Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

sábado, 15 de julio de 2017

Todos mienten

Dios nos cubrió el cerebro con un cráneo
para que nadie mire en su interior.
¿Cómo se podría vivir sabiendo lo que el otro piensa?
Isaac Bashevis Singer


2:40 am: el insomnio volvió a ganar el pleito. Suspiras. Te levantas de la cama y, tratando de no hacer ruido, caminas al living. Prendes un cigarro. Prendes la computadora… Abres Chrome. Tecleas: “cómo le hago para…”, así, sin el signo de interrogación que abra la pregunta que no necesitarás cerrar antes de que Google complete la oración con las cinco búsquedas más frecuentes…:
… descargar música… recuperar mi cuenta de facebook… descargar videos… dormir… sacar mi rfc
Desplazas el cursor a la penúltima opción. Cliqueas.

Minutos antes, la vecina del departamento 8, también insomne, escribió en la barra de búsqueda: “me siento…” Los algoritmos de Google terminaron de inmediato el enunciado: 
… triste… sola… mal… tan sola
La gente busca guía en internet para resolver todo tipo de inquietudes, desde las más generales hasta las más específicas. ¿Cuáles son las consultas más frecuentes relacionadas con, pongamos por caso, la circunstancia de ser ciudadano de este país? Para averiguarlo, basta digitar “soy mexicano y…”:
… quiero trabajar en Canadá… quiero trabajar en Australia… quiero vivir en España… quiero vivir en Argentina
La diáspora como la esperanza generalizada; el anhelo nacional, salir corriendo… 

En la introducción a su libro Everybody Lies: What the Internet Can Tell Us About Who We Really Are (Harper Collins, 2017), Seth Stephens-Davidowitz afirma: “El poder de los datos de Google es que la gente le cuenta al gigantesco motor de búsqueda cosas que no le diría a nadie más”. Cierto, e ipso facto desde la inmensidad del llamado big data es posible desplegar un espejo que nos destapuja a todos. “Después de googolear sobre la NFL y música rap, un hombre se toma un momento para preguntar en el motor de búsqueda: ‘¿Es normal soñar que uno besa a otros hombres?’” La búsqueda queda registrada. Ningún otro mecanismo tiene tal poder. Por ejemplo, esto es lo que los internautas en México han googoleado últimamente, al formular el planteamiento práctico “quiero saber cómo…”: 
… hacer el amor… tú te fijes en mí… hacer un pacto con la san de la muerte… hacer bien el amor… hacer un testamento
En su prólogo a Everybody Lies, el prestigiadísimo doctor Steven Pinker sostiene que ninguno de los métodos de los que dispone hoy la ciencia —tiempos de reacción, dilatación de la pupila, neuroimágenes funcionales, electrodos implantados, etcétera— proven una visión franca de la mente. “Si nos concentramos en medidas que son fácilmente cuantificables, como el tiempo de reacción a las palabras, o la respuesta de la piel a las imágenes, podemos generar estadísticas, pero apenas hemos rasguñado la textura compleja de cognición. Las metodologías más sofisticadas de neuroimagen pueden mostrarnos cómo un pensamiento se extiende en el espacio tridimensional, pero no pueden decirnos en qué consiste”. Por lado, el psicólogo experimental especializado en procesos de cognición y lenguaje acepta que indagar por medio del diálogo nunca alcanza: “las proposiciones en toda su enmarañada gloria multidimensional son muy difíciles de analizar para un científico”. Además, ¿a cuánta gente habría que entrevistar?, ¿de qué tamaño es una muestra realmente representativa?  En contraste, el doctor Pinker se manifiesta entusiasta respecto a los hallazgos en la www: “Este libro aborda un método totalmente nuevo para estudiar la mente humana. La big data de internet y otras reacciones en línea… permiten un vistazo sin precedentes en la psique de las personas”. Everybody Lies… ofrece un panorama actualizado de las potencialidades alucinantes que la vida en línea nos depara: “En la privacidad de sus teclados, las personas confiesan las cosas más extrañas, a veces (como en los sitios de citas o las búsquedas de asesoramiento profesional) porque tienen consecuencias reales, otras veces precisamente porque no tienen consecuencias: la gente puede desahogarse de algún deseo o temor sin que otra persona real reaccione con consternación o peor”.

Como Pinker —“una y otra vez mis ideas preconcebidas sobre mi país y mi especie fueron revueltas”—, no paro de asombrarme. Un botón de muestra, acabo de realizar una pequeña exploración: a partir de su condición de edad, ¿sobre qué googlea la gente? Enseguida, solamente las primeras tres búsquedas:

Tengo


Tengo

15 años y
quiero trabajar

28 años y
nunca he tenido novio
me mide 10 cm

no tengo novio
quiero bahar de peso

tengo arrugas
16 años y
quiero trabajar

29 años y
nunca he tenido novia
quiero tener relaciones

no tengo novia
me mide 12 cm

nunca he trabajado
17 años y
quiero trabajar

30 años y
nunca he tenido novio
nunca he tenido novia

no tengo novia
no se me para

no tengo nada
18 años y
nunca he tenido novia

31 años y

no tengo novio
quiero una tarjeta de crédito

soy virgen
nunca he tenido novio un he besado

me siento vieja
19 años y
nunca he tenido novia

32 años y
no tengo cartilla militar
nunca he tenido relaciones

nunca he trabajado
no me sale barba

quiero bajar de peso
20 años y
nunca he tenido novio

33 años y
no tengo novia
tengo cuerpo de niña

me siento viejo
tengo canas

no sé qué hacer con mi vida
21 años y
nunca he tenido novio

34 años y
vivo con mis padres
no se me para

me siento vieja
me duele el corazón

quiero embarazarme
22 años y
nunca he tenido novio

35 años y
tengo acné
soy virgen

quiero embarazarme
no tengo novia

no se me para
23 años y
nunca he tenido novio

36 años y
estoy embarazada
mis padres me controlan

no sé que hacer con mi vida
tengo arrugas en los ojos

quiero estudiar
24 años y
nunca he tenido novia

37 años y
estoy embarazada
me dicen señora

me siento vieja
me siento viejo

no puedo quedar embarazada
25 años y
nunca he tenido novio

38 años y
estoy embarazada
quiero estudiar

me siento muy cansada
nunca he tenido relaciones

quiero embarazarme
26 años y
nunca he tenido novio

39 años y
estoy embarazada
me dicen señora

no me baja la regla
vivo con mis padres

quiero embarazarme
27 años y
nunca he tenido novio

40 años y
no puedo bajar de peso
no tengo novio

nunca he tenido novio
no se me para

quiero estudiar






Psicólogos, ¡a un lado! Sociólogos, a trabajar que hay mucha tela de donde cortar.

viernes, 7 de julio de 2017

Cinco ciudades y una tumba

Una tumba es suficiente para quien el mundo no bastara.
Epitafio de Alejandro Magno


Dodona

Hace 2373 años nació Alejandro Magno. Su madre, una mujer afecta a cambiarse el nombre —de niña se llamó Políxena, luego Myrtale, enseguida Olimpia y, ya longeva, Estratonice—, era hija del rey Neoptólemo I de Epiro, rey de Molosia, quien presumía ser descendiente nada menos que de Aquiles. La princesa seguramente nació en Dodona, un asentamiento antiquísimo cuyos orígenes se remontan a la época micénica (1600 – 1200 a. C.), y en donde, por cierto, se encontraba el oráculo helénico más vetusto.

Theatron de Dodona
En la época en la que nació Olimpia, alrededor del 373 a. C., su terruño, como en general todo el norte de Grecia, “con excepción de algunas zonas costeras, no estaba urbanizado”, y “las formas monárquicas más antiguas de gobierno dominaban a grupos de población organizados aún de manera tribal”. Quizá ni siquiera a Dodona deberíamos considerarla una ciudad. En contraste, en la Grecia mediterránea la organización sociopolítica en torno a la polis tenía tiempo de haberse consolidado, así que “muchos griegos del suroeste… consideraban bárbaros a los pobladores tanto de Epiro como de Macedonia…” (Elizabeth Carney, Olympias: Mother of Alexander the Great. Routledge, 2006).

Pella

Para convertirse en la esposa principal del rey Filipo II de Macedonia, Olimpia tuvo que recorrer unos 290 kilómetros al noreste —Google Maps calcula que el viaje a pie hoy le tomaría a una persona 65 horas—.


El matrimonio se celebró en el 357 a. C., en la ciudad que desde el siglo V a. C. era la capital del reino macedonio, Pella —las ruinas de su ágora se localizan a unos 35 kilómetros al noroeste del extremo septentrional del golfo de Tesalónica—. Al año siguiente, Olimpia trajo al mundo a un niño, Αλέξανδρος, quien, antes de cumplir 33 años de edad, moriría. Corta vida, pero bien aprovechada: para entonces, el joven no sólo era el Rey de Macedonia, también había logrado convertirse en Hegemón de Grecia, Faraón de Egipto y Gran Rey de Media y Persia. La destreza bélica de Alejandro Magno, el genio griego y la fortuna consiguieron que el macedonio llevara sus conquistas hasta las puertas de la India. Su última gran batalla —que ganó— tuvo lugar en las cercanías del río Hidaspes —hoy territorio de Pakistán—; en línea recta, se hallaba a 4,614 kilómetros del sitio en donde había nacido. 

Babilonia

Después de dar por terminada la campaña en el valle del Indo, Alejandro Magno y sus ejércitos emprendieron el viaje de regreso hacia Occidente. Tres años después de la batalla de Hidaspes, Alejandro partiría de este mundo. ¿Envenenamiento, pancreatitis, fiebre del Nilo…? Misterio…, el caso es que la muerte le puso el alto en julio 10 ó 13 de 323 a. C. Se encontraba en el palacio de Nabucodonosor II, en Babilonia.


El joven había externado su deseo de hacer de la milenaria ciudad de la alta Mesopotamia la capital de su enorme imperio —5.2 millones de kilómetros cuadrados—. De la existencia de Babilonia se tienen noticias al menos desde tiempos de Sargón el Grande (c. 2270 – 2215 a.C); siglos más tarde había sido la orgullosa capital del imperio Primer imperio Babilónico, cuyo esplendor sucedió siendo rey Hammurabi, en el siglo XVIII a. C. La ciudad que fascinó a Alejandro Magno había sido reconstruida por el caldeo Nabucodonosor II (c. 630 – 562 a. C.), apenas unos tres siglos atrás. Un par de años después de su muerte, el cadáver de Alejandro Magno salió de Babilonia, transportado en un magnífico carruaje funerario. Se supone que lo llevarían hasta su ciudad natal, pero en realidad jamás llegaría a Pella. En dado caso, desde Babilonia, habría tenido que ser trasladado a lo largo de más de 2650 kilómetros. En cambio, lo último que se sabe con certeza de los restos del gran guerrero macedonio es que su última tumba estuvo en Alejandría, y fue saqueada por los romanos en los primeros años de nuestra era.

Menfis

Se estima que hace 4250 el asentamiento humano más poblado de todo el orbe era Menfis, una ciudad fundada por el primer faraón de Egipto, Narmer, hará cosa de unos 5065 años. Menfis se mantendría como capital de Egipto durante la friolera de milenio y medio. El sitio arqueológico se encuentra a unos 20 kilómetros al sur de la moderna ciudad de El Cario. En Menfis perduran cuatro campos de pirámides, Guiza, Abusir, Dahshur y Saqqara; en este último, en 1853 el egiptólogo francés Auguste Mariette descubrió un Serapeum, enclavado en la necrópolis de los Apis. Ahí, en el Serapeum de Menfis reposó el cadáver de Alejandro, durante 42 años.


Como bien se sabe, Ptolomeo I Soter (367 – 283 a. C.) —nombrado gobernador provisional de Egipto y Libia por Prédicas, uno de los generales y diádocos más importantes de Alejandro Magno— interceptó el cortejo fúnebre con el cuerpo de Alejandro y lo trasladó a Menfis. Es posiblemente que lo haya colocado en la tumba vacía que había sido preparada para para el faraón Nectanebo II, quien no tendría ocasión de usarla, puesto que mucho tiempo atrás, huyendo de los persas, había salido de Egipto hacia Libia. Dos rumores agregan condimento a los sucesos: se decía que en realidad el padre de Ptolomeo I Soster había sido Filipo II, y según el otro chisme, el verdadero padre de Alejandro fue el faraón Nectanebo I, quien fue recibido en asilo político en la corte de Macedonia —huía también de los persas—, en la que se desempeñó como mago…, y encantó a la señora Olimpia.

Alejandría

No fue sino hasta el 280 a. C. que Ptolomeo II Filadelfo dispondría llevar el cadáver de Alejandro III de Macedonia a Alejandría.

sábado, 1 de julio de 2017

Ciudad-estadio

Indicio

Una pesquisa está avanzando si uno se ve obligado a formular cada vez más preguntas. Las certezas, azolve del entendimiento, sólo se van dragando apartándose de la tierra firme del lugar común. La barca de la duda desazolva, pero no conoce puerto.


Duda

¿Qué demonios es una ciudad?


Desazolve


En el extremo occidental de la península de Anatolia, a menos de sesenta kilómetros del mar Egeo, se localizaba la ciudad de Magnesia del Sípilo. El asentamiento fue fundado por expedicionarios griegos de Tesalia, en un territorio que tiempo atrás, a mediados del siglo XIV a. C., había tenido presencia hitita. “Según la tradición, las ciudades de Magnesia del Meandro y Magnesia del Sípilo fueron instauradas al mismo tiempo por soldados del ejército de Agamenón, después de la Guerra de Troya. Se trata de las únicas ciudades importantes establecidas tierra adentro del Egeo durante la migración helénica hacia Anatolia de finales del segundo milenio a. C.” (John Freely, The Western Shores of Turkey. Tauris Parke, 2004). Cuenta Estrabón en su Geografía que, al establecer las Magnesias, los tesalianos contaron la ayuda de colonos cretenses, por lo cual ninguna de las dos ciudades fue considerada como integrante de la Liga Jónica. Al transcurrir de los años y dados los violentos empujones usuales entre los hombres, Magnesia del Sípilo fue parte de los imperios aqueménida, macedonio, seléucida, romano, bizantino, de Nicea y otomano. Actualmente, en donde estuvo Magnesia del Sípilo se halla una pujante ciudad turca: Manisa.


Durante la última década del siglo pasado, gracias a la bonanza económica suscitada por la instalación de maquilas, Manisa se triplicó. Hoy viven ahí poco más de trescientas mil personas; en términos poblacionales es una urbe similar a Tehuacán, Puebla. Más o menos el doble de la gente que vive en Manisa habita en la ciudad de Oaxaca de Juárez.

Los (mal) llamados Alebrijes de Oaxaca lidian por ascender a la primera división del fútbol mexicano. De local, el equipo juega en el Estadio Tecnológico. Inaugurado en 2016, el recinto tiene capacidad para 17 mil espectadores.


Según el sitio especializado stadiumdb.com, la casa del conjunto oaxaqueño ocupa el lugar 17 entre los mejores estadios del mundo. En el primer escaño figura el Vodafone Park, un estadio turco. El inmueble, con un aforo para 41 mil almas, es sede de las Águilas Negras del Beşiktaş, un popular equipo profesional de fútbol.

El Vodafone Park está en Estambul, la ciudad más poblada de Turquía —15 millones de habitantes—, apenas a unos metros del Bósforo, del lado europeo de la ciudad. En Manisa, compartiendo el estadio 19 de Mayo, juegan dos clubs de la Súperliga turca, el Manisaspor y el Akhisar-Belediyespor. Cuando a alguna de estas escuadras le toca enfrentarse con el Beşiktaş de Estambul, su hinchada se desplaza unos 450 kilómetros al norte por la carretera 881.


Para ir más lejos, hace más 2150 años, de la misma ubicación debió de haber partido, no con rumbo norte sino hacia el oeste, un tal Pausanias, de quien muy poco sabemos además de que escribió diez libros de viajes, conocidos todos con un título genérico: Descripción de Grecia. “Debido a sus citas frecuentes a la zona del monte Sípilo, se le conjetura una proveniencia jónica…, en especial de Magnesia de Sípilo. Se han vertido ríos de tinta en ajustar las fechas tanto de su biografía como de su perigenesis, y por acuerdo unánime se acepta que aproximadamente en la década de los sesenta del siglo II d. C. emprendió su escritura, y que cumplido el 174 continuaba en ella…” (Jorge García Sánchez, Viajes por el Antiguo Imperio romano. Nowtilus, 2016). Al refierirse a Panopea (Libro X), un poblamiento localizado en la región de Fócide, Pausanias establece algunos criterios para determinar si un asentamiento debe ser considerado o no una ciudad: “Desde Queronea hay veinte estadios [600 pies por estadio] a Panopea, ciudad de los fócidos, si uno puede dar el nombre de ciudad a la que no posee ningún edificio de gobierno, ningún gimnasio, ningún teatro, ningún ágora, en donde no hay agua que descienda a ninguna fuente…” Retóricamente, Pausanias niega que Panopea haya tenido los atributos para considerse una ciudad. Para hacerlo, no trae a cuento el criterio que la mayoría de nosotros usaríamos, esto es, el del tamaño del asentamiento, medido no en cuanto al espacio que ocupa sino por la cantidad de gente que lo habita.

— ¿Es grande Calvillo?

— ¿El municipio de Aguascalientes? 

— La cabecera municipal…

— En 2010 tenía 19,742 habitantes, pero si le sumamos la gente de La Panadera, El Cuervero y Ojocaliente, que están pegados, más de 30 mil.

Pausanias preguntaría si la localidad tiene edificios públicos, fuentes y sobre todo un ágora en la que sus ciudadanos se reúnan. Y nosotros deberíamos escatimar entonces a Calvillo la condición de ciudad, dado que, si bien tiene un parque de béis, carece de un estadio, lo que quizá es el ágora/theatron moderno. 


En Zacatepec, Morelos, en donde radican si acaso unas 45 mil personas cuenta desde hace años con el famosísimo “Coruco” Díaz, un estadio en el que cabría la mitad de su población —24 mil espectadores—. En cambio, Martínez de la Torre, Veracruz, que no tiene estadio, es una población mucho más grande: el censo de 2010 contó más de 60 mil habitantes, y si consideramos a la gente de Independencia, la cifra se eleva a más de 75 mil.


Y hay que considerarlos: si el enrome estrecho del Bósforo que separa Europa de Asia no hace de Estambul dos ciudades distintas, ¿por qué habríamos de aceptar que el moribundo río Filobobos sea suficiente para separar a Martínez de la Torre de Independencia?



La barca de la duda no llega a puerto, toma impulso: ¿dónde termina una ciudad? 

viernes, 23 de junio de 2017

El sin-trato social

Antes de examinar el acto por el cual el pueblo elige a un rey,
sería conveniente examinar el acto por el cual un pueblo es un pueblo.
Pues siendo este acto necesariamente anterior al otro,
es el verdadero fundamento de la sociedad.
Jean-Jacques Rousseau, El contrato social o los principios del derecho político.


Hace quince días me ocurrió algo que jamás me había sucedido… Más allá de lo anecdótico, creo que encierra algo, que significa algo…

4:45 pm; tarde agradable, ligeramente nublada y, por fin, sin el agobio que durante los últimos días nos ha causado a más de veinte millones de seres humanos la cauda de contingencias ambientales… Tomé una bicicleta en la estación 363 de ecobici, la que está en Holbein y Pablo Ucello. Me tocó la 5. Acomodé la chamarra y el portafolios en la canastilla. Me remangué la camisa y unos pedalazos más adelante, tomé la ciclovía que va sobre avenida Patriotismo o Circuito Interior o Circuito Bicentenario, depende el letrero que veas… Lo primero, esquivar a los transeúntes que aguardan en la esquina el cambio de luz en el semáforo y al auto que siempre está esperando que alguien salga del banco que está en la esquina… No es para menos: hace como un año mataron ahí a una señora que acababa de retirar cinco mil pesos del cajero automático… A esa hora ya están levantando todos los puestos de comida, así que hay que tener cuidado con la gente que trajina entre la banqueta y la ciclovía, lavando trastes, guardando mercancía en cajas, cargando los diablitos…, y también con los peatones que se quedan sin paso franco sobre la acera e invaden la ciclovía para poder seguir su camino… Pasé Eje 6 Sur, Tintoreto, entre los coches y camiones atascados bajo el paso a desnivel, y metros más adelante llegué al punto más peligroso del recorrido: el cruce de Patriotismo con San Antonio y Río Becerra… Pasé sin pena ni gloria, y lo que sigue es pan comido: despejado y de bajada… Ruedo hasta Calle 17, y vuelta a la derecha para entrar a la colonia… Sólo una cuadrita antes de llegar a la lateral de Río Becerra… Ahí, a la sombra del distribuidor vial que sube hacia el segundo piso de San Antonio, más vale hacer alto total. Puede ocurrir una de tres… Una: que corras con un chorro de suerte y te toque una interrupción en el chorro continuo del fluido vehicular, y entonces cruces sin problemas. Dos, lo contrario y más frecuente: que te toque un torrente colmado de automotores y sea necesario esperar y esperar ahí durante varios minutos hasta que algún piadoso se compadezca, meta freno y te ceda el paso. Y, tres: que el paso parezca franco pero venga enfilado un auto que, si acelera, seguramente te prendería a medio cruce… En este caso, que fue lo que me tocó en suerte el martes, la estrategia es mantenerte con el pie presto para dar el pedalazo de arranque y tirar la mirada al parabrisas del coche que se aproxima, con la intención de lograr contacto visual con el conductor, poner cara de buena gente y esperar con esperanza de que él o ella se detenga civilizadamente y conforme dicta el reglamento de tránsito de la Ciudad de México… Así que ahí me tienes, atento al vehículo que avanzaba hacia mí. Era auto mediano, quizá un jetta de modelo reciente, bien cuidado y limpio… Lo conducía un hombre de barba canosa, pulcra… Camisa de vestir, chaleco y corbata… Lentes de pasta. A unos cuantos metros de llegar a la confluencia logré hacer contacto visual… Él me ubica… ¿Se va a detener? Sostenemos mutuamente la mirada…, se acerca… Muy poco antes de llegar al cruce, el hombre levanta el brazo derecho, me muestra la mano abierta, la cierra y sólo deja el índice: lo mueve de un lado a otro… Con el dedo me dice que no: no, no, no… ¡Qué mezquino!, pienso… Pero no es todo, ya frente a mí, atenúa la velocidad, baja el índice y erecta el medio, obsceno, y a medio camino deja el índice y el anular: procaz me muestra la seña soez, una carnosa representación del milenario falo ofensivo… Me mira triunfante, burlón, majadero… y hasta se da el lujo de girar un poco la cabeza mientras atraviesa ufano…

¿Qué diablo fue eso? No sólo no me deja pasar, encima me insulta… ¿Por qué? ¡¿Qué gana?! Jamás me había pasado nada igual… ¿Significa algo o sencillamente me tocó un orate al volante? ¿La mujer lo maltrata, el jefe lo humilla, sus compañeros de trabajo lo ningunean, y él se trepa al coche con la determinación de cobrarse todas las afrentas a la menor oportunidad que le dé la ciudad? ¿Será? ¿O será el hartazgo, el encabronamiento, la impunidad asegurada por casi todo y para casi todos? Me quedo ahí parado observando cómo se aleja el conciudadano que, sin motivo ni ganancia aparente, desde su perspectiva me acaba de agraviar… La sorpresa deja muy atrás al enojo, que no llega, no me alcanza…, como sí lo hace, raudo, el desconsuelo…

El contrato social está tronando. A partir del ejemplo que todos los días se pone desde arriba, desde los cargos públicos, el agandalle se está generalizando como única estrategia eficaz de vida… Lo peor es que, de seguir las cosas así, no esperes un estallido social, una revuelta… una conmoción, cualquiera, que incite un cambio. No, lo que sigue es más degradación, y para tocar fondo falta mucho…, si es que hay fondo. El sin-trato social cunde. 

viernes, 16 de junio de 2017

Urbanitas nómadas

I am an exile; citizen of the country of longing.
Suketu Mehta, Maximum City: Bombay Lost and Found


Suena ridículo, pero en estricto sentido, antes que chilango, soy juarense. Ocurre que me apersoné en el mundo en la delegación Benito Juárez del hasta hace poco Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Prácticamente toda mi infancia la pasé en otra demarcación capitalina, Iztapalapa, contigua de la Benito Juárez. Pero después comencé a migrar: además de en el DF, he vivido en cuatro ciudades de la República Mexicana, todas capitales estatales: San Luis Potosí, Guadalajara, Aguascalientes y Toluca. Por ahora estoy de vuelta: radico en la misma entidad federativa en donde nací. En esa misma condición viven poco más de ocho de cada diez personas en México. Por el contrario, de acuerdo a la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI, 17.4% de los residentes en el país nacieron en una entidad distinta a la entidad en que residen o nacieron fuera del territorio nacional. “Las entidades con mayor porcentaje de población nacida en otra entidad o país son: Quintana Roo, con un 54.1% de sus residentes…; Baja California, con 44.1; Baja California Sur, con 39.6 y Estado de México con 33.7 por ciento. En el otro extremo, Chiapas, con 3.4%, es la entidad con el menor porcentaje de población nacida en otra entidad o país, a la que le siguen Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Veracruz y Guanajuato” (INEGI, Principales resultados de la Encuesta Intercensal 2015 Estados Unidos Mexicanos).

El mismo instrumento estadístico permite saber que hace apenas dos años en nuestro país residía solamente un millón (1’007,063) de personas cuyo lugar de origen es otro país del mundo. La cantidad de foráneos avecindados entre nosotros parece escuálida —incluso, de ellos, cuatro de cada diez ya contaban con la nacionalidad mexicana—; en efecto, ese millón de habitantes no alcanza ni el 1% de los residentes en México (0.84%); sin embargo, ojo, la gente que vive en tal situación se ha duplicado en los últimos quince años.

México es de los países con menor participación relativa de inmigrantes. Claro, hay casos extremosos: por ejemplo, Cuba reportaba en 2015 poco menos de 13.5 mil inmigrantes viviendo en la isla, un insignificante 0.12% de su población total. Incluso los 713.5 mil extranjeros que viven en Brasil representan apenas 0.34%. Entre los países del continente americano, en el otro extremo se hallan la Guayana Francesa y Canadá, en los que el 39.5% y el 21.8% de sus respectivas poblaciones totales se compone de hombres y mujeres nacidos en otros países; en el caso canadiense, estamos hablando de 7.8 millones de personas. En todo el orbe, también con datos a 2015, en el top ten de los países con mayor participación relativa de inmigrantes en su población total se encontraban los Emiratos Árabes Unidos (88.4%), Qatar (75.51%), Kuwait (73.64%), el Principado de Liechtenstein (61.82%), Andorra (60.12%), Macao (58.28%), Mónaco (55.37%), el Reinado de Baréin (51.14%), Singapur (45.39%) y Luxemburgo (43.97%). Es decir, en ocho naciones del mundo la mayoría de sus habitantes nacieron fuera de sus fronteras. En términos absolutos, Estados Unidos sigue siendo el país con mayor cantidad de inmigrantes en todo el mundo (46.6 millones de seres humanos, 14.49% de su población total), seguido por Alemania (12 millones), Rusia (11.6 millones), Arabia Saudita (10.2 millones) y el Reino Unido (8.5%). Evidentemente, el dinero llama.

Visto el fenómeno por grandes regiones, resulta que menos de dos de cada cien personas en Centro América, Sudamérica, África y Asia son inmigrantes; en cambio, en Europa diez de cada cien personas presentan tal condición, en Norteamérica son 15 y 20 en Oceanía.

En su libro, La vida secreta de las ciudades (Pinguin Literatura Random House, febrero, 2017), Suketu Mehta afirma que “… en el último cuarto de siglo, la población emigrante del mundo se ha duplicado. Hoy, 750 millones de personas viven en un país donde no han nacido” —supongo que que se refiere a la población acumulada durante los últimos veinticinco años—. ¿Qué tanto es tanta gente? Bueno, a la fecha únicamente China e India tienen más población, y Estados Unidos, con 325 millones queda muy distante de ese monto. Y el fenómeno, señala, apenas comienza: “a medida que la guerra, las desigualdades y el cambio climático nos empujen más que nunca al extranjero, el fenómeno que definirá a la humanidad del siglo XXI será la migración masiva”. Suketu Mehta sabe de lo que escribe. Nació en 1963 en India, en el delta del Ganges, en la Ciudad de la Alegría, Kolkata o Calcuta, y desde muy pequeño migró con su familia al otro extremo del subcontinente, a Bombay o Mumbai, en la costa del mar Arábigo. Años más tarde, en 1977, se fueron a vivir al otro lado del planeta, a Nueva York. “En la búsqueda de felicidad, a veces avariciosa, a veces altruista, mi familia ha viajado por todo el mundo… ¿Cómo mantenemos cierto sentido de continuidad? Como todos los emigrantes, nos consolamos de este movimiento incesante contándonos cuentos, el recuerdo, la recopilación, como antídoto contra el desplazamiento”. Es incuestionable que Suketu Mehta así lo ha hecho: en 2004 publicó el libro Maximum City: Bombay Lost and Found (Pinguin), una recuperación textual de la ciudad. Ahora, en La vida secreta de las ciudades, la perspectiva es más amplia: pretende ofrecer un entendimiento narrativo de la vida urbana en el mundo globalizado, desde el punto de vista más apto para hacerlo, el del que no tiene mucho tiempo de haber llegado.

domingo, 11 de junio de 2017

Urban nomads

I am an exile; citizen of the country of longing.
Suketu Mehta, Maximum City: Bombay Lost and Found


I was born in “delegación” Benito Juárez, one of the 16 municipalities of Mexico City. I spent practically my whole childhood in another municipality, Iztapalapa, right next to Benito Juárez. But then I started to migrate: besides Mexico City, I have lived in four cities of the country, all of them capital cities: San Luis Potosí, Guadalajara, Aguascalientes and Toluca. Now I am back, I live in the same city where I was born. More than eight of every ten people in Mexico live under this same condition. On the contrary, according to the INEGI Intercensal Survey 2015, 17.4% of the residents of the country were born in an entity other than the entity in which they live in. “The entities with the highest percentage of population born in another entity are: Quintana Roo, with 54.1% of its residents ...; Baja California, with 44.1; Baja California Sur, with 39.6 and Estado de Mexico with 33.7 percent. At the opposite end, Chiapas, with 3.4%, is the entity with the lowest percentage of population born in another entity, followed by Guerrero, Oaxaca, Tabasco, Veracruz and Guanajuato” (INEGI, Principales resultados de la Encuesta Intercensal 2015 Estados Unidos Mexicanos).

This same statistical instrument allows us to know that only two years ago one million (1'007,063) people whose place of birth is another country in the world, lived in our country. The number of foreigners among us seems small (even of this million, four out of ten already had a Mexican nationality) and it is small, considering that one million inhabitants doesn’t even reach 1% of the residents in Mexico (0.84%); however, people living in such situation have doubled in the last fifteen years.

Mexico is one of the countries with the lowest percentage of immigrants in its population. Of course, there are cases with much lower percentage: for example, Cuba reported in 2015 just under 13.5 thousand immigrants living on the island, an insignificant 0.12% of its total population. Even the 713.5 thousand foreigners living in Brazil make up only 0.34%. On the contrary, among the countries in America, French Guiana and Canada, 39.5% and 21.8% of their respective total populations are men and women born in other countries; in the Canadian case, we are talking about 7.8 million people. Across the globe, according to 2015 data, the top ten of the countries with highest relative percentage of immigrants in their total population were: the United Arab Emirates (88.4%), Qatar (75.51%), Kuwait (73.64%), Liechtenstein (61.82%), Andorra (60.12%), Macao (58.28%), Monaco (55.37%), Barein (51.14%), Singapore (45.39%) and Luxembourg (43.97%). This means that in eight nations of the world the majority of its habitants were born outside their borders. In absolute numbers, the United States still is the country with the largest number of immigrants worldwide (46.6 million people, 14.49% of its total population), followed by Germany (12 million), Russia (11.6 million), Saudi Arabia (10.2 million) and the United Kingdom (8.5%). Obviously, money is appealing. 
Looking at the phenomenon trough larger regions, less than two out of every hundred people in Central America, South America, Africa and Asia are immigrants; in Europe ten out of a hundred people have such a condition, and in North America there are 15 and 20 in Oceania.

In his book, The Secret Life of Cities (Penguin Literature Random House, February, 2017; Spanish edition), Suketu Mehta states "... in the last quarter century, the world's emigrant population has doubled. “Today a quarter of a billion people live in a country different from the one they were born in – one out of every 28 humans. If all the migrants were a nation by themselves, they would constitute the fifth largest country in the world”. And the phenomenon, he says, has just begun: "As war, injustice and climate change push us away from our native country, the phenomenon that will define humanity of the twenty-first century will be mass migration." Suketu Mehta talks from experience. He was born in 1963 in India, in Ganges delta, in the City of Joy, Kolkata or Calcutta, and when he was very young he migrated with his family to the other end of the subcontinent, Bombay or Mumbai, at the coast of the Arabian Sea. Years later, in 1977, they moved to the other side of the planet, to New York City. "In the pursuit for happiness, sometimes greedy, sometimes altruistic, my family has traveled all over the world ... How do we maintain a certain sense of continuity? Like all emigrants, we seek consolation from this incessant movement, by telling stories and recollecting memories as an antidote to displacement”. It is unquestionable that Suketu Mehta has done so: in 2004 he published the book Maximum City: Bombay Lost and Found (Pinguin), a textual recovery of the city. Now, in The Secret Life of Cities, the perspective is broader: it seeks to provide a narrative understanding of urban life in the globalized world, from the most accurate point of view, the one of those who had just arrived.