Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.
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domingo, 25 de agosto de 2024

Freud re-estandarizado

 

 

… es a veces en nuestro ocio, en nuestros sueños,

cuando la verdad sumergida sube a la superficie.

Virginia Woolf, Una habitación propia.

 

 

A los treinta años, Adeline Virginia Stephen (1882-1941) se casó y cambió de nombre: comenzó a usar el que le deparó su matrimonio con el feraz economista Leonard Woolf (1880-1969): Virginia Woolf.



Los Woolf formarían parte del Bloomsbury Set, el influyente grupo de intelectuales y artistas al que pertenecían el también economista John Maynard Keynes (1883-1946), el novelista E. M. Forster (1879-1970), la pintora Vanessa Bell (1879-1961) —hermana de Virginia—, el crítico Desmond MacCarthy (1877-1952)… Entre los cercanos al Bloomsbury Set podemos contar a T. S. Eliot (1988-1965), a la polifacética Vita Sackville-West (1892-1962) —poetisa, narradora y diseñadora de jardines—, a la bailarina rusa Lidia Lopujova (1892-1981) —durante algún tiempo esposa Keynes—, a la pintora Dora Carrington (1893-1932) —pareja de otro integrante nuclear del grupo, el escritor Lytton Strachey (1880-1932)… A matrimonio Woolf debemos la creación de una importantísima empresa cultural, la editorial Hogarth Press. El año inicial, 1917, solamente publicaron Two Stories, un librito ilustrado por Carrington con dos cuentos: Three Jews y The Mark on the Wall, firmados por Leonard y Virginia, respectivamente.


Publicación de Hogarth Press, Walter Sickert: una conversación, de Virginia Woolf, con diseño de portada de su hermana Vanessa Bell.

Un año después editaron dos libros, al siguiente cinco… Para 1927 su catálogo ya contaba con más de 150 títulos, y para 1946, 527. Hogarth Press publicó a varios integrantes del Bloomsbury Set, traducciones del ruso y del alemán, ediciones príncipe de obras contemporáneas fundamentales —por ejemplo, Paris: A Poem de Hope Mirrlees (1887-1978), The Waste Land de Eliot (1923), A letter to Madam Blanchard, de Forster (1931)…—. La editorial también publicó las obras completas de Sigmund Freud (1856-1939) en inglés, edición que se convertiría en la edición estándar de los textos del neurólogo austriaco.



La edición inglesa de Hogarth Press de los textos de Freud fue un proyecto grandioso emprendido por el psicoanalista londinense James Strachey (1887-1967) —hermano de Lytton— y su esposa, también psicoanalista ella, Alix Sargant-Florence (1892-1973). Los Strachey contaron con el respaldo nada menos que de la hija del padre del psicoanálisis, Anna Freud (1895-1982). La publicación se realizó a lo largo de más de diez años, entre 1953 y 1966 —excepto el último volumen, el 24, que data de 1974—. Durante décadas, la comunidad psicoanalítica internacional ha tomado la edición de Strachey como la referencia estándar para el estudio de Freud. Su canónica aceptación radica en la rigurosidad de la traducción, su exhaustividad, la pertinencia del aparato crítico y la claridad de la presentación.



Entiendo que la primera edición francesa de las obras de Freud se remonta a 1929 —editorial Payot—. La traducción fue realizada por un equipo encabezado por una sobrina bisnieta de Napoleón, Marie Bonaparte (1882-1962), princesa de Grecia y Dinamarca, y discípula directa de Freud. En italiano, la primera edición de las obras completas de Freud comenzó a publicarse en 1953 —editorial Boringhieri—, bajo la dirección de Cesare Musatti (1897-1989), pionero del psicoanálisis italiano. En 1925, en un texto introductorio a la traducción al ruso de Más allá del principio del placer, Vygotski (1896-1934) y Luria (1902-1977) informaban: “durante los años recientes, casi todas las obras de Freud han sido traducidas al ruso y publicadas”. Casi… En fin, así que es muy posible que no sea un desplante lejano de la verdad la afirmación de Juan Manuel Martín Arias y Lorenzo Gallego Borghini en el sentido de que “el castellano fue el primer idioma al que se tradujeron las obras completas de Sigmund Freud”. Se refieren, claro, al trabajo de Luis López Ballesteros y de Torres (1896-1938) para la editorial española Biblioteca Nueva —fundada por José Ruiz-Castillo (1875-1945) en 1916—, a petición expresa de Ortega y Gasset (1883-1955). Con todo, esta edición, publicada en 1922, no es la más usada en nuestro idioma por los estudiosos del psicoanálisis freudiano, sino la de editorial Amorrortu, con la traducción directa de los textos en alemán que realizó el argentino José L. Etcheverry (1942-2000), pero tomando para sí el ordenamiento —los mismos 24 tomos—, comentarios y notas de James Strachey para la edición estándar. Así que el acontecimiento editorial acaecido hace unas semanas impacta a las comunidades psicoanalíticas de habla inglesa y de habla española.

 

Efectivamente, desde principios de junio pasado cualquiera puede comprar —27 mil pesos en papel, 31 mil pesos en formato kindle— la nueva edición revisada de las obras completas de Sigmund Freud. El sello editorial ya no es Hogarth Press, sino Rowman & Littlefield Publishers. The Revised Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud se basa en la traducción de James Strachey, con nuevas revisiones y traducciones.



Se oferta con la promesa de que aclara algunas ambigüedades léxicas y conceptuales con extensas notas y comentarios editoriales, e incorpora material no incluido en la edición estándar —56 ensayos y cartas—. La empresa se realizó por encargo de la Sociedad Psicoanalítica Británica —coeditora—, gracias a décadas de deliberación académica sobre la traducción de Strachey. La coordinación de todo estuvo a cargo del psicoanalista sudafricano, Mark Solms (1961), cuyas adendas y cambios a la traducción original se distinguen. “Los lectores pueden examinar lo que Strachey contribuyó antes de las revisiones junto con las actualizaciones, nuevas traducciones, anotaciones y comentarios de Solms, poniendo en diálogo de manera colectiva el texto de Freud y la traducción de Strachey con cinco décadas de investigación, incluidos los avances más recientes en el campo.” Hay mucho que decir acerca de la trayectoria de Solms; sirva para incentivar la curiosidad por futuras entregas que se considera el primero en emplear el término neuropsicoanálisis.

domingo, 21 de enero de 2024

Mustafá el millonario o El pesimismo



I wish to weep
but sorrow is
stupid.
I wish to believe
but belief is a
graveyard.
Charles Bukowski,
What Matters Most is How Well You Walk Through the Fire



1


Mustafá Suleyman es ateo. Nació en Londres. Es hijo de una enfermera inglesa y de un taxista sirio. En 2002, gracias a una beca, comenzó a estudiar ciencias de la computación en Oxford, pero desertó menos de dos años después; no regresaría a las aulas, así que no terminó ninguna carrera universitaria. Mustafá es multimillonario y tiene menos de 40 años. Nació en agosto de 1984, justo el año en el que salió al mercado la Macintosh 128K, la primera computadora personal de la historia. Con dos amigos, Demis Hassabis y Shane Legg, Mustafá Suleyman fundó en septiembre de 2010 DeepMind, una empresa dedicada al aprendizaje automatizado (machine learning) y a la inteligencia artificial (IA). Poco tiempo después, en enero de 2014, Google compró DeepMind por 400 millones de dólares.

A Lee Se-dol le apodan Ssen-dol, Piedra fuerte. Quizá sea budista. A los 12 años alcanzó el dan 9, Kyudan en el juego de Go —baduk en coreano—, y se convirtió en jugador profesional. Hoy tiene 40 años —nació en marzo de 1983 en el archipiélago de Bigeumdo, en Corea del Sur— y ya se retiró. El Go —wéiqí en chino— se practica desde hace más de 2500 años, y en 2019 Piedra fuerte anunció que dejaría de hacerlo dado el predominio de la IA, un artilugio que, en sus propias palabras, es “una entidad que no puede ser derrotada”. Su afirmación no era teórica: en 2016 AlphaGo, programa desarrollado por Google DeepMind, lo había derrotado, siendo entonces el campeón mundial.


Mustafá Suleyman publicó hace unos meses un libro preocupante, The Coming Wave (Bodley Head, septiembre 2023). El joven emprendedor reflexiona en torno al impacto que pueden tener en el mundo las nuevas tecnologías, particularmente dos: la biotecnología y la IA. Desde las primeras páginas, Mustafá advierte que la mayoría de la gente se niega a ver los colosales riesgos a los que la humanidad se enfrenta —no enfrentará— dados los vertiginosos avances tecnológicos. Al fenómeno lo denomina “la trampa de la aversión al pesimismo”, y así lo define: “el análisis errático que surge cuando uno se siente abrumado por el miedo a enfrentar realidades potencialmente oscuras, por lo que la tendencia resultante es mirar para otro lado”. Y líneas más adelante agrega: “La aversión al pesimismo es una respuesta emocional, una negativa visceral arraigada a aceptar la posibilidad de resultados seriamente desestabilizadores”.




2

Ya decía aquí que en su Global Risks Report 2024, publicado hace apenas unos días, el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), desde su perspectiva y a su conveniencia, expone las preocupaciones de la oligarquía internacional. Por ejemplo, apunta: “Las poblaciones vulnerables se enfrentaron a conflictos letales, desde Sudán hasta Gaza e Israel…”, como si las consecuencias en términos de vidas fueran de la misma magnitud para Palestina e Israel. Continúa el documento: “… a la vez que [las poblaciones vulnerables] sufrieron condiciones climáticas extremas, con récords de calor, sequía, incendios forestales e inundaciones”. ¿Leyeron ustedes “cambio climático”? Yo tampoco. Los señores del WEF agregan: “El descontento social fue notorio en muchos países, donde los ciclos de noticias estuvieron dominados por la polarización, las protestas violentas, los disturbios y las huelgas”. Un cierre de párrafo harto significativo: noten ustedes, se presenta el panorama de “descontento social” como si la dichosa polarización y las indeseadas “protestas violentas, los disturbios y las huelgas” brotaran por generación espontánea, sin razón alguna. De la explotación y la hiperconcetración de la riqueza mejor no hablamos. Peor: el texto sugiere que el descontento social está más bien ligado a “los ciclos de noticias”.


El Global Risks Report 2024 advierte que la perspectiva en los próximos dos años para el mundo es “predominantemente negativa”, y más, dicen que esperan que las cosas empeoren durante la próxima década. Para estos señores, el futuro se ve ahora peor que antes: “La perspectiva es notablemente más negativa en el horizonte de diez años, con casi dos tercios de los encuestados esperando una perspectiva tormentosa o turbulenta”.

Ahora, los “líderes mundiales” y “expertos” del WEF explican que, según su análisis, cuatro “fuerzas estructurales determinarán la materialización y gestión de los riesgos globales durante la próxima década”. Estas fuerzas impulsaran los cambios sistémicos a largo plazo en el panorama global. En primer lugar, las tendencias relacionadas con el calentamiento global y sus consecuencias en los sistemas terrestres (cambio climático). Enseguida, los cambios en el tamaño, crecimiento y estructura de las poblaciones en todo el mundo (bifurcación demográfica). En tercer lugar: las trayectorias en el desarrollo de las tecnologías de frontera (aceleración tecnológica). Por último, algo que suena a entelequia: la evolución material en la concentración y fuentes del poder geopolítico (giros geoestratégicos). De estas cuatro fuerzas apocalípticas la que preocupa a Mustafá Suleyman es la tercera, la aceleración tecnológica sin controles. En cambio, para el estrambótico presidente de Argentina, Javier Milei, quien fue a espetar en el encuentro de este año del WEF que “Occidente está en peligro”, los agentes globales de riesgo son “la justicia social” que “se ha puesto de moda”, “la casta política”, “el feminismo radical” y “los parásitos que viven del Estado”.


Por su parte, la señora Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, tuvo la caradura para ir a declarar a la WEF la siguiente insensatez: “la preocupación principal para los próximos dos años no son los conflictos o el clima, es la desinformación y la mala información, seguidas de cerca por la polarización de nuestras sociedades”. Claro, no extraña de quien aprovechó el foro para negociar más dinero y armas para aceitar la maquinaria que mantiene la guerra en Ucrania.



3

¿Es posible preguntar a las fuerzas mismas que menciona el reporte del WEF cuál de ellas es la que debería preocuparnos más? A una sí, fácilmente.

Probablemente ustedes sepan que Bard es el modelo de lenguaje en línea creado por Google AI, con la participación de Google DeepMind. Informé a Bard sobre el asunto, a detalle y luego lo cuestioné: “De esas cuatro, ¿cuál te parece más preocupante?” He aquí su respuesta: “De las cuatro fuerzas estructurales identificadas por el WEF, la que me parece más preocupante es el cambio climático. El cambio climático es un desafío global que ya está teniendo un impacto significativo en el planeta.” Su contestación me parece bastante razonable. En contraste, considero mucho más preocupantes y riesgosas algunas posturas humanas, como las de las de Milei y Von der Leyen. Quizá Mustafá el millonario, el coreano Piedra fuerte y nosotros mismos deberíamos preocuparnos más por ciertas inteligencias naturales que por la artificial.


miércoles, 3 de agosto de 2022

Mundo: lo mejor ya pasó

  

Since 1945 the world has been the best it has ever been.

The best it will ever be. Which is a poetic way of saying

this era, this world—our world—is doomed.

Peter Zeihan, The End of the World is Just the Beginning.

 

 

 

 

2050 

“¿Cómo cree usted que será el mundo en 2050?” Tal fue la pregunta que en 2014 la ONU planteó a 202 científicos de todo el orbe. Contestaron y sus respuestas fueron sintetizadas y clasificadas en 95 puntos, los cuales, después, fueron sometidos a votación entre ellos mismos. ¿Qué es lo que la mayoría vislumbró que estará sucediendo en poco menos de treinta años? ¿Un mundo mejor? En primer lugar, con 90 votos, quedó un riesgo del que poco se habla: “abatimiento total de la pesca en todos los océanos”. En segundo sitio, con 89 votos, un fenómeno que de 2014 a 2022 dejó ser una posibilidad para convertirse en una realidad que causa montones de muertes: “cambio climático acelerado”. En tercera posición, con 86 votos, empataron otros dos presagios funestos —“creciente inequidad, tensión y lucha social”, y “persistencia de la pobreza y el hambre”— y, por fin, una luz esperanzadora: “la sociedad global creará una vida mejor para la mayoría, pero no para todos, principalmente a través del crecimiento económico sostenido”… Ajá, una promesa acotada desde entonces —“no para todos”—, y que hoy se encuentra prácticamente desechada: la globalidad se ponchó, y además, desde hace mucho, hay que ser muy necio para no ver que el crecimiento económico no necesariamente se traduce en desarrollo humano y, en cambio, sí ha provocado polarización de la riqueza, degradación social y desastre ambiental.

 

1945 – 2019

En junio comenzó a circular el nuevo libro de Peter Zeihan, The End of the World Is Just the Beginning: Mapping the Collapse of Globalization (Harper). Su tesis principal es que lo mejor ya pasó…

 

El siglo XX fue un relámpago de progreso. Todo se volvió más barato, más rápido y asequible. El mundo mejoró. El avance tecnológico ha sido vertiginoso durante los últimos años: “La computadora portátil en la que estoy tecleando tiene más memoria que el total combinado de todas las computadoras que había en el planeta a fines de la década de 1960”. Nuestra esperanza de vida ha aumentado drásticamente. Desde mediados del siglo pasado hemos disfrutado de un largo período de paz y enriquecimiento. “Hemos vivido un momento perfecto”.

 

Zeihan afirma que después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos se agenció el puesto de policía planetario, fomentando un entorno de “seguridad global” en el que cualquiera podía participar en cualquier cadena de suministro, sin necesidad de una escolta militar propia. ¿Qué pedían los norteamericanos a cambio? La aceptación de que el hegemón mundial eran ellos y no los soviéticos. Según esta versión de la historia contemporánea, los estadounidenses crearon y dieron viabilidd al libre comercio global, con el que se propagó el desarrollo tecnológico, la industrialización y la sociedad de consumo: la globalización, pues. La esperanza de vida aumentó. La urbanización se aceleró. “Durante décadas, eso significó más y más trabajadores y consumidores… Un resultado fue el crecimiento económico más rápido que la humanidad ha experimentado jamás”. La globalización ha impactado todos los niveles: regionales, nacionales, locales… “El transporte y las finanzas, los alimentos y la energía siempre presentes, las mejoras interminables y la velocidad alucinante”.

 

En abril de 2020 decía yo aquí que “el SARS-CoV-2, desató y propagó la catástrofe de nuestro mundo”. En su nuevo libro, Zeihan sostiene que nuestra era terminó en 2019, y afirma que el fin es inevitable.

 

 

2022 – …

Si Richard D. Wolff explica la situación actual con la palabra split —disolución, ruptura, escisión…—, Peter Zeihan sostiene que el mundo se está desmoronando is breaking apart—. Su análisis tiene dos componentes, el geopolítico y el demográfico. 

 

Zeihan piensa que, desde el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos desatendió su rol de policía del mundo, de tal manera que ahora nadie tiene la capacidad militar de mantener la seguridad mundial, sobre todo en los mares. Por otro lado, advierte un hecho demográfico: la base global de trabajadores y consumidores está envejeciendo. ¿Por qué? En un entrevista con Sam Harris, Zehian traza el fenómeno: antes de la II Guerra Mundial, los niños eran la fuente de trabajo gratuito en el campo y la gente tenía todos los que podía, “pero cuando ocurrió la globalización y todos pasamos a empleos en la industria y en lo servicios en las ciudades, y cuando la gente se mudó a departamentos, los niños dejaron de ser trabajo gratuito y ya sólo fueron dolores de cabeza animados… Y los adultos no son tontos, así que prefirieron tener cada vez menos niños”.

 

La fragmentación de la economía mundial y el cambio de la dinámica poblacional marcan el fin de la era. El punto de no retorno ya quedó atrás. “La década de 2020 verá un colapso del consumo, la producción, la inversión y el comercio en casi todas partes. La globalización se romperá en pedazos. Algunos regionales. Algunos nacionales. Algunos más pequeños. Será costoso. La vida será más lenta. Y sobre todo, peor. Ningún sistema económico imaginado aún puede funcionar en el tipo de futuro que enfrentamos”. El caos geopolítico y el colapso demográfico caducarán a varios países y provocarán el surgimiento de otros, pero no hay ningún orden global sustitiuto. Para decirlo rápido, lo mejor de nuestra vida ya pasó, quedó atrás y el porvenir será progresivamente peor… Claro, eso proyecta Peter Zeihan desde Estados Unidos. 

lunes, 1 de noviembre de 2021

¿Qué está pasando, Chomsky?

In the face of rising resistance, elites have been able
to exploit present discontent in order to pit
elements of society against each other
Noam Chomsky & Marv Waterstone, Consequences of Capitalism.

 

 

 

Buenos días

“Enamorada de la vida y del presente” —como ella misma se presenta —, el pasado día 29, la señora Azucena Uresti —“Conductora en #MilenioTV, #RadioFórmula y #TeleDiarioEnEl6”— comenzó su trajín en Twitter deseando a su TL un #BuenViernes. Luego reportó que el presidente López Obrador acababa de informar que ya se había logrado vacunar contra la covid-19 a toda la población mayor de 18 años del país…, los que quisieron, claro —con todo, ocho de cada diez—. En el siguiente tuit informó que en la CDMX el 100% de los mayores de 18 años tiene al menos una dosis y que el 94% cuenta con el esquema completo. Hasta aquí, todo normal…, pero enseguida tuiteó una duda: “¿Qué está pasando?”

 

 

¿Qué está pasando?

El cuestionamiento, uno podía suponer, se refería al video que anexó a su mensaje: un extracto de la mañanera de ese mismo día. Desde la ciudad de Campeche, Andrés Manuel López Obrador había declarado: “¿Qué hizo el neoliberalismo o qué hicieron los que diseñaron para su beneficio la política neoliberal? Una de las cosas que promovieron en el mundo para poder saquear a sus anchas fue crear o impulsar los llamados nuevos derechos. Entonces, se alentó mucho, incluso por ellos mismos, el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos, la protección de los animales. Muy nobles todas estas causas, muy nobles, pero el propósito era crear o impulsar, desarrollar todas estas nuevas causas para que no reparáramos, para que no volteáramos a ver que estaban saqueando al mundo y que el tema de la desigualdad en lo económico y en lo social quedara afuera del centro del debate. Por eso no hablaba de corrupción, se dejó de hablar de explotación, de opresión, de clasismo, de racismo.”

 

 

Pasa que no entienden…

Como era de esperarse, ya desde el medio día, más de uno —y una—, había interpretado —o había decidido que para su batallar político convenía interpretar— el aserto como una arremetida salvaje de “López” contra las respetables causas aludidas. Muchos habían pegado ya el alarido en el cielo… Así que la pretensión de la pregunta de Azucena Uresti era palmaria. Es decir, lo que había expresado AMLO, usted acaba de leerlo, es perfectamente comprensible… Pero ¡bueno!, era una pregunta, así que le contesté: “Está pasando que no entienden que no entienden… Señora Uresti, le recomiendo que lea este libro del sociólogo francés Alain Touraine. Quizá le dé luz para entender lo que está explicando el presidente”. Y agregué al tuit una foto de la portada de El fin de las sociedades (FCE, 2016).

 

Ya he traído a cuento aquí el magnífico ensayo de Touraine (Normandía, 1925), en el cual advierte que entre las fuerzas que están destruyendo todas las instituciones sociales no sólo está el individualismo, sino también un retroceso agresivo a la comunidad. “La presencia simultánea del espíritu comunitarista y del individualismo antisocial le da un sentido concreto al tema del fin de lo social…” ¿Lo comunitario como enemigo de lo social? En efecto, “el enfrentamiento entre las redes y los sujetos se afirma sobre las ruinas de lo social”. No sólo es el yo egoísta, también un montón de nosotros limitados por intereses de grupo, por problemáticas particulares o incluso a veces sólo por modas.

 

 

Chomsky

En su más reciente libro, Consequences of Capitalism: Manufacturing Discontent and Resistance (Penguin Books, 2021) —firmado en coautoría con el profesor de Geografía Marv Waterstone—, el avispadísimo nonagenario Noam Chomsky (Pensilvania, 1928) explica también el asunto aludido por López Obrador. Sostiene que las devastadoras consecuencias contemporáneas del capitalismo pueden agruparse en tres grandes categorías: militarismo —con todo y las amenazas de guerra y el llamado terrorismo—, la catástrofe ambiental, y “el conjunto aparentemente más mundano de efectos neoliberales”. Es en el último bloque en el que incorpora la cuestión de la dispersión de las fuerzas sociales, la pulverización del problema y la consecuente división de los agentes que dispuestos a enfrentarlo. Traduzco: “Durante los últimos años, al igual que desde hace varias décadas atrás, hemos visto una enorme panoplia de movimientos sociales en favor de la justicia social, política y económica: movimientos contra el recorte del gasto [de los gobiernos], activismo ambiental, promoción de los derechos humanos (incluidas expansiones de la definición de “humanos” y la lista de derechos en sí), la reforma de la justicia penal, la eliminación o reducción de la pobreza y muchos otros. Una constante desalentadora ha sido la capacidad exitosa de las élites para mantener estos movimientos separados y, a menudo, de hecho, antagónicos entre sí”. En México, la situación descrita es bien conocida: se promovió la transparencia y se permitió la corrupción, se repartieron dádivas entre una panda de ONGS y se evidenció que eran recursos que había que repartir entre diversos movimientos: feministas o ecologistas o en favor de los derechos de los animales o de promoción de los derechos humanos o en defensa de la comunidad LGBTTTIQ+… La diseminación de causas… Por eso tiene sentido que uno de los propósitos del libro sea “demostrar los vínculos fundamentales entre estos problemas aparentemente dispares, a fin de proporcionar la razón y el ímpetu para la coalición y la unidad”. Chmosky y AMLO tienen razón: divide et vinces ha sido hasta ahora una estrategia eficaz de la Megamaquinaria.

 

viernes, 18 de diciembre de 2020

El fin de la Megamaquinaria

 

… unpredictability is precisely the decisive feature of the great systemic crisis

into which we are moving ever more deeply.

Fabian Scheidler, The End of the Megamachine.

 

 

Este año leí dos libros indispensables. Dos ensayos que brindan una relectura fresca, desprejuiciada y sólidamente documentada del devenir de los sapiens a través del tiempo, y a partir de ello una perspectiva oportuna, urgente, del momento histórico en el que nuestra especie se encuentra. Del primero de ellos ya he hablado aquíTranscendence. How humans evolved through fire, language, beauty and time, de inglesa-australiana Gaia Vince (Basic Books, 2020). El segundo es también una novedad editorial; originalmente publicado en la lengua en el que fue escrito, alemán (Promedia Publishers Vienna, 2015), apenas a finales de septiembre pasado comenzó a circular la edición de Zero Books en inglés, actualizada: The End of the Megamachine. A Brief History of a Failing Civilization. Su autor, Fabian Scheidler (Bochum, Alemania; 1968), estudió historia y filosofía en la Universidad Libre de Berlín y dirección teatral en la Universidad de Música y Artes Escénicas de Frankfurt. 

 


No se necesita demasiada perspicacia para saber que este año resultará memorable, digno de ser recordado, y The End of the Megamachine es un libro necesario para entenderlo. Su pertinencia es contundente. Aunque también parte de una perspectiva macrohistórica, a diferencia del de Gaia Vince, el ensayo de Fabian Scheidler no pretende ser una historia de la humanidad, sino la de un sistema específico de organización humana —social, política, económica y cultural—, al que él llama la Megamáquinaria, el sistema en el que vivimos hoy día.

            

La Megamaquinaria es el omnipresente engranaje ideológico, económico y político que conforma el mundo moderno. El concepto empata con la Modernidad, la etapa civilizatoria que durate el último medio milenio se ha apoderado de todos los rincones del planeta… ¿Cómo? Un ingeniero geólogo, seguramente el más exitoso de nuestro país a todo lo largo de la segunda mitad del siglo XX, me lo explicó así:

 

— Imagínate un balín…

 

— ¿Un balín? —bueno, entonces yo era un escuincle.

 

— Sí, uno enorme… O una bala de cañón, una esfera de hierro. Pulida, brillante. En un momento dado le caen encima unas cuantas gotitas, pequeñísimas, de agua, casi microscópicas. No las podemos ver, pero cayeron ahí hace más de doscientos mil años…

 

— ¿Y luego? 

 

— Luego no pasa nada durante mucho tiempo, más de cien mil años…, pero hace unos setenta mil años esas gotitas, por alguna razón, comenzaron a generar una especie de moho, de oxidación en la esfera…, lo cual comenzó a hacerse notorio, incluso a simple vista. La oxidación se fue difundiendo, primero lentamente, y luego, de pronto, muy rápido, rapidísimo, y desde hace unos diez mil años cada vez más aceleradamente… Y de un cuarto de milenio para acá, a una velocidad de vorágine, terminó de cubrir toda la esfera, completamente…

 

— Ajá…

 

— Bueno, ese moho somos nosotros, los seres humanos.

 

La imagen que ofrece el historiador/dramaturgo alemán —tiene una ópera que ha sido ya puesta en escena— es más dramática: “Imaginemos el lapso de tiempo desde la primera aparición arqueológicamente documentada del homo sapiens, hace unos doscientos mil años, hasta el presente. Ahora, imagínelo como un solo día. El tiempo durante el cual los humanos fueron exclusivamente cazadores y recolectores habría durado casi 23 horas. Por otro lado, el período de diez mil años desde el inicio de la agricultura —la Revolución Neolítica— cubre solo la última hora… Si imaginamos la historia de la Tierra durante los últimos 200 años como una película de lapso de tiempo, entonces, vista desde el espacio exterior, veríamos la imagen de una detonación violenta.” Esa explosión, para la civlización occidental  —otra marca de la Megamaquinaria— no es otra cosa que el resultado del progreso, ideal que, según el autor, está enraizado en el pensamiento religioso: “el culto moderno al progreso es una variante del concepto central del Apocalipsis”. Y tanto como con la poderosa noción del Apocalipsis, como con el inapelable ideal del progreso, y al igual que “sus predecesores cristianos, los predicadores radicales del mercado impulsan una ideología universalista y afirman que el suyo es el único camino a la salvación”. Por supuesto, la globalización es la cara contemporánea y terminal de dicha ambición ecuménica. Y, claro —como lo planteó hace algún tiempo Franz Hinkelammert —Hacia una crítica de la razón mítica—, Fabian Scheidler considera que la Megamaquinaria tiene fincada su razón mítica en la racionalidad instrumental: “El símbolo de este tipo de racionalidad es la máquina… Fascinados por el funcionamiento del reloj mecánico de rueda, inventado en el siglo XIV, pioneros de la ciencia moderna como Galileo Galilei, René Descartes e Isaac Newton comenzaron posteriormente a ver la naturaleza como una gran rueda dentada”, aunque nadie como Bacon ejemplifica mejor la fusión de cuatro de los pilares epistemológicos de la civilización occidental: el apocalipticismo, el colonialismo, la dominación de la Naturaleza por el hombre y la búsqueda de ganancias.

 

Además del componente ideológico de la Megamaquinaria, Scheidler revisa detalladamente sus sostenes político y económico, esto es, los estados nacionales, y el capitalismo, catastrófico sistema de producción que, afianzado en la obsesión suicida del crecimiento económico imparable y la religión del consumismo, ha devastado el orbe: “tiene más sentido nombrar esta nueva era Capitaloceno en lugar de Antropoceno…”

 

La tesis central de The End of the Megamachine es que este modelo civilizatorio ya dio de sí. En efecto, vivimos su colapso.

viernes, 4 de diciembre de 2020

La abuela Gea

Gaia

 

Ya he traido a cuento aquí el nuevo libro de la británica-australiana Gaia VinceTranscendence. How humans evolved through fire, language, beauty and time (Basic Books, 2020). Un ensayo de avanzada acerca de cómo ha sido que los sapiens, en apenas unos pocos miles de años, “hemos pasado de ser un primate insignificante en peligro de extinción en las sabanas de África hasta convertirnos en el animal grande más numeroso de la Tierra”, el más peligroso y letal, la especie que actualmente consume algo así como 40% de la producción primaria total del planeta, equivalente a toda la energía solar procesada por las plantas. Vince muestra que a estas alturas de la evolución cultural ya todos somos ciborgs, y que además que hemos transmutado el mundo entero, de tal suerte que los espacios naturales propiamente dichos ya sólo existen como una abstracción, como una ilusión colectiva producida por la nostalgia de paraíso. “La acumulación de nuestros cambios materiales por sí sola, incluidas carreteras, edificios y tierras de cultivo, ahora pesa aproximadamente unos treinta millones de millones (1012) de toneladas, y nos permite soportar a una población mundial ultraconectada que se dirige a nueve o diez mil millones de personas. Mira a tu alrededor: somos los diseñadores inteligentes de todo lo que ves. No hay ninguna parte de la Tierra que no haya sido tocada por nosotros…” 

 

 

Γαῖα

 

Decir Gaia es decir Gea. Gaia proviene del mero principio, del Antes Absoluto, del Desorden Pretérito: “En primer lugar existió el Caos”, el Todo Desarticulado, una divinidad sin culto, la entidad sin identidad. ¿Qué siguió? “… Gea la de amplio pecho…” Eso es lo que en su Teogonía nos cuenta Hesíodo, un poeta que habría nacido cerca de Tebas, en una pequeña ciudad llamada Ascra, alrededor del 750 a. C. —el sitio tiene relevancia porque se localiza muy cerca del Helicón, en Beocia, un monte en el que habitan las hijas que Memósine tuvo con Zeus, las Musas, y según Hesíodo la cosmogonía que él canta, la olímpica, se debe a la inspiración de las nueve Heliconíadas: “¡dichoso aquel de quien se prendan las Musas! Dulce le brota la voz de la boca”—. Como Gea, el Tártaro —un abismo más profundo y tenebroso que el Hades—, Érebo —la oscuridad—, Nix —la noche— y Eros surgieron del Caos.

 

Gea, la Madre Tierra, fue la progenitora primigenia: dio a luz primero al cielo plagado de astros, el dador de la lluvia, “el estrellado Urano, con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses…” Luego, incestuosos, madre e hijo se dedicaron a procrear: “Contemplándola tiernamente desde las montañas, él derramó una lluvia fértil sobre sus hendiduras secretas, y ella produjo hierbas, flores y árboles, con los animales y las aves adecuados para cada planta. La misma lluvia hizo que corrieran los ríos y llenó de agua los lugares huecos, creando así los lagos y los mares” (Robert Graves, Los mitos griegos). Gea y Urano tuvieron abundante descendencia: los cíclopes —Arges, Brontes y Estéropes—; los Hecatónquiros, “enormes y violentos” —Coto, Briareo y Giges—; las titánides Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis, y sus hermanos los titanes: Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Jápeto y Cronos, este último, según Hesíodo, “de mente retorcida, el más terribles de los hijos, lleno de un intenso odio hacia su padre”. Él será quien, siguiendo las instrucciones de su señora madre, se hará del poder durante un tiempo, no sin antes dañar irreparablemente la divina anatomía a su padre: “Vino el poderoso Urano conduciendo la noche, se echó sobre la Tierra ansioso de amor y se extendió por todas partes. El hijo, saliendo de su escondite, logró alcanzarle con la mano izquierda, empuñó con la derecha la prodigiosa hoz…, y apresuradamente segó los genitales de su padre y luego los arrojó…” Pero su poder fue eterno solamente mientras duró: resulta que habría de tener el mismo destino que su padre: uno de sus hijos, “el prudente Zeus, padre de dioses y hombres”, habría de destronarlo. El tercer hijo de Cronos y su hermana Rea, Zeus, con ayuda de su abuela materna/paterna, Gea, logró crecer oculto de la furia filófaga de su padre… No hay espacio aquí para entrar en detalles, pero Zeus engañó a Cronos, liberó a sus hermanos engullidos y luego los comandó en la guerra contra toda la primera camada de Gea y Urano, la Titanomaquia. Zeus derrotó a Cronos y a los demás titanes, a quienes despachó al Tártaro. Zeus y sus hermanos mayores, Poseidón y Hades, se repartieron el mundo. A Gea la dejaron en paz…, hasta entonces, y ella quedó resentida, hasta ahora…


Ética

“Mientras disfrutamos de los jardines plantados por nuestros antepasados, no debemos robar la sombra a nuestros descendientes”; Gaia Vince cierra su libro instándonos a asumir la responsabilidad que nos toca, porque después de todos, “no hay nadie más que nosotros”. Encuentro el mismo planteamiento en un documento publicado hace unos días: “Compartimos el planeta con un sinfín de organismos no humanos. Muchos de ellos están en la tierra desde millones de años antes del surgimiento de la humanidad y muchos otros seguirán aquí cuando ya no estemos. De las plantas y de los otros animales nos distinguen el intelecto y una capacidad cualitativamente mayor para transformar el entorno, tan portentosa como terrible. Salvo por las comunidades agrarias y ancestrales, la humanidad ha perdido el control de esa capacidad y ha generado daños inconmensurables al medio ambiente. Es un imperativo ético… recuperar ese control para restaurar los ecosistemas dañados o destruidos y colaborar para recuperar el equilibrio perdido en el ámbito planetario, no sólo por la supervivencia de las otras especies sino por la de la nuestra” (Guía Ética para la transformación de México, 2020).








viernes, 20 de noviembre de 2020

¿Libro perverso?

 Morality is simply the attitude we adopt towards people we personally dislike.

Oscar Wilde, An Ideal Husband

 

There is no such thing as a moral or an immoral book.

Books are well written, or badly written. That is all.

Oscar Wilde, The Picture of Dorian Gray.

 

 


— ¡¿Estás leyendo la autobiografía de un señor que se casó con su propia hijastra?! —más que una pregunta, aquello sonó como una acusación, ¡qué digo acusación!, como una imputación flamígera, espetada con el mismo tono que hubiera empleado el santo Papa si le hubieran ido a Roma con el chisme de que en mi departamento se celebraran misas negras en honor de Asmodeo, el demonio de la lujuria.

 

— Bueno, sí —respondí, porque efectivamente estoy leyendo A propósito de nada, el más reciente libro de Allan Stewart Konigsberg, mejor conocido por su sobrenombre artístico, Woody Allen (Nueva York, 30 de noviembre de 1935)—, aunque él dice que nunca fue su padrastro…

 

— Entiendo que te haya gustado una que otra de sus películas, pero…

 

— No me gustaban, me siguen gustando, y mucho, y no una que otra, muchas de ellas: Take the Money and Run, Love and Death, Annie Hall, Interiores, ManhattanA Midsummer Night's Sex ComedyZelig…

 

— Ya, para… ¿Vas a enumerar todas?

 

— Pues casi todas me gustan, unas más, otras menos, pero casi todas me gustan… Incluso A Rainy Day in New York, la última, bueno, penúltima… Y eso que no me trago eso de que Diego Luna sea un gran actor…

 

— Te cae mal porque es pejefóbico.

 

— También.

 

— ¿No prohibieron esa película por lo del escándalo de la demanda de abuso sexual?

 

— No la prohibieron, más bien los circuitos comerciales no la proyectaon en Estados Unidos. Aquí en México la vi en la Cieneteca.

 

— Bueno, pero de seguir viendo sus películas a leer su autobiografía… ¡Es un perverso!

 

— Suponiendo que tuvieras razón, pero sólo suponiendo porque el cineasta no está en la cárcel, entonces lo confieso: estoy leyendo la autobiografía de un hombre perverso, y además me estoy divirtiendo horrores… No puedes valorar la obra de alguien desde la perspectiva de su comportamiento moral, de acuerdo a tu escala de valores.

 

— ¡No se debe desligar la obra de su autor!

 

— Uy, pues entonces vamos a tener que dejar de leer a Hesíodo y toda su Teogonía patriarcal y depravada, y también a Homero, porque tanto en la Ilíada como en la Odisea exalta el patriarcado y una misoginia atroz: “Ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la rueca... y de hablar nos ocuparemos los hombres”, le dice Héctor a su esposa Andrómaca. Telémaco despacha a su madre a su cuarto y al silencio: “Conque marcha a tu habitación y cuídate de tu trabajo, el telar y la rueca… La palabra debe ser cosa de hombres, de todos, y sobre todo de mí, de quien es el poder en este palacio”. ¿Y qué me dices de Sócrates, Platón y Aristóteles? Las tres columnas de la filosofía Occidental fueron erigidas por un trío de esclavistas, es decir, personas que consideraban que era perfectamente aceptable que un ser humano fuera propiedad de otro. Y basta de leer y andar recomendando las Meditaciones del emperador romano Marco Aurelio, porque muy estoico, muy estoico, ¡pero el señor no era más que un conquistador imperialista! 

 

— Bueno, son textos de la Antigüedad que no son hoy los que marcan nuestros preceptos morales.

 

— ¿Y qué me dices de la Biblia? Desde el Génesis: la primera mujer, Eva, es nada menos que la culpable del pecado original. ¿O qué te parecen estas bonitas leyes establecidas en el Deuteronomio?: “Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer…”

 

— Bueno, la misoginia es generalizada…

 

— O tú que consideras que la fiesta brava es una barbarie, ¿deberíamos de prescindir de los libros que escribieron grandes aficionados a la tauromaquia? No sé, Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera…, porque García Márquez era taurino. ¿A volar también los maravillosos cuentos de Rafael Ramírez Heredia o la poesía de Rafael Alberti, García Lorca, Gerardo Diego…?

 

— Bueno…

 

— ¿O qué, porque ahora defiende una postura ideológicas que detesto debo decir que las novelas de Vargas Llosa son malas? Casi todas son extraordinarias.

 

— ¿Y que tal está el libro de Woody Allen?

viernes, 18 de septiembre de 2020

Lo que se nos viene encima…

Últimamente he andado inclinado a pensar que las personas que han optado por minimizar la magnitud y trascendencia que provocará en el mediano y largo plazo la pandemia de COVID-19 en realidad solamente lo hacen por miedo. Una raquítica estrategia para paliar la incertidumbre. Yo creo que serán drásticos, de gran calado. Y eso me tiene encantado: no a todos los seres humanos les ha tocado vivir coyunturas de cambio histórico; en ese sentido, somos muy afortunados. Ahora, de qué tanto alcance podrán ser los susodichos cambios. En su ambicioso y bello libro apenas publicado este año (Transcendence: How Humans Evolved through Fire, Language, Beauty, and Time), Gaia Vince, en alusión a la pandemia de peste negra, ofrece un buen caso de comparación —procedo a traducir—:

 

Sin duda fue el fin de un orden mundial. La ruptura de una red, como una epidemia o una guerra, ayuda a salir a la gente de las formas ‘seguras’ de hacer las cosas y permite que se establezcan nuevas conexiones, entre diferentes personas, ideas y tecnologías para priorizar; y nuevas formas de interactuar. La reestructuración social que siguió a la Peste Negra facilitó el surgimiento del Imperio Otomano, haciendo de la Ruta de la Seda un paso caro y peligroso para los comerciantes europeos, lo que… impulsó el descubrimiento de América.

 

A partir de la anterior referencia, imagine usted lo que se puede venir…

jueves, 10 de septiembre de 2020

¡Oh, ciborg!, ogro, bicho…

Mire a su alrededor:

somos los diseñadores inteligentes de todo lo que ves.

Gaia Vince, Transcendence. 

 


“Si un pez deseara vivir en la tierra, no podría hacerlo. Pero —hipotetizan Clynes y Kline— si hubiera un pez particularmente inteligente e ingenioso, que hubiera estudiado bastante bioquímica y fisiología, fuera ingeniero cibernético, y tuviera excelentes instalaciones de laboratorio a su disposición, ese pez podría diseñar un instrumento que le permitiría vivir en tierra y respirar el aire con facilidad.”

 

Creo que sería mucho más fácil encontrar un pez súper inteligente y estudiado que uno que tuviera el más mínimo deseo de no vivir como vive. 

 

 

Hace 60 años fue publicada por vez primera la palabra cyborg. En la página 31 de edición del 22 de mayo de 1960 del NYT, un enorme anuncio de ropa y accesorios para dama de venta en el Arnold Costable de la Quinta Avenida dejaba apenas una apretada columna a una nota que quizá pasó de largo la mayoría de los lectores: SPACEMAN IS SEEN AS MAN-MACHINE; Scientists Depict the Human Astronaut as Component of a 'Cyborg' System. Se daba cuenta de un idea que unos días antes un par de científicos había propuesto en un congreso organizado por la NASA para hablar de los aspectos psicofisiológicos de los viajes espaciales: “Un cyborg es esencialmente un sistema hombre-máquina, en el que los mecanismos de control de la porción humana son modificados por drogas o dispositivos reguladores para que el ser pueda vivir en un entorno diferente al normal”.

 

Poco después, en la edición de septiembre de 1960 de la revista Astronautics, en la página 26 reapareció el vocablo: Cyborgs and Space. No era un cuento de ciencia ficción, sino de una ponencia científica. En coautoría con Nathan S. Kline —entonces profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia—, firmaba Manfred Edward Clynes.

 

Pertinente resulta que haya sido un mulo, un híbrido, quien acuñó la palabra cyborg. Manfred E. Clynes, quien falleció el mes de enero pasado, fue un judío polímata austriaco-australiano-norteamericano. Nació en Viena (1925) y, junto con su famila, tuvo que escapar a Australia del pogromo nazi (1938). Estudió música e ingeniería en la Universidad de Melbourne. Fue inventor, biólogo, informático —inventó la CATcomputer—, fisiólogo, neurocientífico y músico. Destacó en todas las disciplinas en las que metió su cuchara. En mayo de 1953, recibió una carta: “Le estoy realmente agradecido por el gran disfrute que me ha brindado su interpretación al piano. Combina una visión clara de la estructura interna de la obra de arte con una rara espontaneidad y frescura de concepción”. La misiva la firmaba un tal Albert Einstein. 

 

La tesis de Clynes y Kline era sencilla: “alterar las funciones corporales del hombre para satisfacer los requisitos de los entornos extraterrestres sería más lógico que proporcionarle un entorno terrenal en el espacio. Los sistemas artefacto-organismo que extenderían los controles inconscientes y autorreguladores del hombre son posibles”. Desde el primer párrafo arremetían con una noción que en 1960 a muchos debió de parecerles exorbitante y a otros tantos una herejía: la carrera espacial “invita al hombre a tomar parte activa en su propia evolución biológica”.

 

 

Cyborg no es una palabra sinantrópica —es decir, creada por todos y por nadie, por la evolución cultural—, sino una palabra domesticada, creada conscientemente por alguien con un propósito semántico determinado. Cyborg es un acrónimo; se forma con cyber, ‘cibernético’, y organism, ‘organismo’, así que es una abreviación de “organismo cibernético”. El adjetivo no es sinónimo ni de digital ni de electrónico, ni siquiera de tecnológico. Cybernetics, otra palabra domesticada, es un concepto facturado en 1948 por el matemático norteamericano Norbert Wiener. Manfred E. Clynes empleó cibernético “en el sentido definido por Wiener, como un adjetivo que denota el ‘campo completo de la teoría del control y la comunicación, ya sea en la máquina o en el animal’. A primera vista, organismo cibernético parece inapropiado porque todos los organismos son cibernéticos en el sentido de que interactúan con el mundo a través de la información”. Sin embargo, en el desarrollo de la ponencia queda claro que un cyborg es “un organismo extendido cibernéticamente, un organismo extendido mediante tecnología” (Ronald Kline, Where are the Cyborgs in Cybernetics?). Un cyborg es un ente artefacto-organismo.

 

 

Cyborg pasó al español tal cual: ciborg. La Real Academia Española —que lo escribe con tílde, como vídeo— no lo incorporó a su diccionario sino hasta 2014, y actualmente provee una definición fallida: “Ser formado por materia viva y dispositivos electrónicos”. ¿Electrónicos? El error se entiende si uno busca cibernética en el diccionario de la propia RAE… ¡No aparece!


 

Este estrambótico 2020, Gaia Vince publicó un ensayo ambicioso e inteligente: Transcendence. How humans evolved through fire, language, beauty and time (Basic Books) —es su segundo libro; en 2014 dio a conocer Adventures in the Anthropocene: A Journey to the Heart of the Planet We Made—. La escritora birtánica-australiana combina la perspectiva macrohistórica —como la de David Christian en Mapas del tiempo y la de Yuval Noah Harari en De animales a dioses— con el análisis de la evolución cultural en tanto parte de la evolución natural, como lo ha hecho Daniel Dennett. Parte del planteamiento de que en realidad “todos nosotros somos ciborgs, puesto que ninguno podría sobrevivir sin nuestros artilugios tecnológicos.” Más allá de los lentes, la ropa, los zapatos, los marcapasos, Gaia Vince se refiere al extraordinario mecanismo de adaptación de los sapiens al que llamamos cultura: “Hemos desarrollado dispositivos increíblemente diversos y complejos, pero también hemos desarrollado lenguajes, obras de arte, sociedades, genes, paisajes, alimentos, sistemas de creencias y mucho más. De hecho, hemos desarrollado todo un mundo humano, un sistema operativo social”. ¿Y por qué? Quizá porque sería tan difícil encontrar un pez inteligente especializado en cibernética que un ser humano que no deseara vivir mejor de como vive.