Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

sábado, 11 de febrero de 2017

Polifonía de una hecatombe

Los hombres nunca están a la altura de
los grandes acontecimientos.
Siempre les superan los hechos.
Arkadi Filin, liquidador.


Las grandes etapas históricas ya no son como antes: últimamente han dejado de ser grandes. A finales de noviembre pasado, sólo estando más sordo que una tapia no habría usted escuchado el cambio de página que experimentamos. La muerte del comandante Fidel Castro marcó el último estertor del siglo XX, y el ascenso de Trump a la presidencia de Estados Unidos perfiló el inicio de una nueva era: en tanto gran relato hegemónico, el hermoso cuento de hadas de la globalización, sin haber llegado al final feliz de la aldea planetaria, terminó de golpe y porrazo. ¿Qué comenzó…? ¡Vaya usted a saber! La visión histórica requiere distancia, y resulta imposible configurar lo que uno está viviendo. Lo que podemos aventurar desde aquí es que la etapa que acaba de cerrarse había comenzado hacía muy poco tiempo, apenas con el colapso del bloque soviético y la consumación del mundo bipolar, es decir, más o menos hace un cuarto de siglo. A su vez, aquel capítulo, la llamada Guerra Fría, había iniciado medio siglo atrás…

Acabo de leer un espléndido y desgarrador retablo testimonial en torno al evento que bien puede ser la señal del principio de la era que apenas culminó hace unos meses: Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich.

En los postes podridos que rodean la zona, como si se tratara de cruces, cuelgan manteles blancos. Es una costumbre nuestra. La gente va ahí como a un cementerio. Un mundo después de la era de la tecnología. El tiempo ha empezado a retroceder. Allí están enterradas no sólo sus casas, sino toda una época. ¡La época de la fe! ¡De la fe en la ciencia! ¡En la idea de justicia social!Natalia Arsénievna Roslova, presidenta del Comité de Mujeres de Moguiliov ‘Niños de Chernóbil’.

Svetlana Alexiévich, ganó el Premio Nobel de Literatura en 2015. Hija de padre bielorruso y madre ucraniana, Svetlana nació soviética. ¿Cuándo? Justo tres años después del fin de la Gran Guerra Patria: la caída de Berlin —hecho que significó la derrota definitiva de los nazis por parte del Ejército Rojo— sucedió el 3 de mayo de 1945, y ella llegó al mundo el 31 de mayo de 1948.

Antes teníamos una patria, ahora ya no la tenemos. ¿Quién soy yo? Mi madre era ucraniana; mi padre, ruso. Nací y me crié en Kirguistán, me he casado con un tártaro. Entonces, ¿qué son mis hijos? ¿Qué nacionalidad tienen? Nos hemos mezclado todos, llevamos muchas sangres mezcladas. En el pasaporte tengo a los hijos inscritos como rusos; pero nosotros no somos rusos. ¡Somos soviéticos! Aunque en el país en el que yo nací ya no existe.Lena M. 

¿Dónde? Svetlana nació en la pequeña localidad de Stanislav, entonces asentada en la República Socialista Soviética de Ucrania. Al igual que la URSS, Stanislav ya no aparece en ningún mapa; el terruño natal de la escritora, habitado actualmente por poco más de doscientas mil almas, mutó su nomenclatura. Stanislav no cambió de nombre a resultas de la debacle soviética —como Leningrado, que a partir de 1991 se llama otra vez San Petersburgo—; no, en el caso de Stanislav sucedió que justo a partir del día en el cual se conmemoraban trescientos años de existencia de la ciudad, se decidió honrar con su toponimia a un polímata ucraniano, y desde 1962 se llama Ivano-Frankivsk. Ivan Yakovych Franko (1856-1916), quien ni siquiera era oriundo de Stanislav —nació en poblado Nahuievychi— fue un intelectual y activista político; escribía poesía moderna, novela negra y crítica literaria; era doctor en filosofía, etnógrafo y economista, y además incansable traductor —trasladó al ucraniano obras de Calderón de la Barca, Shakespeare, Byron, Dante, Victor Hugo, Goethe y Schiller—.

… el arte es como el suero de un infectado: puede convertirse en la vacuna para otra experiencia. Chernóbil es un tema de Dostoyevski. Un intento de justificación del hombre.Alexander Revalski, historiador.

Svetlana Alexiévich, aunque oriunda de suelo ucraniano, es ciudadana de Bielorrusia y, lo que es más importante, se asume a sí misma como bielorrusa. Desde pequeña vivió Minsk —hoy una ciudad de unos tres millones de habitantes—, en donde realizó toda su formación académica y comenzó su carrera como reportera. Svetlana no escribe ni en en ucraniano en ni en bielorruso, sino en ruso. 

Somos fatalistas. No tomamos ninguna iniciativa porque estamos convencidos de que las cosas irán como han de ir. Creemos en el destino. Y esa es nuestra historia.Anatoli Shimanski, periodista.

La primera edición de Voces de Chernóbil data de 1997, es decir, once años después del evento al que se refiere, esto es, el accidente nuclear ocurrido el 26 de abril de 1986 en el reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, de Ucrania. La traducción al inglés aparecería hasta 2005, y no fue sino hasta el 2015 que editorial Debate publica la versión en español. 

El acontecimiento todavía se encuentra al margen de la cultura. Es un trauma de la cultura. Y nuestra única respuesta es el silencio. Cerramos los ojos como niños pequeños y creemos habernos escondido y que el horror no nos encontrará.Yevgueni Alezándrovich Brovkin, profesor de la Universidad Estatal de Gómel.

El libro es un compendio de testimonios —Svetlana Alexiévich entrevistó a más medio millar de personas— de la gente que vivió el desastre. El resultado es una verdadera polifonía, cuya riqueza estriba en la diversidad que permite la contradicción entre posturas, los puntos de vista divergentes, los cruces de perspectivas e intereses…

Y me estoy destruyendo con esta incapacidad de comprender. Porque no reconozco este mundo, un mundo en el que todo ha cambiado. Hasta el mal es distinto. El pasado ya no me protege. No me tranquiliza. Ya no hay respuestas en el pasado. Antes siempre había, pero hoy no las hay. A mí me destruye el futuro, no el pasado.Un psicólogo de nombre Piotr S.

Voces de Chernóbil retrotrae dos cataclismos y la pérdida de un mundo: 

… en la historia quedarán juntos: el desmoronamiento del socialismo y la catástrofe de Chernóbil. Han coincidido. Chernóbil ha acelerado la descomposición de la Unión Soviética. Ha hecho volar por los aires el imperio.Guenadi Grusgevói, diputado del Parlamento de Bielorrusia.

Un mundo se acaba con cada época…

viernes, 10 de febrero de 2017

Apocalíticas Trump-etAss orwellianas / A lomo de palabra

El megalómano y mega-anómalo, narcisista obcecado, mitómano desbocado, bocazas, gárrulo, patán, soez e incivil, zafio, golfo, vulgar, altanero, grotesco y ridículo, chabacano, desvergonzado, macarra, bravucón y pendenciero, depravado, sexista, machista, homófobo, racista, clasista, chovinista, retrógrado y prejuiciado, alevoso, fullero, autoritario y vil personaje que ocupa hoy el cargo de presidente de los Estados Unidos de América, míster Donald Trump-Ass, junto con su caterva de secuaces, su AssCo-mpany, en primerísimo lugar su asesora, la bruja mainstream Kellyanne Conway, seguida del pelmazo de su secretario de prensa, Sean Spicer, han logrado caldear un ambiente mediático espeluznante por entero. Por ejemplo, en su primer encuentro con los señoritos y damiselas de la CIA, míster Trump-etas Apocalípticas presumió ufano y con todas sus letras: I have a running war with the media, lo cual en la lengua de Cervantes se traduce: “Estoy en guerra con los medios de comunicación”. Uno o dos días después, en entrevista con Chuck Todd de la cadena NBC, la arpía Conway menospreció las mentiras descaradas que un día antes había proferido el cortesano Sean Sacos Grandes Spicer, y reveló a las claras el sello de sus estratagemas: Don’t be so overly dramatic about it, Chuck. What it-you’re saying it’s a falsehood… Sean Spicer, our press secretary, gave alternative facts to that. Parlamento que quizá Lope de Vega hubiera expresado en buen cristiano así: “Yo os conmino a que no dramaticéis en demasía, Chuck. Lo que vos proclamáis es un embuste. Sean Spicer, nuestro secretario de prensa, ofreció hechos alternativos”. Y luego, para cerrar la pinza, el propio cortesano Spicer aclaró que no es que él haya querido mentir cuando dijo que el evento de investidura presidencial de su jefe es el que más audiencia haya tenido jamás y punto (this was the largest audience to ever witness an inauguration, period), sino que a veces “pueden estar en desacuerdo con los hechos” (Sometimes we can disagree with facts). Estas tres perlas negras bastaron para que en la mediósfera -digo, porque en su casa, estimado lector, en mi casa, en Disneylandia, en el resto del Gabacho y en el orbe sigue casi todo más o menos igual que hace una semana- se respiraran aires patentemente orwellianos, sensación que ha provocado que cunda desde hace días una especie de déjà vu literario colectivo: ¡Jijos!, como que todo esto nos recuerda algo… ¿no?

1984, la novela de George Orwell (1903-1950), escrita hace casi setenta años, ha resurgido como un bestseller tanto en Estados Unidos como en varios países europeos. Si bien en ninguna parte del libro aparece literal la frase alternative facts, resulta evidente su cercanía semántica con el concepto doublethink -“el poder de mantener dos creencias contradictorias en la mente simultáneamente, y aceptar las dos”-. Desde el día de las funestas elecciones, noviembre 8 de 2016, se han vendido más de 47 mil ejemplares de la obra -en el mismo período el año pasado se colocaron apenas 11 mil-, de modo que Penguin Books ya mandó imprimir 75 mil copias de la novela distópica del británico. El viernes en la noche, 1984 ocupaba dos de los primeros lugares en la lista de bestsellers de Amazon: en el número 1, es decir, como el libro más vendido actualmente, aparece la edición de Signet Classics (Penguin), y en el puesto 4 se halla la edición de Brawley Press.

En el tramo final de la novela, el perverso O’Brien revela el porvenir al protagonista de la novela, Winston Smith: If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face-for ever.’ Una bota estampada en la cara del ser humano…, una figura que muy probablemente influenció al poeta quebequense Leonard Cohen (1934-2016) cuando escribió la letra de su canción The Future: Give me back the Berlin wall / give me Stalin and St Paul / I’ve seen the future, brother: / it is murder. 

Apenas el viernes, Nikki Haley, la nueva embajadora de Estados Unidos en la ONU, en su primera conferencia con los medios acreditados ante el organismo internacional más importante del orbe, mostró el dragón que trae en la lengua: “Tenemos que respaldar a nuestros aliados y asegurarnos de que nuestros aliados nos respaldan. Y quienes no nos respalden, que sepan que vamos a apuntar sus nombres, y vamos a responder como corresponda”. ¿Qué tal, eh? Esta sola declaración amenazante y ruda corrobora muchos de los adjetivos que enjareté en el íncipit de este texto a Donald Trump -en sus orígenes Drumpf, ya que el abuelo del hoy presidente gringo, quien inmigró de Alemania en 1885 y no se hizo ciudadano norteamericano sino 1892, en realidad se llamaba Frederick Drumpf, pero cambió la fonética de su apellido para esquivar la actitud germanófoba que a principios del siglo pasado había en Gringolandia-. Sin embargo, conviene subrayar que al optar por Nikki Haley, Trump-Drumpf colocó no sólo a una mujer en la ONU, sino a una mujer hija de inmigrantes: la señora Haley, quien fuera gobernadora de Carolina del Sur, en realidad se llama Nimrata Nikki Randhawa Haley y es hija de Ajit Singh Randhawa y Raj Kaur Randhawa, quienes llegaron a Estados Unidos procedentes de la India apenas en 1969. ¿Entonces? ¿En qué quedamos, míster?

Las apocalíticas Trump-etAss orwellianas que han rugido sobre todo desde Twitter han logrado una resonancia bárbara en la mediósfera. ¿Por qué? En buena medida por la misma razón por la cual el tipejo logró tanta cobertura gratuita durante su campaña: porque es un payaso divertido, porque acicata el morbo de saber hasta dónde será capaz de llegar, qué será capaz de decir… Trump es un personaje -y quizá ya no quede mucho de una persona bajo su piel- que ofrece una variedad de “hechos alternativos”. Su ascenso en una sociedad aburrida más que por cuestiones ideológicas puede explicarse en términos de rating.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Apocalyptic Orwellian Trump-ets

…the original facts and dates
no longer had the smallest significance.
George Orwell, 1984.


The megalomaniac and mega-anomalous, stubborn narcissist, shameless myth maniac, humbug, lout, rude and uncivil, crude, vulgar, rascal, crass, arrogant, grotesque and ridiculous, sexist, homophobic, racist, classist, chauvinist, retrograde and prejudiced, cheater, authoritarian and vile character that is today the President of the United States of America, Mr. Trump-ets, along with his gang of minions, leading by his advisor Kellyanne Conway the mainstream witch and followed by Sean Spicer, his annoying press secretary, this gang has managed to turn the mood in the media completely horrifying. 

For example, in his first meeting with the ladies and gentleman from the CIA, Donald (apocalyptic) Trump-ets presumptuously claimed: “I have a running a war with the media”. A couple of days later, in an interview with Chuck Todd from the NBV network, the Conway harpy underestimated the outrageous lies, that Sean Two-sizes-larger Spicer had said just the day before, as she reveled the trademark of her team’s scams: “Don’t be so overly dramatic about it, Chuck. What it-you’re saying it’s a falsehood… Sean Spicer, our press secretary, gave alternative facts to that”.

And to wrap up, the very same Sean Spicer clarified that he never really meant to lie when he said that “Trump’s presidential inauguration had the largest audience to ever witness an inauguration, period” its just that “Sometimes we can disagree with facts”.
These three miscreants were enough to give the mediaphere an orwellian vibe, that lead us to a familiar sensation, a literary collective déjà vu.  Woah! Haven’t we seen this before? Or read this before?

1984, the novel by George Orwell (1903-1950), written nearly seventy years ago, has emerged from oblivion as a bestseller in the USA and in many European countries. Even though the book never mentions the phrase alternative facts it is very similar to the orwellian concept doublethink, “the power of maintaining two contradictory beliefs simultaneously and accepting both of them”.

Since November 8th, the tragic day of the 2016 elections, more than 47,000 copies of the novel have been sold, last year in the same amount of time only 11,000 were sold, so Penguin Books decided to print 75,000 more copies of this dystopic British novel. On Friday night, 1984 was leading the ranking of the Amazon bestsellers: the Signet Classics (Penguin) in first place, and in 4th place the Brawley Press edition.

At the ending of the novel, the wicked character O’Brien reveals the future to the novel’s main character, Winston Smith: “If you want a picture of the future, imagine a boot stamping on a human face-for ever”. The Canadian poet Leonard Cohen (1934-2016) was most likely inspired by this quote when he wrote the lyrics to his son The Future: “Give me back the Berlin wall / give me Stalin and St Paul / I’ve seen the future, brother: / it is murder”. 

Just on Friday, Nikki Haley, the new USA ambassador to United Nations had her first press conference, accredited by the he most important international organ of the world, and it was then when she showed her true colors: “We have to support our allies and make sure our allies support us. For those that don't have our back, we're taking names, we will make points to respond to that accordingly”. How about that? This tough and threatening statement confirms most of the adjectives I used to describe Trump —whose last name was originally Drumpf, since his grandfather   immigrated from Germany in 1885 and did not become an American citizen until 1892, he was actually called Frederick Drumpf, but changed the phonetics of his last name to avoid the German-phobia that Americans had at the beginning of the century—.  

However, it’s also important to mention that when Trump-Drumpf gave Nikki Haley her job , he placed not only a woman at the UN, but a woman who was the daughter of immigrants: Mrs. Haley, who was governor of South Carolina, is actually named Nimrata Nikki Randhawa Haley and is the daughter of Ajit Singh Randhawa and Raj Kaur Randhawa, immigrats who arrived to the United States from India in 1969. So Mr. Trump? Make up your mind.

The orwellian apocalyptic Trump-ets that have been buzzing mostly on Twitter have had a huge impact in the media. Why? In large part for the very same reason why the bastard managed to get so much free coverage during his campaign: because he is an entertaining clown, because he leaves us wondering how far can he go?, what irreverence will he say now?. Trump really is a amusing character (and he might still be a human being after all) that offers a collection/variety of “alternative facts”. His rise in a bored society is thanks to his high rating not to his ideology.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Cuatro estaciones en La Habana en Netflix

Leonardo de la Caridad Padura Fuentes nació en La Habana, en Mantilla, cuatro años antes del triunfo de la Revolución Cubana. En 1988 publica su primera novela, Fiebre de caballos, y tres años después, con Pasado perfecto, da vida al personaje que le daría fama dentro y fuera de la isla, y sobre quien más ha escrito, Mario Conde, policía en las primeras cuatro entregas y luego investigador por cuenta propia. Además de las ocho novelas policiacas en las que Conde aparece, Leonardo Padura ha publicado tres novelas más: Fiebre de caballos, La novela de mi vida (2002) y, mi favorita, El hombre que amaba a los perros (2009). Padura agrupa sus cuatro primeras novelas policiacas en conjunto que llama Cuatro estaciones, dado que cada una de ellas está ambientada en una estación distinta del año. Hace apenas unas semanas, en los primeros días de diciembre, Netflix estrenó la miniserie Cuatro estaciones en La Habana, una producción Tornasol Films y Nadcon Film, basada en la adaptación de dicha tetralogía: Pasado perfecto (1991), Vientos de cuaresma (1994), Máscaras (1997) y Paisaje de otoño (1998).

Los cuatro episodios fueron filmados en la capital de Cuba; cada uno tiene una duración de hora y media, y todos fueron dirigidos por el español Félix Viscarret. Guiones inteligentes —el mismo Padura y su esposa, Lucía López Coll, se encargaron de la adaptación—, excelentes actores y actrices —ninguno del redil mainstream holliwoodense—dan vida a los personajes —Mario Conde, interpretado por Jorge Perugorría—, la musicalización es de primera y la calidad del trabajo fotográfico hacen que la miniserie sea una enormemente disfrutable. Ahí está la recomendación…


sábado, 17 de diciembre de 2016

Tres perlas de sabiduría ibargüengoitiana


Jorge Ibargüengoitia (1928-1983) no sólo era muy gracioso, también tiraba frecuentes destellos de genialidad. O quizá tuviera un gran sentido del humor precisamente porque era un tipo muy lúcido. Rescato enseguida algunas perlitas de sabiduría ibargüengoitiana, tomadas de algunos de sus textos reunidos en el volumen Viajes en la América ignota (Joaquín Mortiz, 1972) —todos los cabezales me atreví a ponerlos yo—.

Vampiros vs otomíes

La vampirología es un conocimiento extenso. Admirable si se tiene en cuenta que es el estudio de algo que no existe. Además de ser extenso, está muy extendido: la gente común y corriente sabe más de los vampiros que de los otomíes, por ejemplo.

Clasemedieros en tiempos de depresión

Hay muchos que hablan de la actual depresión económica, sobre todo cuando se trata de pagar deudas, pero hay que confesar que la mayoría de la gente de clase media sigue gastando más de lo que tiene y ganando más de lo que merece.

Civismo urbano

Al igual que las especies animales, según parece, evolucionan de acuerdo con las necesidades que les impone el medio que las rodea, los monumentos sufren una evolución, de acuerdo a las necesidades de los gobiernos que los mandan hacer.

martes, 29 de noviembre de 2016

El olvido y la futilidad

All people know the same truth.
Our lives consist of how we choose to distort.
Woody Allen

¿Recuerdan aquella anécdota que Milán Kundera (Brno, Checoslovaquia; 1929) narra en el capítulo inicial de El libro de la risa y del olvido? Seguramente quedará como una de las estampas más representativas del siglo XX. El novelista cuenta en apenas cuatro párrafos cómo el poder estatal totalitario checo desapareció a un hombre de la memoria colectiva. El episodio inicial ocurrió en febrero de 1948, cuando Klement Gottwald, el hombre fuerte del comunismo estalinista checoslovaco, dirigía una arenga a los miles y miles de sus conciudadanos que abarrotaban la Plaza de la Ciudad Vieja de Praga. El aguerrido líder se encontraba acompañado por sus principales colaboradores, entre otros, junto a él, Vladimir Clementis. “La nieve revoloteaba, hacía frío y Gottwald tenía la cabeza descubierta. Clementis, siempre tan atento, se quitó su gorro de pieles y se lo colocó en la cabeza a Gottwald. El departamento de propaganda difundió en cientos de miles de ejemplares la fotografía del balcón desde el que Gottwald, con el gorro en la cabeza y los camaradas a su lado, habla a la nación. En ese balcón comenzó la historia de la Bohemia comunista. Hasta el último niño conocía aquella fotografía que aparecía en los carteles de propaganda, en los manuales escolares y en los museos”. Pero los acontecimientos dieron algunas volteretas y cuatro años después Clementis caería en desgracia; sería acusado de desviacionismo y poco después de algo mucho más grave: nacionalismo burgués y trotskismo. Sería ejecutado en la horca el 3 de diciembre de 1952. Kundera no cuenta aquí que el cadáver fue calcinado y que sus cenizas fueron esparcidas en una carretera. En cambio, el narrador registra lo que ocurrió con sus rastro: “El departamento de propaganda lo borró inmediatamente de la historia y, por supuesto, de todas las fotografías. Desde entonces Gottwald está solo en el balcón. En el sitio en el que estaba Clementis aparece sólo la pared vacía del palacio. Lo único que quedó de Clementis fue el gorro en la cabeza de Gottwald”. 

Hoy no es necesario borrar a nadie de las fotografías —cosa que además sería imposible, dada la explosión de imágenes que se ha experimentado en los últimos años—, todo indica que basta con desconocer el pasado o sencillamente minimizar la importancia o trascendencia del hecho o personaje que hoy resulten una molestia. Claro, hay un ejemplo reciente: el 23 de mayo de 2012, siendo candidato del PRI a la Presidencia de la República, Peña Nieto declaró en un programa de Televisa que Javier Duarte de Ochoa, hoy prófugo de la justicia —es un decir— era un ejemplo —bueno, se entiende— de la sangre nueva de su partido. Entonces no sólo se refirió a quien ya fue expulsado del PRI por corrupción, sino que presumió en la mesa un póquer de correligionarios modelo: “es un PRI que ha venido renovándose en su interior donde hay presencia de las nuevas generaciones… jóvenes o actores de la nueva generación política… el gobernador de Quintana Roo, Beto Borge; el gobernador de Veracruz, Javier Duarte; César Duarte, el gobernador de Chihuahua; el gobernador de Campeche…, todos son parte de una generación nueva que ha sido parte de este proceso de renovación del partido”. Sin embargo, hace unos días, en el marco de un foro organizado por el grupo El financiero-Bloomberg, al ser cuestionado si aún consideraba a Duarte como un priísta ejemplar, el hoy presidente contestó: “No recuerdo yo la alusión, pero seguramente en algún momento la hice, si es la referencia que hacen…” Peña no opta por esquivar la pregunta, no se enoja ni reprende. Ni siquiera se trata de una negación contundente —“¡Eso no es verdad, es usted un mentiroso!”—. El mandatario tampoco adopta la postura del amnésico  —“¡¿Yo?! ¿Está usted seguro de que yo dije eso…?! ¡No, no puede ser! No recuerdo nada—. La respuesta minusvalora no sólo la pregunta sino el hecho referido: “no lo recuerdo porque no es importante, quizá así haya sido, y eso porque usted lo menciona, pero no tiene caso que lo traiga a cuento, no es relevante…”

En el primer caso, el gobierno totalitario de Gottwald en Checoslovaquia apostó al olvido, y perdió. Por la publicación de El libro de la risa y del olvido (1981), el gobierno comunista de Checoslovaquia rescindió a Milán Kundera su ciudadanía. Él, desde 1975, vivía en Francia. Hoy, el escritor checo tiene 87 años de edad, sigue viviendo en Francia y desde 1993 dejó de escribir en su idioma natal. También en 1993, Checoslovaquia dejó de existir; de la escisión de lo que fue su territorio surgieron Chequia y Eslovaquia. Hoy cualquiera puede teclear en Google “klement gottwald and clementis”, para encontrar de inmediato la fotografía, la original y la purgada.

En el segundo caso, la apuesta no es por el olvido sino por la futilidad, y al parecer lleva las de ganar. Las palabras dichas en el pasado ya no importan. La verdad va perdiendo peso y los hechos dejan de ser la carga definitoria de los argumentos.

sábado, 5 de noviembre de 2016

El mapa es el territorio

Los Anales de Buenos Aires, dirigida por Jorge Luis Borges (1899-1986), comenzó a circular en 1946. A partir del número tres de la revista, bajo genérico de “Museo”, comenzó a publicar un tal B. Lynch Davis, un desconocido. Su primera colaboración se tituló “Del rigor de la ciencia”, y aparentemente a ello, al encabezamiento, se reducía el aporte creativo del señor Lynch Davis, puesto que el texto se presentaba como un extracto tomado de un libro antañón, según se citaba ahí mismo: “Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes, Libro IV, Gorra. XLV, Lérida, 1658.” En el fragmento —apenas 118 palabras— Suárez Miranda —también un enigma— informa —el lector puede suponer que gracias los mentados varones prudentes— que en un tiempo pretérito distante —pero indeterminado—, en un Imperio anónimo y atópico —al que aquellos personajes habrían viajado— sucedió un prodigio: “los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él”. Para cuando fue reportado el caso —mucho antes de que Suárez Miranda lo publicara—, el mapa escala 1:1 de aquel Imperio ya era solamente una reliquia.

Hoy cualquiera sabe que Honorio Bustos Domecq era un pseudónimo con el cual firmaban Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (1914-1999) cuando escribían juntos —su origen lo explicó el propio Borges: “Bustos era un bisabuelo mío y Domecq un bisabuelo de Bioy”—. Pero en 1946, cuando apareció Dos fantasías memorables, para muchos lectores aquel librito era el segundo de un narrador que ya cuatro años antes había sorprendido con su primer libro (Seis problemas para don Isidro Parodi). Más inescrutable resultaba el apelativo B. Suárez Lynch, quien el mismo año publicó Un modelo para la muerte, ¡con prólogo de Bustos Domeq! Par de mañosos: Suárez como el Suárez Miranda del siglo XVII y Lynch como el colaborador de Los Anales de Buenos Aires.
Años después Jorge Luis explicaría: “La B era, supongo, la de Bioy y Borges, el Suárez correspondía a otro bisabuelo mío y el Lynch a un bisabuelo de Bioy”. 

Así que Suárez Miranda y su libro son un invento, tanto como B. Lynch Davis. ¿Ficciones de los dos amigos porteños? Pues quizá no, porque “Del rigor de la ciencia” sería incluido tanto en la edición de 1954 de Historia universal de la infamia como en El hacedor, de 1960, como se sabe, ambos libros firmados sólo por Borges.

¿Entonces el mapa escala 1:1 es ocurrencia original de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo? En el prólogo de la segunda edición de Historia universal de la infamia —en la que, ya decíamos, se incluye “Del rigor de la ciencia”—, el argentino dice que sus textos breves antologados en ese libro no son suyos, al menos no del todo: “Son el responsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias”.
Si realmente fue así, ¿a quién pudo haber birlado la idea de un mapa de igual tamaño al territorio que pretende representar? Muchos creen que a un diácono británico, spientísimo en matemáticas y lógica, llamado Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), a quien debemos varios libros maravillosos, particularmente los que firmó con el pen name que lo hicera famoso: Lewis Carroll. Efectivamente, la semana pasada recordaba yo que en su novela Silvia y Bruno uno de los personajes, un forastero estrafalario, cuenta que en su tierra alguna vez habían hecho “un mapa del país, en serio, ¡a una escala de una milla por milla!” Por otra parte, la admiración que Borges sentía por el autor de Alicia en el país de las maravillas es bien conocida y documentada. Léan ustedes, por ejemplo, “El sueño de Lewis Carroll”, una de las últimas piezas publicadas por Borges —él viejo falleció el 14 de junio de 1986 y el texto apareció en El país el 9 de febrero anterior—. 

Pues sí: bien puede ser que agazapado entre los varones prudentes de Suárez Miranda esté el Mein Herr de Lewis Carroll. Pero qué tal que lo que a todas luces parece una pipa no sea una pipa; quiero decir, qué tal que Borges, fullero, hubiera leído no sólo a Carroll sino también a Alfred Korzybski (1879-1950), quien, como se sabe, acuñó la expresión “el mapa no es el territorio”. Lo que quizá no se recuerde es que si bien la primera vez que apareció escrito el aforismo fue en 1931 —en una ponencia de título rimbombante: A Non-Aristotelian System and its Necessity for Rigour in Mathematics and Physics—, alcanzaría fama a partir de que el propio Korzybski reflexionara sobre su origen en su libro Science and Sanity (1933) —en el que, por cierto, acepta que la formulación original tampoco es de él, sino del escritor de ciencia ficción Eric Temple Bell (1883-1960), quien había ya escrito: the map is not the thing mapped—. Ciencia y cordura, como habría que traducir el libro de Korzybski, es un título cercano a “Del rigor de la ciencia” de Borges. Pero sobre todo, me parece que hay que prestar atención al hecho de que la micro ficción del argentino termina refutando del todo al polaco: “En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”. Es decir, el mapa borgiano, aunque runinoso, para aquellas bestias y aquellos menesterosos, era el territorio.