Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

domingo, 24 de septiembre de 2023

Sueño luego existo

  

 

¿Qué soy? Una cosa que piensa. ¿Qué significa esto?

Una cosa que duda, que conoce, que afirma, que niega,

que quiere, que rechaza, y que imagina…

René Descartes, Meditaciones metafísicas.

 

 


 

Je pense, donc je suis

 

René Descartes no fue longevo. Murió el 11 de febrero de 1650, un mes y días antes de cumplir 54 años. A pesar de ello, como seguramente sabe usted, el filósofo y matemático galo tuvo modo y se dio tiempo de dejar una profunda impronta en el pensamiento occidental. A la fecha, muchas de sus ocurrencias siguen enseñándose obligatoriamente en las escuelas de todo el mundo: por ejemplo, es imposible terminar la educación media sin entender cómo funciona un plano cartesiano, y aunque la ciencia hoy lo tiene más que superado, el dualismo —la idea de que la mente (res cogitans) y el cuerpo (res extensa) son entidades separadas e independientes entre sí— sigue siendo parte esencial de la cosmovisión de la mayoría de las personas en Occidente. Junto con el polaco-prusiano Copérnico (1473-1543), el pisano Galileo Galilei (1564-1642), el también astrónomo alemán Johannes Kepler (1571-1630), y posteriormente los ingleses John Locke (1632-1704) e Isaac Newton (1643-1727), Descartes protagonizó la explosión de la llamada revolución científica. Además, tenemos que ubicar al autor de obras tan influyentes como Discours de la méthode o Les passions de l'âme como uno de los pilares del individualismo moderno. Porque uno puede —de hecho, debe hacerlo y metódicamente— dudar de todo, menos de que uno mismo es quien duda: “Puede ser que lo que veo no exista en realidad; puede ser que ni siquiera tenga ojos con los que creo ver algo, pero no puede ser que cuando vea o cuando yo piense que vea, yo mismo no sea algo al pensar” (Meditaciones metafísicas). Cogito ergo sum.

 

 

Sueño profundo

 

El primer biógrafo de Descartes, el teólogo Adrien Baille (1649-1706), publicó en 1691 La vie de Monsieur Descartes, libro en el que, entre otras cosas, informaba que don René había fallecido en Estocolmo, mientras se hallaba trabajando como tutor de la reina Cristina de Suecia. El filósofo no murió en el castillo Tre Kronor, sino en la mansión de Pierre Chanut, el embajador de Francia en Suecia. Como causa del óbito, Baille consignó neumonía, dando crédito a lo que reportó entonces Chanut. Por su parte, el médico de la monarca sueca, Johann Van Wullen, estableció que lo había matado una perineumonía. Más de tres siglos después, en 1981, Eike Pies —un alemán que estudió medicina, teatro, filosofía, historia e historia del arte en la Universidad de Colonia— localizó una carta de Van Wullen fechada poco después de la muerte de Descartes, en la que describe los síntomas que había presentado el pensador francés antes de morir: todo comenzó con un sueño profundo, que lo mantuvo sin probar alimento ni tomar agua durante días, enseguida sufrió agitación, náuseas, mareos, fiebre, hipo y vómito negro. Pies planteó la tesis de que Descartes había sido envenenado. En Der rätselhafte Tod des René Descartes (2009), Theodor Ebert, otro estudioso alemán, respaldó la hipótesis de que Descartes fue envenenado, específicamente con arsénico, y señaló como culpable a un capellán católico conservador llamado François Viogué, con quien el matemático francés se confesaba —y sí, la hipótesis es que le suministró el veneno en la hostia—.


Nils Forsberg, Dispute of Queen Cristina Vasa and Rene Descartes


 

 

Los tres sueños

 

También por Adrien Baille sabemos que si Descartes modificó el curso de la filosofía occidental —inauguró la filosofía moderna— fue gracias a que tuvo tres sueños la noche del 10 al 11 de noviembre de 1619…, al menos según él mismo. El biógrafo supo de todo esto gracias a un relato que el filósofo incluyó en el inicio de un texto titulado Olympica, y del que dio cuenta, parafraseándolo. Sabemos que, al servicio del príncipe Mauricio de Nassau, Descartes se encontraba en Ulm —ciudad cercana a Baviera, en la que 260 años después nacería Albert Einstein—, en una habitación templada por una estufa. 

 

Primer sueño. Descartes camina, atosigado por fantasmas. Ellos primero y después un torbellino lo obligan a caminar inclinado sobre su lado izquierdo. Avanza hasta que encuentra un colegio, al que entró para refugiarse. Dentro, busca la capilla, y entonces “vio en el medio del patio… a otra persona, que lo llamó por su nombre de manera cortes y amable, y le dijo que se encontrara con el Señor N., que tenía una cosa para darle. El señor Descartes imaginó que era un melón que habían traído de algún país extranjero”. El viento amainó y él despertó.

 

Segundo sueño. “Creyó escuchar un ruido agudo y estruendoso, que tomó por un trueno. Del susto se despertó en ese mismo momento; y al abrir los ojos, vio montones de chispas de fuego esparcidas por la habitación”.

 

Tercer sueño: encontró un diccionario, y enseguida otro libro, Corpus Pôetarum, una antología de poesía. Lo abrió en la página en la que encontró el verso  Quod vitae sectabor iter? [¿Qué camino he de seguir en la vida?]. Apareció un desconocido, que le mostró un verso: Est et Non [Sí y No]. “En ese momento, los libros y el hombre… se esfumaron de su imaginación, aunque sin despertarlo [...] Dudando de si lo que acababa de ver era un sueño o era real, [...] decidió tomarlo por un sueño, [...] hizo [...] la interpretación antes de que lo abandonara el sueño nuevamente”.

 

Lo que más me llama la atención de las tres narraciones es que, al término del tercer sueño, el propio soñador, René Descartes, antes de despertar, lo interpreta. Desafortunadamente no sabemos puntualmente cómo. Quien bien podríamos considerar la máxima autoridad en el arte de la interpretación de los sueños, el doctor Sigmund Freud, fue alguna vez consultado por Maxime Leroy al respecto, pero el padre del psicoanálisis se negó: no tiene sentido interpretar un sueño más que a partir del testimonio directo del soñador. Sabemos, eso sí, que él, René Descartes consideró entonces que a través de esos sueños un espíritu, “el espíritu de la verdad”, le había revelado una nueva filosofía. Il a rêvé, il a pensé, puis il a existé…




domingo, 17 de septiembre de 2023

Parásita y chupóptera

  

The arrival of language was like the invasion of a parasitic system.

Co-opting those areas of the brain that were the least dedicated.

The most susceptible to appropriation. 

Cormac McCarthy, Stella Maris.

 

 

Cáncanos, pedículos, caránganos, yaguanés o piojos. Los tirápteros son legión: se estima que debe de haber alrededor de unas tres mil trescientas especies de estos bichos conchudos, incluidas las pillas ladillas. También hay anopluros y proliferan las chinches y las filandrias. Otras son las garrapatas, fieros ixodoideos hematófagos, y otros los espeluznantes ácaros en la almohada.


Además, colma cierto tipo gusanos abusones, como los tricocéfalos, anquilostomas, tórsalos, anisakis y los latosos helmintos. Varios andan sin saberlo con nematodos enredados en el intestino delgado, en particular con un anélido que jamás ataca solo, el ascaris lumbricoides, que por lo mismo se ha afamado con el plural “lombrices en la panza”, o con otros vermes voraces, como la tenia, el necátor y el asqueroso oxiuro. Otro, este de los cestodos, como el botriocéfalo, resulta atemorizante desde el nombre. Cunden filarias entrometidas que provocan oncocercosis. No olvidemos la terrorífica triquina, que produce la triquinosis. Abundan y no deben menospreciarse esos seres apenas vivos, muy sencillos, ficomicetos y protozoos como el tripanosoma y los sarcosporidios, la tricomona y la ameba, invasores de las mucosas digestivas o genitales, y el plasmodium, causante de malaria o paludismo. Pululan, microscópicas pero montoneras, bacterias gorronas —treponemas, rickettsias, actinomices, la toxoplama gondii— y hasta dolorosas como las caries. En fin, todo este bestiario —porque no mencioné ni hongos ni vegetales con este feo comportamiento, que los hay—, conforma una parte de los parásitos con los que los humanos convivimos.

 

Quien haya pasado por la educación elemental sabe que, en biología, un parásito es un organismo que vive en o sobre otro organismo, conocido como huésped, y obtiene su alimento o recursos vitales a expensas de él. Los parásitos pueden causar algún perjuicio al huésped, aunque no siempre letal —claro, matar al huésped sería suicida para el parásito—. El concepto no es nativo de las ciencias naturales.


Como señala Pedro Felipe Monlau en su Diccionario etimológico de la lengua castellana (Madrid, 1896), el vocablo parásito proviene del griego parasitos, compuesto de para, cerca, y sitos, trigo, es decir, que está cerca del trigo. La palabra designaba a un intendente o inspector. “El nombre parásito, en su origen, no sólo no era odioso, sino que hasta honraba a aquellos a quienes se aplicaba, pues en Atenas llamaban parásitos a ciertos ministros de los altares que cuidaban de los trigos sagrados, es decir, del trigo que se cosechaba en los campos afectos a cada templo… Tenían parte, además, como epulones que eran, en las carnes de los sacrificios y en los manjares de los banquetes públicos…” Y si duda usted o piensa que se tornó soez don Pedro, permítame recordar que epulón no significa más que “hombre que come y se regala mucho”, digamos que alguien muy atascado. Continúa Monlau su explicación etimológica de la palabra parásito: “Después pasó a significar pegote, gorrista, el que se arrima al otro para comer de mogollón, a costa ajena. Solón fue, según pretende Plutarco, el primero que llamó por ironía parásitos a los que asistían con notable asiduidad a los banquetes públicos que mandaba dar… en obsequio de los ciudadanos que habían prestado grandes servicios a la república. Sucesivamente se fue aplicando el nombre parásito a los que se entrometían en las casas de los magnates y de los ricos para hacerse comensales suyos”.

 

Desde julio de 2018, la oposición que fallidamente intenta amasar el conservadurismo mexicano ha tenido un comportamiento que bien podemos llamar parasitario. Se trata de un parasitismo monoxeno —el término se utiliza en la parasitología para referirse a un parásito que tiene solamente un huésped en su ciclo de vida— y simbólico: incapaz de generar contenidos, se ha colgado de lo que dice y hace Andrés Manuel López Obrador, su huésped simbólico, e incluso de lo que no dice ni hace pero le atribuyen. La síntesis discursiva de la reacción bien puede expresarse en dos palabras: versus AMLO. Más allá de eso no tienen absolutamente nada que decir, mucho menos que proponer. Pedir a las fuerzas políticas —es un decir— que, como un muégano, se han mezclado en el llamado Frente Amplio por México que muestren un proyecto de Nación rebasa cualquier ingenuidad.


Ahora, tampoco es que no sepan lo que quieren, porque lo tienen perfectamente claro, su problema es que no pueden expresarlo: quieren restaurar el régimen de privilegios. Y en esto su candidata —por increíble que parezca, todo indica que mantendrán a la señora Gálvez pese a que ya no hay manera de sostenerla mínimamente inflada— representa fielmente al conservadurismo. Hay una plétora de ejemplos, desde el parasitismo simbólico más descarado hasta algunos casi sublimes. Voy a retrotraer sólo dos.

 

El lema de Morena es “La esperanza de México”, y la exdelegada panista de la Miguel Hidalgo repite últimamente como tarabilla que “la esperanza ya cambió de manos”, como si pudieran robársela como una cosa, como si ahora el ideario político del obradorismo lo representara ella. Lo anterior, por supuesto, además de absurdo es tremendamente tonto.

 

El segundo ejemplo es más reciente y muestra el grado de ridiculez al que ha podido llegar el PRIAN. Apenas el viernes la señora X, agasajada por Brozo en Latinus, dijo: “Mientras él ve votantes yo veo corazones”. Así, “él”, sin mencionar su nombre y sin que viniera a cuento. Él, claro, es AMLO. Más allá de la banalización de la política —práctica que bien le aprendió de su mentor, Vicente Fox—, la declaración confirma el fatal guion en el que está metido el PRIAN: pretende ganarle a AMLO en las próximas elecciones, lo cual será imposible puesto que él no es el candidato. Por eso, Claudia Sheinbaum lleva años luz de ventaja… Claro, eso no evitará que el PRIAN y su chupóptero —no es ni insulto ni neologismo, si no me creen, busquen la palabra en el diccionario; pista: Xóchitl Gálvez sigue cobrando dieta en el Senado— sigan tomando contenidos del obradorismo: no tienen de otra, como cualquier parásito.

domingo, 3 de septiembre de 2023

X = PRIAN

  

Incógnita, indeterminación, serpiente

 

¿X? Equis.

 

Para el Diccionario de la Lengua Española de la RAE:

 

1. f. Letra x y sonido que representa.

2. f. Mat. x (‖ incógnita).

3. f. Col. y Perú. Serpiente con figuras en forma de equis en su espinazo y cuyo veneno es casi siempre mortal.

4. adj. x (‖ no determinado).

 

Para el Diccionario del Español de México del Colmex:

 

2 adj m y f, sing y pl Cualquier, cualquiera, cualesquier o cualesquiera: un funcionario equis, equis partidos.

4 s f sing y pl (Mat) Símbolo de la incógnita en cálculo.

 

 

La señora X

 

¿La X de Va X México fue alguna vez una incógnita? No. Porque, recordemos, primero fue nomás ausencia, un cruce de vacuidades y vacíos, y luego la verdad no se necesitaba ser un zahorí —alguien con la facultad de descubrir lo oculto—, para saber que el señorito X y los encubiertos machuchones que representa de buenas a primeras tuvieron determinado quién será el esbirro que meterán de apuesta en la boleta electoral de 2024, para tratar así, y por todos los medios, de recuperar la Presidencia de la República. AMLO lo advirtió hace casi dos meses; para ser precisos, el lunes 3 de julio, durante la mañanera: “Tengo toda la información de que él (Claudio X. González) llevó a cabo las consultas para que los represente a este grupo Xóchitl Gálvez… Hace como 15 días a un mes, me enteré”. Y aunque la aludida sin pensarlo —normal, pues— declaró que se sentía muy ofendida, quesque porque a ella nunca nadie le ha regalado nada, y el autodenominado señor Constitución montó un melodrama telenovelero y hasta chilló e insultó al presidente —“¿Cómo se atrevió este desgraciado presidente? ¿Cómo se atrevió? No sabía que había hombres y mujeres libres formados en Acción Nacional, que no lo vamos a permitir”—, pasaron los días y así fue. ¡Brujo! Tras un “proceso” —más bien una farsa— durante el cual ni los partidos de oposición ni los medios que controlan —casi todos— se cansaron de inflar e inflar a la señora X, mientras que sus disque contrincantes, quienes interpretaron el papel de los otros suspirantes, se limitaron a ir dimitiendo uno a una: ¡tiste rol de trufaldines! —trufaldín: persona que representaba farsas o comedias—. Todo aquello fue más como una mojiganga —fiesta popular en la que se utilizaban disfraces estrafalarios, especialmente de diablos o animales—, con todo y la escenografía multicolor que algunos diseñadores facturaron para intentar tapar lo más posible lo que todos tuvimos frente a nuestros ojos: al PAN y al PRI —y la morrallita perredista— coludidos, los blanquiazules y los tricolores, el PRIAN.

 

Por tanto, en este caso, despejar la X es muy fácil: la señora X, Xóchitl Gálvez, es Tartufox y J. Ángel Gurría, es Alito y Markitito, es el odiadorzuelo Gabriel Quadri y los Moreira, es Creel y los Chuchos, es el hijo de De la Madrid y la sobrina de Salinas, es Lilly Téllez y Kenia López, es Calderón y García Luna, es el Saco de Pus y el sistema de moches, es la Gaviota y la señora Zavala, es Madrazo Pintado y Norma Piña —así se llaman, no invento nada—, es el cartel inmobiliario panista de la CDMX y quienes inventaron la “verdad histórica”, es Meade y Anaya… Es decir, y despejando por factor denominador común, la señora X es el PRIAN… O, si usted prefiere, el PANRIP, para actualizar las siglas, porque el señor Alito ha logrado destruir el PRI —por primera vez en toda su historia el Revolucionario Institucional no tendrá candidato a la Presidencia—. O por negación: la señora X tiene de candidata ciudadana lo que tiene de indígena —aunque el neoliberalismo se vista de huipil… etcétera—.




 

 

La meta incógnita

 

Así que por favor no se escondan: quienes apoyen a Xóchitl Gálvez apoyan al PRIAN. Y si decidí titular esta columna X = PRIAN fue para subrayar lo importante, pero bien pudo titularse “La increíble y triste historia de la camaleónica Xóchitl y su prianismo descastado”… o “La previsible y cómica historia de la cándida candidata y su dueño X desalmado”… o “The Strange Case of Mrs. X and The Botarga Senator”… O los dos que más me gustaban: “La señora botarga en casi todas sus acepciones” y “El insólito caso de la señora disfrazada que se convirtió en disfraz”. Y procedo a explicarlos…

 

Resulta que antes de que el señorito X se sacara de la manga a Xóchitl Gálvez, la señora ya se había ganado el mote de La Botarga, y a pulso, nadie se lo regaló. Como todos sabemos, la senadora panista, la empresaria que salió de la pobreza vendiendo gelatinas, tuvo la ocurrencia de meterse en la enorme botarga de un feroz dinosaurio verde y así caracterizada armar un mitote en el Senado de la República. El diccionario del Colmex define botarga como “vestuario o disfraz voluminoso de una persona, sobre todo en el teatro, para representar un papel”, pero cómo se le dice a quien se pone la botarga… ¡También botarga! La RAE define botarga:

 

1. f. En las mojigangas y en algunas representaciones teatrales, vestido ridículo de varios colores.

2. f. Persona que lleva la botarga.

3. f. Armazón de ballenas o de alambre, revestida de tela, que usan los actores debajo de los trajes para deformar la figura.

4. f. Especie de embuchado.

5. f. Especie de calzón ancho y largo que se usaba antiguamente.

6. f. Ar. Persona adusta y retraída.

 

¿Ven? Este texto pudo perfectamente titularse “La señora botarga en casi todas sus acepciones”.

 

Ahora, ocurre que la trola —trola: engaño, falsedad, mentira— troleadora, la señora X, se esforzó tanto que logró convertirse en el dinosaurio priísta del que se disfrazó. Pero ¡cuidado!, no debemos quedarnos en las apariencias. Xóchitl Gálvez es ya una meta botarga: una persona que se disfraza —una botarga— con una botarga y que a su vez se convirtió ella misma en una botarga —en un disfraz—: la señora X es la botarga, el dinosaurio de Troya, en la que van metidos el PAN, el PRI, la oligarquía corrupta que quiere restaurar el sistema de privilegios con el cual explotaban al país. ¡Insólito!

 

domingo, 20 de agosto de 2023

Artificial pero bastante inteligente

 “El embrollo de las orientaciones al hablar”, así mero frasea el Maestro de El Pueblito el asunto que lo trae ahora mismo ejercitando las entendederas. Un típico lío decidido, creado deliberadamente, pienso, un embrollo artificial: digo, tan incuestionable que es por sí misma la realidad… Pudiendo sentarse nomás a ver el fútbol o dormir un rato, pero no, ahí va uno a tratar de imponer orden a las cosas… Sin preludios, en alusión a las dichosas orientaciones, me explica en su mensaje: “Asegún Habermas hay dos, unas dirigidas al entendimiento y otras dirigidas al acuerdo. Este sabio que rebuzna dice que hay más”. El Habermas referido es, claro, el nonagenario filósofo alemán Jürgen Habermas (Düsseldorf, 1929), quien efectivamente en su libro Teoría de la acción comunicativa sostiene que las acciones sociales concretas pueden distinguirse según las orientaciones que los participantes adopten, ya sea dirigidas al éxito (acción instrumental y acción estratégica) o al entendimiento o comprensión mutua (acción comunicativa). Pero dejemos en paz a Habermas que no es perita en dulce. El Maestro de El Pueblito me dice que él percibe no dos sino más de diez orientaciones:

 

1)    conversar para estrechar lazos amistosos-amorosos. 

2)    dialogar para llegar a acuerdos, más política y laboral. 

3)    persuadir, convencer, incitar a mundos mejores, más pedagógico, más conducta asertiva de ‘carácter positivo’. 

4)    discutir para imponer la propia verdad, más dirigido al dominio, más conducta asertiva de ‘carácter negativo’. 

5)    alburear para vencer, más dirigido al terreno sexual de ‘la cultura patriarcal’. 

6)    dar el avión, más dirigido a no implicarse ni comprometerse, es una suerte de engaño. 

7)    hablar para burlarse del otro con sarcasmos, más orientado a ofender al otro. 

8)    hablar con ironía, más para incitar al otro a pensar reflexionar, para co-crear conocimientos. 

9)    hablar como dandi, es decir nada lo afecta, se está por encima de todo, todo se conoce y se ve por debajo con menosprecio.

10)  Cantinflear.

11)  Asustar.

12)  Hacer reír.

 

Y enseguida, con un tono que puedo imaginar perentorio, me pregunta qué pienso sobre la cuestión: ¿vislumbro otras?, ¿creo que algunas de las orientaciones que él enuncia sobran?, en fin, me invita al embrollo.

 

Bueno, de entrada, conviene recordar una obviedad que solemos mantener agazapada en la inconsciencia: categorizar es ordenar, y todo ordenamiento es artificial, cultural. Categorizar es un paso indispensable en el proceso interminable de creación del mundo. Categorizar es un procedimiento cosmogónico, un arte que empleamos para arrancarle parcelitas al caos. Categorizar resulta una operación imprescindible para conformar la única realidad a la que tenemos acceso, la nuestra, la realidad social. Jerome Bruner (Nueva York, 1915-2016) considera que, para los humanos, percibir es necesariamente categorizar, pensar es categorizar e incluso entender y tomar decisiones es categorizar; así, el criterio básico de nuestro pensamiento se encontraría en la determinación del mundo en términos de similitudes y diferencias, y en la conformación de conjuntos con base en eso. Mediante la abstracción creamos categorías estableciendo similitudes, conexiones… De las más de doscientas canciones que grabaron los Beatles, únicamente dos pertenecen a la categoría “canciones compuestas por los cuatro integrantes de la banda” —Flying y Dig It—. Los planetas del sistema solar se dividen en femeninos y masculinos —Venus y la Tierra, y los demás, respectivamente—. De las 16 demarcaciones territoriales de la Ciudad de México, sólo Tlalpan y Milpa Alta hacen frontera con Morelos; el resto o colindan con el Estado de México o son interiores. Conforme al criterio “entidades en donde hay al menos una calle denominada ‘Jorge Ibargüengoitia’”, las 32 entidades federativas del país se dividen en dos grupos: uno integrado por Coahuila, Guanajuato, Estado de México y Querétaro, en donde hay, y el otro por las 28 restantes, en las que no.

 

Así que la cuestión definitoria a la hora de categorizar está en el criterio. Podríamos construir una categorización de las acciones comunicativas según las motivaciones que las impulsaron o conforme el grado de éxito que alcanzaron, hacerlo con base en sus orientaciones, es decir, según su propósito, obligaría, me temo, a dejar siempre abierta la molesta bolsa de “otros”. Con todo, giré la siguiente instrucción al ChatGPT: “Elabora una categorización de las orientaciones que puede tener una persona cuando habla con otra”. Enseguida su respuesta: 

 

·      Orientación informativa

o   Transmitir datos, hechos o información.

o   Comunicar instrucciones o direcciones.

o   Intercambiar conocimiento y compartir ideas.

·      Orientación expresiva

o   Expresar emociones, sentimientos y opiniones.

o   Compartir experiencias y relatar historias.

o   Desahogarse o liberar tensiones emocionales.

·      Orientación social

o   Conversaciones amistosas.

o   Establecer y mantener relaciones sociales.

o   Compartir la vida cotidiana.

·      Orientación persuasiva

o   Persuadir o influir en el receptor.

o   Presentar argumentos y evidencias para cambiar opiniones.

o   Negociar, vender o promover.

·      Orientación de resolución de problemas

o   Buscar soluciones a desafíos o dificultades.

o   Analizar situaciones y proponer soluciones.

o   Colaborar para encontrar respuestas.

·      Orientación de apoyo

o   Brindar apoyo emocional y consuelo.

o   Escuchar y mostrar empatía.

o   Ayudar a sentirse mejor.

·      Orientación de entretenimiento

o   Entretener y divertir.

o   Crear un ambiente relajado y ameno.

o   Compartir experiencias ligeras y entretenidas.

·      Orientación de aprendizaje

o   Intercambiar conocimientos para aprender juntos.

o   Realizar preguntas y fomentar la reflexión.

o   Explorar conceptos y enriquecer la comprensión mutua.

 

¿Qué tal? No sé a ustedes, pero a mí me parece que, aunque es artificial, resulta una categorización bastante inteligente.

domingo, 13 de agosto de 2023

CDMX: ubicación, tamaño y figura

 

Ubicación

 

La Ciudad de México (CDMX) se ubica en América del Norte, en el sur de la República Mexicana. El corazón del centralismo mexicano no se encuentra en el centro del país.

 

Existen varios modos de localizar el centro del país. Si se utiliza como criterio el promedio de la suma de las coordenadas geográficas continentales extremas, el resultado arroja un punto cercano a Villa de Cos, Zacatecas. Si se calcula la distancia media entre los puntos extremos del territorio continental, según el vértice que se elija, el centro cae en Zacatecas o en Coahuila. El centro geográfico de México se encuentra, pues, en algún punto del desierto que comparten los estados de Zacatecas y Coahuila, muy lejos de la CDMX.

 

Si dividimos el territorio nacional en dos mitades, una norteña y una sureña, por medio de una línea que pase a la misma distancia del punto más meridional y del punto más septentrional del México continental, dicha línea imaginaria —nuestro ecuador— casi coincide con el Trópico de Cáncer. Al Este, esa línea alcanza a tocar la península de Baja California, pasando por el extremo sur del municipio sudcaliforniano de La Paz, muy cerca de su frontera con el de Los Cabos, y luego, del otro lado del mar, atraviesa el municipio de Elota, Sinaloa. Del lado más occidental, después de atravesar Durango, Zacatecas, San Luis Potosí y Nuevo León, sale al Golfo de México por Tamaulipas, en el municipio de Soto la Marina. Así que la capital de la República se ubica más o menos a la mitad de la porción sureña del territorio.

 

La CDMX se localiza al Norte 19°35'34''; al Sur 19°02'54'' de latitud Norte; y al Este 98°56'25''; al Oeste 99°21'54'' de longitud Oeste. La capital de México se ubica en una posición mucho más austral que toda Europa, que la península de Anatolia, que Nepal y Pakistán… La CDMX se halla en la misma latitud que Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana; que Puerto Sudán, Sudán, en la costa oriental africana; que Turayban, en medio de Arabia Saudita; que Mumbai, India, y que Tinh Gia, Vietnam.

 

La CDMX colinda al Norte, Este y Oeste con el Estado de México y al Sur con Morelos.

 

La CDMX localiza 2,240 metros sobre el nivel del mar; su gradiente altitudinal va desde 2,223 a los 3,930 metros sobre el nivel del mar. El punto más alto se encuentra en el Cerro de la Cruz del Marqués (Ajusco), y el menos elevado al oriente de la ciudad, en la demarcación territorial Venustiano Carranza, muy cerca de la interjección de las avenidas Bordo de Xochiaca y Periférico-Calle 7, en los límites con el Estado de México.

 

 

Tamaño

 

La CDMX es la entidad federativa más pequeña del país; ocupa 1,494.3 km2. La capital del país, geográficamente, representa menos del 0.1% (0.076%) del territorio nacional (1’960,646.7 km2). Para cubrir todo México, serían necesarias 1,312 CDMXs. El territorio del estado de la República Mexicana más pequeño, Tlaxcala, es 2.7 veces más grande que el de la CDMX. Si se compara la superficie de la entidad capital del país con la del estado más extenso, Chihuahua, resulta que es 165 veces más chica. Morelos es 3.3 veces más grande que la CDMX, y Aguascalientes 3.8 veces más grande.

 

Con sus casi mil quinientos km2, se requerirían 11,442 polígonos como el de la CDMX para cubrir la superficie del país más grande del mundo, Rusia. Con todo, el territorio de la CDMX supera al de varios países del orbe, como Santo Tomé y Príncipe, Kiribati y Singapur. De hecho, es 9.3 veces más extensa que Liechtenstein, 747 veces más que Mónaco y 3,050 veces más que el Estado de la Ciudad del Vaticano.

 

 

Figura

 

Luego de la conquista del imperio Culhúa-Mexica, la Ciudad de México colonial se refundó en el corazón de México-Tenochtitlán. Prácticamente sobre la misma traza, usando los canales como base de las primeras calles, fue construida la sede del Virreinato de la Nueva España. Tres siglos después, consumada la Independencia, la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos —octubre de 1824— determinó en su artículo 50 que era facultad del Congreso General elegir un lugar que sirviera de residencia de los poderes de la Federación—. El ordenamiento —noviembre 18 de 1824— señalaba que la superficie del Distrito Federal la conformaría una circunferencia de dos leguas de radio (220.6 km2), marcada a partir del punto central de la Plaza de la Constitución. El recién creado DF se conformó por la Ciudad de México y otros pueblos cercanos, como Tacuba, Tacubaya, Azcapotzalco, La Piedad, El Peñón, Iztacalco y Guadalupe de Hidalgo, territorios todos que fueron escindidos del Estado de México. Entonces, el centro de la ciudad era también el centro geométrico de la capital de México.


En 1854 se expandió el territorio defeño y la entidad cambió su nombre a Distrito de México. Al año siguiente se anexó Tlalpan al, de nuevo, Distrito Federal. Ya a finales del siglo XIX, la forma del DF, tan parecida a la de un corazón humano, era muy semejante a la actual.

 

Hoy día, el eje Norte-Sur de la CDMX mide casi 60 kilómetros, y el eje Este-Oeste mide alrededor de 43 kilómetros. El centro de la entidad se localiza a 17.5 kilómetros del vértice extremo Norte, donde el eje Este-Oeste es más angosto. El centro geométrico de la capital del país se ubica frente al #246 de la calle Reyna Ixtlixóchitl, entre las calles Huicholes y Tarascos, en la colonia Huayamilpas de la demarcación territorial Coyoacán.

domingo, 6 de agosto de 2023

La parresia y el presidente

  

Busque parresia en el diccionario de la RAE… Encontrará:

f. Ret. Apariencia de que se habla audaz y libremente al decir cosas, aparentemente ofensivas, y en realidad gratas o halagüeñas para aquel a quien se le dicen.

Estrafalaria figura retórica: parece que el discursante habla para ofender, pero más bien lisonjea; un truco de adulador. Hoy eso significa la palabra en nuestro idioma; sin embargo, en su origen se refería a algo distinto.

 

Michel Foucault (1926-1984) señalaba que el vocablo parresia comenzó a aparecer en los textos helenos con Eurípides (c. 484-407 a. C.). Efectivamente, en Las fenicias, Yocasta y su hijo Polinices sostienen el siguiente diálogo:

YOCASTA: Bien, te preguntaré lo que deseo saber. ¿Qué es el estar privado de la patria? ¿Tal vez un gran mal?

POLINICES: El más grande. De hecho, es mayor que lo que pueda expresarse.

YOCASTA: ¿Qué es lo más duro de soportar para los desterrados?

POLINICES: Un hecho es lo más duro: el desterrado no tiene libertad de palabra.

YOCASTA: Eso que dices es propio de un esclavo: no decir lo que piensa.

POLINICES: Es necesario soportar las necedades de los poderosos.

YOCASTA: También eso es penoso, asentir a la necedad de los necios.

Cito la versión en castellano de García Gual y De Cuenca para la edición de Gredos, quienes en una nota apuntan que en uno de los parlamentos de Polinices traducen parresia, el vocablo que usó Eurípides, con la frase ‘libertad de palabra’: “la parresia… era algo fundamental en la convivencia cotidiana para un ciudadano ateniense, y una característica en la vida griega de la posición del hombre libre frente a la del esclavo o el bárbaro.”

 

Frecuentemente el vocablo griego parresia también se traduce como sinceridad o franqueza. Foucault informa que la palabra suele ser traducida al inglés como free speech y al francés como franc-parler. Parresia se compone de pan y de rhesis, “todo” y “decir”, respectivamente, así que etimológicamente significa “decir todo”, y eso era para los cínicos.

 

Un alumno de Sócrates (470 - 399 a. C.), Antístenes (444 – 365 a. C.), fundó la escuela de los cínicos, y su discípulo Diógenes de Sinope (412 – 323 a. C.) fue su máximo representante. Para los cínicos, las virtudes que los sabios debían cultivar eran la insolencia, la indiferencia y la parresia, la franqueza absoluta. Para Diógenes, era obligado decirlo todo, nada de medias tintas o andarse por las ramas: soltar la sopa a bocajarro, tirar verdades a mansalva, la neta sin miramientos.

 

En su sentido antiguo, pues, la parresia no sólo no era una figura retórica, sino que estaba en la antípoda de cualquier artilugio retórico: “el hablante hace manifiestamente obvio que lo que dice es su opinión. Y hace esto evitando cualquier clase de retórica que pudiera velar lo que piensa. En lugar de eso, el parresiatés [quien se expresa con parresia] utiliza las palabras y las formas de expresión más directas que puede encontrar”, explica Foucault. Ejemplifiquemos… Durante la mañanera del jueves pasado, el presidente, aludiendo el dictamen del Tribunal Electoral que exigió al INE ordenarle “abstenerse de emitir mensajes” sobre Xóchitl Gálvez, dijo:

… quien participa en la vida pública tiene que rendir cuentas… Esto no tiene que ver con género… Ni modo que no vamos a hablar de los asuntos públicos. Uno no se puede meter con la vida privada, eso es hasta de mal gusto, pero si somos funcionarios públicos tenemos que actuar con transparencia.

Un reportero intervino: “Al decir que no se sustenta en sus méritos, sino en la decisión de un grupo de hombres, eso es lo que argumentó”.

 

Ah, pero eso… aplica para hombres y mujeres. O sea, ¿que no le decía yo a Calderón que era un pelele, espurio? Busquen en el diccionario qué es pelele, qué es espurio. O sea, si estuviese yo diciendo una mentira… Pero es sabido, es de dominio público que a ella la impulsaron como lo hubiesen hecho con cualquier hombre. No lo hicieron con… No me vayan también a sancionar porque lo voy a mencionar, a Creel, porque les pareció que Creel era muy…

“Muy güero”, intervino un reportero. El presidente negó. Otro periodista propuso algo…

 

No, tampoco, no. Fino, exquisito… ‘Fifí’, pues.

 

Ahí está: “las palabras y las formas de expresión más directas que puede encontrar”.

 

En un ensayo reciente, Hartmut Leppin, profesor de historia en la Universid Goethe de Frankfurt, ensancha la perspectiva semántica de la palabra:

¿En los debates públicos, debía valer tanto la palabra de un charlatán como la de un aristócrata bien educado? La democracia ateniense se basaba en la premisa de que así debía ser. Cada ciudadano disfrutaba del mismo derecho a hablar sobre todos los temas discutidos en la asamblea. Los antiguos griegos llamaban a esto parresia, una palabra basada en las raíces pan (todo/todos) y rhésis (decir). Los defensores de la democracia esperaban que la suma de contribuciones de muchos individuos diferentes llevara a la mejor decisión.

No sólo hablar de todo, sino que todos los involucrados en la cosa pública participen. Hoy en México cualquiera puede decir lo que le venga en gana, publicarlo, difundirlo… En los medios tradicionales abundan las mentiras, las injurias, las amenazas…, y no faltan los opinócratas que divulgan a gritos que su libertad de expresión está amenazada, sin importarles la contradicción palmaria en la que caen. Desde el poder público no se calla a nadie. Es más, a varios se les sigue pagando por mentir y golpetear —y sí, estoy pensando en varios que cobran en Canal Once—. En cambio, ¡tiempos extraordinarios!, desde la oposición no hay día en que no se quiera silenciar al presidente de la República, un señor, por cierto, respaldado por la mayoría de la ciudadanía. Andrés Manuel practica la vieja parresia griega, hablando y dejando hablar. El ágora mexicana nunca antes fue tan libre.