Vale decir que el 30 de marzo de 2026 el Psicoanálisis cumple 130 años.
Ut omnibus notum est: el creador del psicoanálisis fue el hijo mayor de una familia judía asquenazí originaria de Galitzia, región oriental de Ucrania. Sigismund Schlomo Freud (1856-1939) llegó al mundo en el Imperio Austríaco, en Freiberg, Moravia, a unos 250 kilómetros al este-noreste de Viena y a unos 80 kilómetros al sur de la frontera con Polonia. Sigmund Freud no estudió Psicología; aunque hubiera querido, no hubiera podido hacerlo sencillamente porque, en el momento de su formación, en ningún lugar del mundo existía aún la posibilidad de obtener un título universitario en Psicología. A lo largo de toda la vida de Freud, en Europa no existió un departamento universitario de Psicología separado de Filosofía, el primero se fundó en Estados Unidos, en Harvard, en 1891. Así que el padre del Psicoanálisis fue un políglota austriaco —hablaba alemán, hebreo, latín, griego, francés, inglés, italiano y español— que estudió medicina con especialidad en neurología, formado en la tradición organicista más rigurosa —Brücke, Meynert, Charcot—.
Aunque después surgieron disidencias —Adler y C. J. Jung—, hubo discípulos que se distanciaron —Otto Rank, Sándor Ferenczi, por ejemplo— y aparecieron pensadores que ampliaron sustantivamente su teoría de la mente —Klein, Bion, Winnicott, Lacan…—, el concepto de inconsciente dinámico, el origen del método terapéutico y la metapsicología psicoanalítica deben atribuirse sin reservas al doctor Freud. Nadie puede disputarle el título de “padre del psicoanálisis”. Incluso fue él quien acuñó el neologismo psicoanálisis.
En uno de sus primeros textos psicoanalíticos, Las neuropsicosis de defensa, escrito en enero en 1894 y publicado en mayo del mismo año en la revista Neurol Zbl, Freud utiliza el término análisis psíquico: “En la tercera forma de histeria, que hemos comprobado mediante el análisis psíquico de enfermos inteligentes, la escisión de conciencia desempeña un papel mínimo…” Más adelante, en el mismo ensayo, emplea análisis clínico-psicológico. Al año siguiente escribiría y publicaría en francés Obsessions et phobies. Leur mécanisme psychique et íeur étiologie, en el cual se acerca un poco más al neologismo: “… un análisis psicológico escrupuloso de estos casos muestra que el estado emotivo como tal está siempre justificado”. Finalmente, el vocablo psicoanálisis debutó en letra de molde el 30 de marzo de 1896, cuando Sigmund Freud publica, L’hérédité et l’étiologie des névroses (La herencia y la etiología de las neurosis), en la Revue neurologique. Así que curiosamente el vocablo comenzó su historia en francés, psychanalyse, no en alemán: “Debo mis resultados al empleo de un nuevo método de psicoanálisis, al procedimiento de exploración de Josef Breuer, un poco sutil pero insustituible, tan fértil se ha mostrado para esclarecer las vías oscuras de la ideación inconsciente”.
Resulta harto significativo que en el enunciado en el cual aparece publicada por primera vez la palabra psicoanálisisFreud haya mencionado a su mentor, el doctor Josef Breuer. En un ensayo publicado varios años más tarde, El interés por el psicoanálisis (1913), Freud establece el linaje del Psicoanálisis: señala que surgió “a partir del procedimiento catártico de Josef Breuer” y que tiene nexos directos con “las doctrinas de Charcot y de Pierre Janet”. Breuer (1842-1925) fue un médico vienés, especializado en fisiología —él descubrió la función del oído en la regulación del equilibrio— y pionero de la psicoterapia. Con ayuda del joven Freud, ideó la terapia catártica. Breuer definió la esencia del método como la cancelación del “estrangulamiento del afecto” mediante la apertura de una vía de descarga —catarsis— para la excitación psíquica acumulada. Para ello, había que llevar al paciente, bajo hipnosis, al momento en que el síntoma apareció por primera vez. Ahora, las doctrinas de Charcot y de Janet a las que Freud alude constituyen los dos pilares de la psicopatología francesa de fines del siglo XIX. Jean‑Martin Charcot (1825‑1893), director de la Salpêtrière en París, había logrado elevar la histeria a la dignidad de una entidad clínica rigurosa. Mediante el uso de la hipnosis, demostró que los síntomas histéricos —parálisis, anestesias, contracturas— no eran simulaciones ni lesiones orgánicas, sino fenómenos dinámicos susceptibles de ser inducidos, transferidos y suprimidos por sugestión. Su aporte más decisivo para Freud fue la noción de que el traumatismo psíquico podía actuar como desencadenante de cuadros neurológicos sin lesión anatómica detectable. En cuanto a Pierre Janet (1859‑1947), también en la Salpêtrière y luego en la Sorbona, desarrolló una teoría psicológica sistemática: la histeria era el resultado de una disociación o debilitamiento de la síntesis psíquica. Según Janet, ciertas ideas y vivencias traumáticas quedaban escindidas de la conciencia, constituyendo ideas fijas que autonomizaban su actividad y generaban síntomas. Su método terapéutico consistía en la “desagregación” de esos estados disociados mediante la hipnosis y la narración. Freud reconoció siempre su deuda con ambos: de Charcot tomó la certeza de que los fenómenos histéricos pueden ser modificados por procedimientos psicológicos; de Janet, la noción de que el trauma psíquico provoca una escisión de la conciencia.
Igualmente significativo es que en aquel enunciado en el cual aparece inicialmente la palabra psicoanálisis, Freud mencione “la ideación inconsciente”. Aquí, claro, inconsciente es un adjetivo, y en la lengua en la que probablemente surgió, el francés. Con todo, ya apuntaba al poderoso concepto freudiano de inconsciente. Si bien, la noción del inconsciente no era algo desconocido a finales del siglo XIX e inicios del XX, sucede que antes de Freud, lo inconsciente era, en general, sencillamente el antónimo de consciente. Freud le dio un giro decisivo: el inconsciente dejó de ser una mera ausencia de conciencia para convertirse en una instancia activa, estructurada y parte sustantiva de la psique humana.
Freud no era psicólogo. De hecho, la psicología no podía y no puede dar cuenta de los descubrimientos freudianos. El psicoanálisis no es una especialidad de la psicología, sino una disciplina aparte: un método terapéutico, una teoría de la mente, un saber que nace en la clínica y se sostiene en una metapsicología irreductible a cualquier otro campo, y al mismo tiempo intrínsecamente relacionado con un montón de saberes. 130 años después de su surgimiento, el vocablo psicoanálisis sigue nombrando algo que no cabe en ninguna otra disciplina.
%2021.47.38.png)
%2021.50.12.png)
%2021.52.31.png)
%2021.55.46.png)

