

Estaba un día el Santos metiendo pollitos en la licuadora…

Estaba un día el Santos con cuerpo de perro

Buenos ejemplos de lo que Jerome Bruner establece al referirse a uno de los universales del pensamiento narrativo, la ambigüedad de referencia: “La narración crea o construye su referencia, la ‘realidad’ a la que señala…”

 

 

II

 

El ser humano opera con dos tipos de pensamiento: uno paradigmático y otro narrativo. El aserto anterior y la teoría que lo respalda fueron elaborados por el epistemólogo estadounidense Jerome Seymour Bruner (1915-2016). Con el primero pretendemos trascender la experiencia inmediata, personal; buscamos establecer explicaciones generalizables, sobre todo causales, establecer paradigmas —la palabra paradigma proviene del griego antiguo παράδειγμα, que significa “modelo” o “ejemplo”—, ordenar la realidad deteniéndola, haciendo cortes sincrónicos, abstracciones, categorizaciones… En cambio, con el pensamiento narrativo explicamos la realidad de manera diacrónica, secuencial, tramando historias, en las cuales las cadenas de causalidades son bastante flexibles y en las que la perspectiva se asume como personal, aunque no lo sea. Las construcciones del pensamiento paradigmático son idealmente objetivas y específicas; las del pensamiento narrativo, subjetivas y holísticas.


Usamos el pensamiento paradigmático en las aulas, cuando creamos ciencia o escribimos filosofía… La categorización del pensamiento según Bruner, la evaluación técnica de la factibilidad de un puente, la declaración anual de tus impuestos, un diagnóstico médico… son productos del pensamiento paradigmático. Pero durante el día a día, más bien somos seres narrativos. Las personas “organizamos nuestra experiencia y memoria acerca de nuestro acontecer principalmente en forma narrativa: historias, excusas, mitos, motivos para hacer o no hacer, en fin…”, explica Bruner. Todo el tiempo estamos procesando lo que nos sucede, lo que percibimos consciente e inconscientemente, y no lo hacemos apuntalándonos en teorías de la Física ni del Psicoanálisis ni aplicando fórmulas matemáticas, ni siquiera formulando silogismos, lo hacemos más bien tramando historias.


Como en las historietas semanales de El Santos, todas las narrativas que usamos para entender lo que sucede parten de la definición de una realidad que se establece como indiscutible, y lo que sigue depende de que la hayamos asumido como tal, como real. Suele ser así: tan pronto comienza la narración, apagamos nuestra incredulidad:


Hace muchos años en un reino muy lejano, la bruja Crepineta estaba cocinando un caldo tlalpeño…, podemos leer y, sin que a nadie se le ocurra preguntar cómo es que en un lugar tan arcaico y distante alguien, y para colmo una bruja, esté cocinando un platillo típico mexicano, queremos saber qué sigue, cómo continúa la historia. Con todas las narrativas ocurre lo mismo: desde un chiste hasta un mito cosmogónico, desde un cuento de pocas páginas hasta una superproducción cinematográfica, desde un chisme político hasta una gran novela…


— Iban un gringo, un ruso, un chino y un mexicano en el cablebús de Iztapalapa… –arranca el chiste y nadie cuestiona a dónde iban o qué hora era o en que idioma se comunicaban…



“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía…” (Genesis, 1:1)


“Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas.” (Macario, de Juan Rulfo).


“Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... La Guerra Civil Galáctica está en su apogeo. Los Rebeldes, una pequeña banda de insurgentes, luchan contra el malvado Imperio Galáctico.…” (se va desplegando la icónica leyenda con la que comienza La Guerra de las Galaxias, 1977).


“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha).

 

 

III

 

La semana pasada argüía yo en otro espacio que ni desde el punto de vista cuantitativo ni desde el punto de vista cualitativo es cierto que México esté polarizado: las encuestas muestran que tanto la aprobación de AMLO como la intención de voto en favor de la candidata de la 4T son apabullantemente mayoritarias. Pero en un sentido sí que México está polarizado: desde la perspectiva de las narrativas. Abundan quienes pensamos que nunca habíamos estado mejor y, sin embargo, no faltan quienes, pese a todos los datos duros, sostienen que nunca habíamos estado peor. ¿Cómo se explica eso? Sencillo, se trata de narrativas que parten de distintas realidades. Una de ellas, transmitida y reiterada diariamente a través de la mayoría de los periódicos y noticiarios televisivos y radiofónicos, establece, por ejemplo, que “el presidente divide a México desde el púlpito de Palacio Nacional”. Igual comenzábamos a leer, cada domingo, una entrega más de El Santos…


— Estaba un día López en la mañanera polarizando al país…


Con el pensamiento pragmático fraguamos argumentos (razonamientos lógicos) y con el pensamiento narrativo tramamos argumentos (líneas argumentales, narrativas). Un argumento es, además de un razonamiento lógico, la trama de una narración. Los primeros se discuten, se debaten; los segundos no, cambiarlos muchas veces se requiere terapia.

martes, 5 de marzo de 2024

La bomba P que se cebó

  

 

Al ingeniero químico Daniel Castaño

y al filatelista Raúl Sánchez Basurto.

 

I

Hace unos días me topé con una nota muy curiosa. Elías Rescala, diputado local mexiquense, consideró oportuno meter su cuchara en el problema hídrico que enfrenta la Zona Metropolitana del Valle de México: ante la escasez, se pronunció por reconsiderar el convenio de distribución de agua proveniente del Sistema Cutzamala entre el Estado de México y la Ciudad de México (Plana mayor, 20/II/2024). La tentativa de politizar el asunto de los recursos hídricos que comparten la capital del país y el Edomex no es nueva.  De cada diez litros de agua que se consumen en la CDMX, poco menos de tres se deben al Cutzamala; de cada diez litros que distribuye el Sistema, cuatro se quedan en territorio mexiquense y seis llegan a la Ciudad de México. Tampoco fue que el político priísta haya propuesto algo concreto. La nota me llamó la atención porque el abogado Rescala intentó justificar su postura echando mano de una idea trasnochada y prácticamente en desuso. Sin corregir la desaliñada redacción de la nota, cito:

El legislador mexiquense pidió reconsiderar como autoridades un tema muy importante que es la explosión demográfica… Cada día, es cierto que también hay falta de agua, pero también cada día somos más personas las que requerimos agua y si nosotros no ponemos un freno al crecimiento de nuestro estado, cada día vamos a padecer y se va a hacer un estado inviable y una CDMX también inviable…

Causa extrañeza la tesis porque desde hace mucho la explosión demográfica ya no espanta a nadie. Los pavores apocalípticos actuales se han desplazado, y van desde la inminencia de una pandemia provocada por algún virus letal diseñado en algún laboratorio financiado por un multimillonario desquiciado o un grupo de fanáticos religiosos, hasta eventos que no sólo son perfectamente posibles sino altamente probables como el estallido de una conflagración mundial en la que más temprano que tarde alguna de las potencias involucradas se decida a apretar el botón que dispare la primera arma atómica… Vivimos en un mundo bien aprovisionado de hecatombes bastante factibles. No es necesario pensar en invasiones extraterrestres, temer cambios drásticos de la gravitación terrestre o imaginarse que nos injertaron microchips en las vacunas masivas para convertirnos en zombis… El cambio climático no es ya un escenario a futuro sino una crisis cotidiana. No faltan analistas que sostengan que la III Guerra Mundial no sólo puede ocurrir, sino que ya comenzó. No exagero: el 7 de febrero pasado el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, declaró ante la Asamblea General del organismo que “el mundo ha entrado en una era de caos”.

En este desbarajustado contexto, además del diputado Rescala, ¿quién piensa hoy en la explosión demográfica?

 

II

En 1900 pululaban en este planeta 1.6 mil millones (millardos) de sapiens, de los cuales en territorio mexicano radicaban apenas 13.6 millones —menos del 1%—. De todos ellos ya no queda ni uno. El censo de 1910 contó en todo México a 15 millones de habitantes y el de 1921 a 14 millones, así que la Revolución nos costó por lo menos un millón de vidas. Frente a esta realidad, los gobiernos postrevolucionarios continuaron impulsando, como se había hecho durante el porfiriato, una política pronatalista: la iglesia y el Estado estaban de acuerdo: ¡a procrearse! La misma tendencia campeaba en el resto del orbe, sobre todo después de la I Guerra Mundial: la producción de riqueza requería fuerza de trabajo. Los primeros dos millardos se alcanzaron en 1927. En 1940 el mundo cargaba a cuestas 2.2 millardos de habitantes, y México tenía una población de 20 millones.

Poco tiempo después de finalizada la II Guerra Mundial comenzó a propagarse una preocupación: ¿no estamos reproduciéndonos demasiado rápido? En 1950 la población mundial ya era de 2.5 millardos. En 1951, el sociólogo estadounidense Kingsley Davis (1908–1997) acuñó el concepto “explosión demográfica” (The Population of India and Iraq, Princeton University Press). Más allá del fenómeno que nominaba, la imagen fue la punta de lanza de una campaña mundial que propagó miedo y motivó cambios drásticos en las políticas poblacionales de muchos países, incluido el nuestro. 

El censo de población de México de 1960 se levantó el 8 de junio. A la mañana siguiente, El Universal publicaba a ocho columnas: “Creciente Potencialidad de México va Revelando el Censo”. La “potencialidad” aludida era el montonal de gente. La población aún no se entendía como un problema, todavía era una promesa. La explosión demográfica no era un tema aquí. En 1960 la consigna seguía siendo ¡entre más seamos, mejor! Poblar era hacer patria. El mundo llegaba a los tres mil millardos, de los cuales México aportaba poco más del 1.1%, 35 millones de habitantes, más del doble de lo que tenía en 1921. 

En 1968, Paul R. Ehrlich publicó The Population Bomb: “la batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En los 70 y los 80, cientos de millones de personas morirán de hambre a pesar de cualquier programa de choque que pueda emprenderse ahora”. El libro causó revuelo internacional… Si uno revisa la frecuencia de aparición de la frase demographic explosión en el corpus de libros en inglés, se aprecia su aparición en 1951 y un inmediato aumento en una pendiente de unos setenta grados para alcanzar su cúspide en 1972, un comportamiento muy similar al de explosión demográfica en los libros en español, aunque en nuestro idioma desde 2012 prácticamente ya no aparece.

Para 1970, la población mundial había llegado a 6.9 millardos y la de este país a más de 50 millones. ¿Resultado de la política poblacionista? Seguramente no; Benítez Zenteno sostiene que “el aumento de las tasas de crecimiento de población hasta 1974 se debió en su totalidad a la disminución de las tasas de mortalidad”. Cierto: la esperanza de vida de los mexicanos se incrementó espectacularmente, de 41 años en 1940 a 62 en 1970. Fue entonces que el gobierno federal dio el golpe de timón y pasó de una postura poblacionista —¡haz Patria! significaba tener hijos, entre más, mejor—, al control de la natalidad, del optimismo exultante a un pesimismo que no pocas veces ha rayado en lo apocalíptico. Giro draconiano: en diciembre de 1973, el mismo año que se estrenó la película Cuando el destino nos alcance (Soylent Green), se promulgó la nueva Ley de Población. Recuerdo bien que, cuando cursaba el tercero o cuarto de primaria llegó una brigada de vacunación de la Secretaría de Salud, algo que ocurría cada año y que para nada resultaba imprevisto. Entonces una turbamulta de mamás enfurecidas se apersonó en las puertas de mi escuela a media mañana. ¡Exigían a gritos que les entregaran a sus vástagos e hijas antes de que nos esterilizaran! Todavía a principios de la siguiente década quedaban fuertes resabios del miedo a la explosión demográfica y a las medidas que los gobiernos podían llegar a tomar sin advertírselo a la gente. Según el censo de 1980, nuestro país daba residencia a 67.5 millones de personas. Ese año yo estudiaba el primero de preparatoria. Una de las materias era Geografía y recuerdo que los dos libros de texto obligatorios eran de la autoría de nuestro profesor, el doctor Raúl Sánchez Basurto, el Pappy Boyington. En uno de ellos, apuesto que en el de Geografía Humana, tenía en su última página un recuadro y abajo una leyenda que alertaba algo así: Este es un decímetro cuadrado, de no frenarse la explosión demográfica antes del 2050 una persona va a tener que vivir en este espacio.

 

III

Kingsley Davis había predicho en 1957 que la población total del planeta habría de alcanzar los seis millardos de seres humanos en el año 2000. Casi le atina: según la ONU, llegamos a ese monto en octubre de 1999. Acá en México, de acuerdo con el censo del año 2000 estuvimos cerca de llegar a los 100 millones: 97.8 millones de habitantes, casi 1.6% de la humanidad. Para sosiego del diputado Rescala, convendría recordar que aquel año la Ciudad de México, entonces Distrito Federal, tenía una población de 8.6 millones de habitantes, una cifra muy cercana a los 9.2 millones que reportó el censo de 2020. En comparación, el país aumentó de los 97.8 millones de habitantes del 2000 a 126 millones en 2020. ¿Es que no se está incrementando la población de la CDMX? Sí, pero muy poco. Ojo: eso no quiere decir que no esté creciendo la Zona Metropolitana del Valle de México —Zona Metropolitana de la Ciudad de México, conforme a la más reciente publicación de SEDATU, INEGI y CONAPO—, la cual en 2020 se integra por las 16 demarcaciones territoriales de la CDMX, dos municipios de Hidalgo y 45 más del Estado de México, y en la cual radicamos 21.4 millones de personas en 2020, 3.3 millones más que en el año 2000.

Como quizá recordará el lector, a mediados de noviembre de 2022 se lograron acumular ocho mil millones de especímenes vivos de sapiens en la Tierra. Al inicio de marzo de 2024 se estima que ya somos 8,095 millones. La población humana sigue proliferándose, pero ya nadie habla de la explosión demográfica… ¿Por qué?  Porque la población mundial sigue creciendo, pero el ritmo de crecimiento se está desacelerando. ¿Qué tanto? La ONU estima que en 2020 la tasa de crecimiento de la población mundial cayó por debajo del 1 por ciento anual por primera vez desde 1950, y sus últimas proyecciones apuntan a que la población mundial podría crecer hasta unos 9.7 millardos en 2050, para alcanzar un máximo de alrededor de 10.4 millardos en torno al 2080 y que permanezca así hasta 2100, para luego comenzar a descender… Todo indica pues que la bomba P se cebó…, otras más peligrosas siguen activas.