Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

sábado, 24 de noviembre de 2018

El globo de Pérgamo I

Mundo mondo,
sonaja de semillas semánticas
Octavio Paz, Solo a dos voces.



Literatura y Geografía son disciplinas que siempre se han llevado sobradamente bien. Para muestra un botón…, o mejor, un globo.

Resulta que el globo terrestre más antiguo del que conservamos noticia fue ideado por un crítico literario. El hombre, un heleno estoico que vivió durante apenas tres décadas del siglo II antes de nuestra era, se llamaba Crates y llegó al mundo en Malos, una colonia griega en Asia Menor. Malos se ubicaba en el costado oeste del golfo de Issos —actualmente golfo de Alejandreta—, muy cerca de la desembocadura en el Mediterráneo del río Pyramus —hoy río Ceyhan—. Crates nació en el 180 a. C., 153 años después de que, al inicio de su marcha hacia Levante, Alejandro Magno pasara por ahí —unas jornadas antes a la batalla definitiva contra los persas, en noviembre del 333 a. C., el macedonio organizó una ceremonia de sacrificios para honrar al fundador mítico de Malos, el héroe Anfíloco (Donald W. Engels, Alexander the Great and the Logistics of the Macedonian Army)—. Siendo un mozalbete, Crates abandonó su terruño para trasladarse Pérgamo, unos mil kilómetros al oeste, en el extremo opuesto de la península de Anatolia, a unas seis horas a pie de las costas del mar Egeo. Reinaba entonces Eumenes II (197-158 a. C.), y la polis gozaba su momento de mayor esplendor.

Según la mitología griega, Pérgamo fue fundada por un hijo de Hércules, quien, borracho, había violado a la princesa Auge, hija de Aleo, rey de Arcadia. Aquel encuentro dio vida a Télefo, quien luego de varias vicisitudes, ya adulto, se convertiría en rey de Misia. Fue en tal condición que Télefo habría sido herido en combate por el mismísimo Aquiles…, y vivió para contarla (Cantos Ciprio)… Aquí no tengo más remedio que desviarme de la ruta del relato, para contar que, perdidos y a falta de un mapa, los punitivos griegos
habrían podido llegar a sitiar Troya sólo gracias a Télefo. Sucedió que, en un primer intento, desembarcaron por equivocación en Misia, creyendo que estaban ya en los dominios troyanos del rey Príamo, así que sin mayor preámbulo comenzaron a asolar la comarca. Télefo acudió en defensa de sus lares. Fue entonces que el fiero Aquiles lo hirió en una pierna. Conscientes de su error, los griegos se harían a la mar de nuevo. En Misia, pasado un tiempo, la herida de Télefo no sanaba, así que acudió al oráculo: Apolo le dijo que la única solución era que lo curara quien lo había herido. Tal cometido no se veía nada fácil…, pero Télefo, además de bizarro era mañoso: disfrazado de mendigo, buscó a Aquiles en Argos, y el héroe de los pies ligeros accedió a curarlo —tema que Aristófanes (444-385 a. C.) no se cansaría de parodiar en sus comedias—. En retribución, Télefo les señalaría a los aqueos el derrotero para llegar a Troya.   

Independientemente de su origen mítico, la huella arqueológica muestra que colonos procedentes de Tesalia comenzaron a poblar Pérgamo desde el siglo VIII a. C. Doscientos años después toda la región, la llamada Eolia, era controlada por Lidia, y posteriormente por los persas. La mención literaria más antigua de Pérgamo se la debemos a Jenofonte (c. 431-354 a. C), quien en su Anábasis narra el paso de la Expedición de los Diez Mil por la que entonces, 399 a. C., era sólo una ciudadela —precisamente ahí Jenofonte entrega el mando del ejército de mercenarios griegos al espartano Tibrón—. Sin embargo, la grandeza de Pérgamo vendría después.

Filitero (343-263 a. C.), un guerrero macedonio, fue el fundador de la dinastía atálida. Tras la muerte de Alejandro, 334 a. C., Filitero se halló en medio de las guerras de los diádocos. Inicialmente se plegó al mandato de Antígono, pero pronto tomó partido por Lisímaco de Tracia, quien en 301 a. C. lo designó gobernador de Pérgamo. Como tal permaneció durante casi veinte años, hasta que Filitero decidió que el equilibrio de fuerzas había cambiado y ofreció su plaza y armas a Seleuco I de Siria. La jugada resultó afortunada porque poco a poco Pérgamo fue ganando independencia, al punto que terminó haciéndose un reino autónomo. Desde entonces comenzó una construcción que
marcaría al Pérgamo atálida, un templo dedicado a Atenea. Filetero heredará el trono a un sobrino, Eumenes I, a quien sucedería otro familiar, Átalo I, quien logró los triunfos militares definitivos contra los galatas (celtas) e impulsó la primera gran explosión cultural de Pérgamo. Además, Átalo I estableció una alianza con Roma para enfrentar a Macedonia y detener los embates de Cartago. El siguiente jerarca, Eumenes II, gobernará Pérgamo durante sus años dorados. Fue en este período cuando Crates de Malos se estableció en la ciudad, en donde asumiría un rol clave, al hacerse cargo de la dirección de la biblioteca de Pérgamo, la única que llegó a competir con la de Alejandría. Crates estudiaría incansablemente la Ilíada y la Odisea, enseñaría estoicismo y, como ya decíamos, lograría crear el primer globo terráqueo de cuantos conocemos. Veremos…





Esquela

El miércoles 14 murió Fernando del Paso. Mi primera borrachera de lenguaje de varios días se la debo a Palinuro de México. La lectura lo perdure. Recordemos unos versitos del gran dandi:

Si esto que estoy escribiendo
jamás escrito lo hubiera,
no sé qué estaría yo haciendo,
y tú, lector en espera,
tú no lo estarías leyendo.


sábado, 17 de noviembre de 2018

Tres baños

Since the same human mire remains beneath,
does not all civilisation reduce itself
to the superiority of smelling nice and living well?
Émile Zola, L'Argent.



1

Hará ya casi un cuarto de siglo…, bueno, comenzando así se escucha como si hubiera sucedido hace muchísimo tiempo, y 24 años no es tanto… Lo que contaré debió de haber ocurrido a mediados de 1994. Enviaron entonces al joven…, llamémosle Je Suis (JS), a dirigir la oficina regional en el Estado de México del organismo público responsable de la producción de información estadística y geográfica de este país. Desde Toluca se conduce la estructura descentralizada que atiende tres entidades federativas: además del Edomex, Guerrero y Morelos. Sólo en el edificio en donde se encontraban las oficinas de la dirección regional laboraban por aquel tiempo alrededor trescientas personas. De acuerdo a los usos y costumbres jerárquicos de la burocracia mexicana, el despacho del director tenía un cuarto de baño privado, así que si JS no hubiera incluido en los recorridos de reconocimiento y revisión que realizó por todo el inmueble los baños generales, no se habría percatado de las condiciones en que se hallaban. Después de hacerlo, mandó llamar al jefe del departamento de Servicios Materiales. Unos minutos más tarde el susodicho funcionario se presentó en la oficina de su nuevo jefe. Tan pronto entró, JS le pidió que tomara asiento en su escritorio. Por supuesto, al pobre se le cruzaron los circuitos: el escritorio del director tenía aún una carga simbólica muy pesada, quizá todavía sea así, una halo de tlatoani, casi un nimbo de virrey, que imponía… Todo cohibido, pues, el compañero jefe de departamento de Servicios Materiales se sentó en El Lugar del Director, frente a la computadora… Ojo: vale recordar que en aquellos ayeres, las computadoras apenas comenzaban a colmar los escritorios de las oficinas. JS se ubicó detrás del sillón ejecutivo y fue instruyéndolo para que operara la máquina. Le explicó que lo que miraban en pantalla era un CD ROM —¿se acuerdan que así se decía antes?— desarrollado por la propia institución con tecnología de punta —“tecnología-de-vanguardia-de probada-utilidad”, rezaba el mantra—. JS le preguntó a su compañero subalterno en dónde vivía. Aquí mismo, señor, en Toluca. ¿En el municipio de Toluca? Bueno, no, es Metepec, pero aquí pegado, en la misma ciudad… Luego lo fue guiando para que se acercaran al punto exacto en donde se encontraba su vivienda, para después desplegar todos los datos que por medio del Censo de Población de 1990 se habían obtenido de aquella área geográfica… Atónito, el compañero jefe de departamento de Servicios Materiales fue reconociendo la traza urbana de su colonia y después descubriendo el perfil sociodemográfico que, en conjunto, él, su familia y sus vecinos configuraban… Estupefacto terminó el hombre. Enseguida, JS le pidió que lo acompañara y lo llevó a los baños para varones de la planta baja del edificio… No es que se encontraran demasiado sucios, pero nadie hubiera dicho que estaban limpios. No había ni jabón en los lavamanos ni con qué secarse ni papel higiénico en los WC… Pues mira, le espetó JS, no es correcto que los compañeros que trabajan para que el desarrollo que acabas de ver sea posible tengan que usar estos baños. ¡Ni siquiera hay papel de baño! Es que se lo roban. No se lo roban, lo guardan en sus escritorios porque no saben si mañana van a encontrar. Tú te vas a encargar de que nunca falte, ni siquiera media hora, y si se lo llevan, vuelves a poner… A ver quién se cansa primero. El resultado fue el previsible.


2

Varios años después, en la Ciudad de México, a JS le tocó en suerte acudir a CU, a la facultad en la que estudió la licenciatura, para dar una conferencia. El tema aquí no viene a cuento. Antes de entrar a la sala en donde se realizaría el evento, pasó a los sanitarios de los alumnos que se hallaba en el mismo piso. La plática se desarrolló en un ambiente agradable y participativo. Al final, las profesoras que lo habían invitado preguntaron a JS si estaba de acuerdo en pasar a saludar al director de la facultad… No, gracias. ¿Lo conoce, sociólogo? No personalmente, pero debe de ser pésimo…, por lo menos estoy seguro que no respeta un ápice a los alumnos.


3

El edificio en donde trabaja CST tiene un sótano, diez pisos y un PH. Todo el inmueble está ocupado por el mismo organismo público. El escalafón se refleja estrictamente en la distribución del personal por niveles: en el ático están las oficinas del director general en jefe; en el piso 10, las cuatro direcciones generales de la dependencia; en el nueve, la coordinación general de administración; en el ocho, las direcciones generales adjuntas; en el siete, las direcciones de área más importantes…, y así sucesivamente. En el sótano, además del estacionamiento, el servicio médico y el área de protección civil, hay un enorme galerón en donde trabaja un ejército de capturistas. En el piso 7, en donde trabaja CST, llevan dos semanas haciendo algunos trabajos de mantenimiento en los baños, así que quienes trabajan en tal nivel tienen que ir a los baños de otros niveles. El lunes de la segunda semana, fueron colocados unos letreros en los baños del piso 8: “Sanitarios para uso exclusivo del Piso 8. Si en tu piso no sirven los baños, usa los del piso inferior”. La palabra “inferior” estaba subrayada.

sábado, 10 de noviembre de 2018

El cronoscopio

La vida sólo puede entenderse hacia atrás;
pero hay que vivir hacia delante.
Søren Kierkegaard


Sin ánimo de infamar a nadie, puedo afirar que Isaak Yúdovich Ozímov —de origen Исаáк Ю́дович Ози́мов— no habría necesitado disponer de un aparato fantástico que le permitiera fisgonear en tiempos pretéritos, para tener noticia y certeza de que a principios de la década de los ochenta, pero del siglo XIX, el marsellés Eugène Mouton (1823-1902) había escrito una narración en la que dio existencia literaria a un prodigioso telescopio eléctrico, a través de cual era posible “ver realmente lo que aconteció en el pasado”. El texto se titulaba L’historioscope e igual se denominaba el mentado artilugio. Para saberlo, el señor Ozímov no habría requerido haberse equipado con tal portento, puesto que monsieur Mouton no guardó en secreto su ocurrencia, sino que publicó la narración en su libro Fantaisies (1883). Que conste que no estoy afirmando categóricamente que el señor Исаáк Ю́дович Ози́мов, mejor conocido como Isaac Asimov, haya leído la noveleta del galo decimonónico, pero sospecho que sí… A ver, juzgue usted…


En su edición de abril de 1956, la revista norteamericana Astounding Science Fiction —por aquellos ayeres, cuando el impreso se encontraba en plena época de oro, la gente podía comprarlo en los puestos de periódico por 35 centavos de dólar—, publicó dos novelas cortas (novelettes), un cuento (short story) de Algis Budrys, una novela por entregas (serial), un artículo y las colaboraciones de algunos lectores; 162 páginas en total… En la ilustración de la portada, a todo color, dos de los personajes de Double Star, la novela seriada de Robert A. Heinlein que concluía en aquella edición. Después de las páginas con el cupón de suscripción y el índice, en la 4, la editorial con que abría el número —The Group and the Individual— arrancaba con una definición que no tiene desperdicio: “Básicamente, la Sociología es el estudio de cómo se comportan los grupos de seres humanos…” Al final de la siguiente página —“… los estudios estadísticos del comportamiento humano pertenecen al campo de la Sociología…”—, se enviaba al lector interesado a continuar aquellas sesudas reflexiones en la 160, porque enseguida comenzaba el plato fuerte del mes: The Dead Past, El pasado muerto, una novela corta —en la revista terminaba en la página 46— firmada por Isaac Asimov, entonces ya un escritor estelar y en ascenso. El texto fue ilustrado con dibujos originales de Van Dongen. En la página inicial, después de un retrato del protagonista de la narración, el doctor Arnold Potterley, un epígrafe del todo pertinente para adentrarse en el asunto: Hay un viejo dicho: Dejemos que el pasado muerto entierre a sus muertos ... Pero, ¿cuánto tiempo tiene que pasar para que el pasado muera?

En 1956, Asimov (1920-1992) —un inmigrante judío oriundo de Petróvichi, pequeña localidad de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, y llegado a Estados Unidos en 1923—, aunque ya ganaba mucho más dinero como escritor profesional, trabajaba impartiendo clases de Bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad de Boston. De igual forma, el doctor Arnold Potterley, personaje central de El pasado muerto, es un docente universitario, él especializado en Historia de la Antigüedad. El propio Asimov contó alguna vez que después de haber dedicado siete años de su vida a la enseñanza —“Estaba  saturado del mundo de la investigación científica”— escribió esta narración, la cual llegó a considerar la más autobiográfica de todas sus obras: “Naturalmente, cualquiera que escriba va a revelar, por más que lo quiera hacer o no, el mundo en el que está inmerso. Nunca he tratado de evitar que mi vida personal se introduzca en mis historias, pero debo admitir que rara vez se ha deslizado tanto como lo hizo en esta. Como ejemplo de cómo funcionan mis historias, considera esto: mi protagonista estaba interesado en Cartago porque yo mismo soy un gran admirador de Aníbal y nunca he superado la batalla de Zama. Introduje a Cartago, ociosamente, sin ninguna intención de tejerlo en la trama. Pero igual se entremezcló. Eso me pasa una y otra vez. Algunos escritores meticulosamente elaboran las historias a detalle antes de comenzar, y se adhieren al esquema… Pero yo no lo hago así. Elaboro mi final, decido un comienzo y luego prosigo, dejando que todo se resuelva por sí mismo cuando llego a él”.


En El pasado muerto —novela corta que al cabo de algunos años se convertiría en un clásico de la ciencia ficción—, Isaac Asimov fantasea con la creación de un instrumento maravilloso, el cronoscopio, el cual, igual que el historioscopio de Eugène Mouton permite mirar, como en una película, todo lo ocurrido en el pasado… El relato del francés ocurre en el presente, en el presente del protagonista que también es un investigador académico, mientras que la noveleta de Asimov acontece en un futuro distópico… Lo mismo que sucede con el funcionamiento del viejo historioscopio, en el cronoscopio “las imágenes no se mueven a mayor velocidad en el cronoscopio que en la vida real”, así que si alguien se dedicara a espiar un día histórico específico, tendría que dedicar a la tarea un día de su presente… ¿Una trampa depresiva?

Isaak Asimov valoró The past dead lo suficiente como para incluirlo primero en su libro Con la Tierra nos basta (Earth Is Room Enough, 1957), y después en el volumen The best of Isaac Asimov, de 1973. Hoy lo puedes encontrar en tres o cuatro teclazos en la web…

sábado, 3 de noviembre de 2018

El hisorioscopio

The celebrity of historical facts,
like that of men, is a matter of camaraderie,
of preservation, and above all of chance.
Eugène Mouton, The Historioscope.



Time machine
No he podido reparar mi máquina del tiempo, y sigo varado aquí…, ahora mismo.


El tobogán

Ningún mapa, ni siquiera un mapa escala 1:1, puede dar cabida íntegramente al territorio. Tanto como un mapa, lo que llamamos historia es una representación, y todo lo ocurrido no cabe en ella: la historia no cabe en la historiografía. Una representación es una abstracción y por ello, necesariamente, una simplificación… Y para no meternos en más berenjenales, olvidémonos que, de entrada, nuestra percepción es también una representación de la realidad, de tal suerte que todas las representaciones que elaboramos de lo que percibimos, por más detalladas y precisas que sean, son representaciones de representaciones.

El tobogán de nuestra ignorancia está mucho más empinado: más allá de las limitaciones intrínsecas de la historia, han sucedido eventos trascendentes acerca de los cuales jamás podremos saber qué fue lo que realmente pasó… Claro, que resulte imposible disponer de un registro veraz sobre determinados acontecimientos pasados no ha impedido que tramemos historias explicándolos y dándoles un sentido, relatos que luego bien pueden guiar nuestro actuar. De que sean verdad o mentira no depende la fuerza significativa de las historias —en esta misma columna, hace algunos años presenté un ejemplo extremo, el levantamiento maya en Cisteil de1761, atribuido al liderazgo de Jacinto Canek:
El tobogán de la ignorancia—.


El historioscopio

 
“… todo trabajo de historia es apenas una copia de estudios precedentes, a la que se agrega una que otra especulación inexacta”, rudo, sostiene el disparatado Joseph Durand, y agrega: “… las personas podrán seguir engañándose a sí mismas pensando que entienden la historia, hasta el día en que puedan equiparse con un medio que les permita ver retrospectivamente, no historias y cuentos, sino ver realmente”. ¡Ah, caray!, ¿un medio que permita ver realmente lo que aconteció en el pasado?  Ni más ni menos, un artefacto así fue el que ideó el francés Eugène Mouton (1823-1902) cuando escribió L'historioscope, un cuento publicado originalmente en 1883 en su libro Fantaisies, es decir, doce años antes de La máquina del tiempo de H. G. Wells.

El historioscopio de Mouton —quien solía firmar sus obras como Mérinos—,  es, “casi con certeza”, el primer ejemplo en la literatura de ciencia ficción de un artilugio visor de tiempo (time viwer). ¿Qué es un visor de tiempo o cronoscopio? “Una forma pasiva de máquina del tiempo que normalmente muestra escenas del pasado, aunque pero no permite ningún tipo de interacción” (The Encyclopedia of Science Fiction edited by John Clute, David Langford, Peter Nicholls and Graham Sleight.
London, 2018).

En El historioscopio —no conozco ninguna traducción al español; leí la traducción al inglés que hace Brian Stableford para su antología de literatura fantástica francesa decimonónica News from the Moon And Other French Scientific Romances. Black Coat, 2007—, Mouton da voz al excéntrico Joseph Durand (de Tarn-et-Garonne), “miembro de varias sociedades académicas y hombre de letras”, un sujeto de estraño porte que parece “pertenecer a una raza extra-humana”: “Fundamentalmente, sólo existen dos tipos de métodos para hacer historia. Uno consiste en aceptar los hechos… En el otro se opta por dar preeminencia a ideas preconcebidas, organizando-inventando, si es necesario, los hechos para justificar aquéllas”.

El narrador del cuento, quien había publicado en la Revue d’infini un artículo especializado y estrafalario —“La relación comercial de los asirios con los etruscos, con especial referencia al comercio de morenas reales durante los reinados de los reyes Evilmerodach y Neriglissor”— recibe una carta de Durand quien, entre otras cosas, lo invita a conocerlo personalmente y le ofrece mostrarle testimonios originales no sólo del comercio de morenas entre los asirios y los etruscos, “sino también, y en general, de todos los hechos de la historia universal, sin excepción”. El narrador, aunque se endiabla porque alguien más se inmiscuyó en su tema —“¿Que ya no queda nada nuevo bajo el sol, ni siquiera en la historia?”—, dominado por la curuosidad, termina por acudir a la cita… Primero, Durand, para dejar las cosas en claro, explica su coondición: “Bueno, Monsieur, una palabra bastará para familiarizarlo con mi estado mental: estoy loco”. Pero que esté deschavetado no lo invalida, ni a él ni a sus descubrimientos:  “¿Qué importa que la botella esté cuarteada si el vino que contiene es bueno? Monsieur, ¿no te avergüenzas de clasificar los productos de la mente humana en los compartimentos de la locura y la razón, cuando no son más que categorías imaginarias inventadas por médicos y filósofos?” Enseguida, le explicará el principio gracias al cual logró concretar su gran invento: “Los hechos, al producirse a sí mismos, adquieren una existencia tan positiva e indestructible como la de las ideas. Al igual que las ideas, vuelan por todo el mundo…” El caso es que todo lo que ha sucedido en el planeta Tierra, desde el principio de los tiempos hasta el presente, se ha proyectado en el espacio, de tal manera que Joseph Durand ha inventado una especie del telescopio eléctrico que por medio del cual es posible ver realmente, aunque todavía en sin sonido alguno, todos los acontecimientos ocurridos en el pasado… Después de que el protagonista observe algunos episodios históricos a través del hisorioscopio, compartirá la apreciación del loco inventor: “se ha requerido de todo el ingenio de nuestros historiadores para hacer que un determinado incidente pareciera importante y presentarlo como un evento memorable…”


sábado, 27 de octubre de 2018

Big data mata ciencia


There is a lot of bullshit masquerading as science.

John Oliver



Todas las explicaciones posibles son verdaderas,

si no en nuestro mundo,

en cualquier otro lugar del universo infinito.

Epicuro
-->




Albricias


Big data
mata rollo. ¡Muerte a todas las explicaciones y que viva el imperio de los datos duros! Dejad correr los algoritmos, liberen las inferencias y a la basura cualquier modelo. ¿Teoría? No, ¡guácala!




Zapatos blancos


De las muchas paradojas de confirmación que se han propuesto (reales o aparentes), tal vez la más famosa sea la del cuervo. Enseguida abrevo, traduzco y parafraseo de la página 173 de la segunda edición de The Cambridge Dictionary of Philosophy (1999).


Es plausible suponer que la afirmación 'Todos los cuervos son negros' puede confirmarse incrementalmente mediante la observación de uno de sus casos, a saber, un cuervo negro. Ahora, 'Todos los cuervos son negros' es lógicamente equivalente a 'Todos los que no son negros no son cuervos'. Por paridad de razonamiento, cualquier ente no-negro, por ejemplo, un zapato blanco, debería confirmar incrementalmente el juicio aludido. La condición de equivalencia —lo que confirma una hipótesis debe confirmar igualmente cualquier afirmación lógicamente equivalente a ésta— parece eminentemente razonable. Así las cosas, la ornitología de interiores se vuelve de lo más pertinente, ya que la observación de zapatos blancos parece confirmar de manera incremental la hipótesis de que todos los cuervos son negros: en la medida en la que observe más y más zapatos blancos se fortalecerá la teoría que establece que los cuervos son negros. La proposición 'Todos los cuervos son negros' es sólo una teoría, un modelo, que, en efecto, podría fortalecerse mediante la percepción de casos, pero no será una verdad absoluta en tanto no se observen todos los entes no negros, y no únicamente en las zapaterías. Con todo, mientras no aparezca un cuervo albino, la teoría funciona.




Navaja y caja


En 1976, George Edward Pelham Box (1919-2013) publicó en el Journal of the American Statistical Association una ponencia que habría de alcanzar celebridad porque en ella formuló la primera parte de un aforismo que los datistas han elevado ya a categoría de dogma: all models are wrong.


Dado que todos los modelos son incorrectos, el científico no puede obtener uno "correcto" por elaboración excesiva. Por el contrario, siguiendo a Guillermo de Ockham, debe buscar una descripción económica de los fenómenos naturales.


Por supuesto, la llamada al filósofo franciscano (1280-1349) se refiere a la lex parsimoniae o Navaja de Ockham, misma que cada vez resulta más frecuente escuchar, aunque navajeada a la mala: la explicación más sencilla suele ser la mejor, dicen, y dicen mal porque en realidad el principio establece: en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable. Ojo: en igualdad de condiciones… Recontra ojo: la más probable, no la verdadera.


Dos años después, Box publicaría otra ponencia
—Robustness in the strategy of scientific model building— en la que afinó su aforismo: Essentially, all models are wrong, but some are useful.


… sería muy notable si cualquier sistema existente en el mundo real pudiera ser representado exactamente por cualquier modelo simple. Sin embargo, los modelos parsimoniosos astutamente elegidos a menudo proporcionan aproximaciones muy útiles.


Claro, por ejemplo: 'Todos los cuervos son negros'.





Cuervos de colores


Arthur Oncken Lovejoy (1873-1962), pionero de la historia de las ideas, siguió la pista del principio filosófico que establece que el universo necesariamente contiene todas las formas posibles de existencia, el principio de plentitud —al que él denominó principle of the “fullness of being” (The Great Chain of Being. Harvard University Press, 1936)—. En la tradición occidental la idea se remonta al mismísimo Platón (c. 427-347 a. C.), fue retomada por Epicuro (341–270 a. C.), y llega hasta Spinoza (1632-1677), Gottfried Leibniz (1646-1716) y Kant (1724-1804), pasando por San Agustín (354-430) y Giordano Bruno (1548-1600). Leibniz, por ejemplo, afirma en su Théodicée (1701) que en el mejor de los mundos posibles se actualizaría cada posibilidad genuina, y el mejor de los mundos posibles contendrá todas las posibilidades; o en pocas palabras, que todo lo que pueda ocurrir, ocurrirá…., claro, incluido un cuervo albino… e incluso algunos de colores.  Por eso, todo modelo será insuficiente.




Modelo descontinuado



De acuerdo a Burnham y Anderson —Model Selection and Multimodel Inference, 2002—, de lo establecido por Box se desprende que un modelo no puede ser verdadero, pero podría ser desde muy útil hasta totalmente inútil. Ciertamente, `Todos los cuervos son negros’ ha resultado muy útil…, mientras no tengamos la información de todos los cuervos. Pero según los datistas ya podemos ir diciéndole adiós esta lastimosa etapa de la Humanidad, conforme nos aproximemos a la algunos llaman la Era Petabyte. Leo en Techopedia: Petabyte Age se refiere a una era en el futuro próximo en la que la medición del almacenamiento de información deberá hacerse en petabytes (PB), cada uno de las cuales es igual a 1,024 terabytes. Muchos expertos —¿¡quiénes si no?!— consideran que durante la Petabyte Age, los científicos se abstendrán de elaborar hipótesis o modelos. Chris Anderson, editor en jefe de la revista Wired, lo escribía así hace poco: “Podemos dejar de buscar modelos. Podemos analizar los datos sin partir de hipótesis sobre lo que podrían mostrar. Podemos colocar los números en los grupos de computación más grandes que el mundo haya visto, y dejar que los algoritmos estadísticos encuentren patrones donde la ciencia no puede” (The End of Theory: The Data Deluge Makes the Scientific Method Obsolete)… ¿Será? Epicuro no descartaría la posibilidad…


lunes, 15 de octubre de 2018

Big data is destroying science


There is a lot of bullshit masquerading as science.
John Oliver

All possible explanations are true,
if not in our world, in any other place in the infinite universe.
Epicurus




Good news

Big data destroys verbiage. Death to all explanations and long live the empire of hard data! Let the algorithms run, release the inferences and throw away any model. Theory? No, yuck!


White shoes

The raven paradox —also known as Hempel's paradox— is perhaps one of the most famous paradoxes of confirmation (real or apparent). In the next paragraph, I paraphrase from page 173 of The Cambridge Dictionary of Philosophy (1999).

It is plausible to assume that the statement 'All ravens are black' can be incrementally confirmed by the observation of one of its instances, namely, a black crow. Now, ‘All ravens are black’ is logically equivalent to ‘All non-black things are non-ravens.’ By parity of reasoning, an instance of this statement, namely, any nonblack non-raven (e.g., a white shoe), should incrementally confirm it. Moreover, the equivalence condition —whatever confirms a hypothesis must equally confirm any statement logically equivalent to it— seems eminently reasonable. Then, this analysis appears to facilitate indoor ornithology, since the observation of a white shoe would seem to confirm incrementally the hypothesis that all ravens are black. The proposition 'All ravens are black' is just a theory, a model, which, in fact, could be strengthened by the case observation, but it will not be an absolute truth as long as not all non-black entities are observed… and not just at the shoe stores. All in all, as long as an albino crow does not appear, the theory works.


The knife and the box

In 1976, George Edward Pelham Box (1919-2013) published a paper in the Journal of the American Statistical Association that received great accolade because in it he formulated the first part of an aphorism that the datism have already elevated to the category of dogma: all models are wrong.

Since all models are wrong the scientist cannot obtain a "correct" one by excessive elaboration. On the contrary following William of Occam he should seek an economical description of natural phenomena. Just as the ability to devise simple but evocative models is the signature of the great scientist so overelaboration and overparameterization is often the mark of mediocrity.

Of course, the reference to the Franciscan philosopher (1280-1349) alludes to the lex parsimoniae or Occam's razor, which is becoming more frequent to listen to, although badly cut: the simplest explanation is usually the best, they state. They state it wrong because, rather, the principle formulates: all things being equal, the simplest explanation is usually the most probable. Emphasize: under equal conditions ... Double emphasis: the most likely, but not necessarily true.

Two years later, Box published another paper —Robustness in the strategy of scientific model building— in which he refined his aphorism: Essentially, all models are wrong, but some are useful.

Now it would be very remarkable if any system existing in the real world could be exactly represented by any simple model. However, cunningly chosen parsimonious models often do provide remarkably useful approximations.

Of course, for example: 'All the ravens are black'.


Colorful ravens

Arthur Oncken Lovejoy (1873-1962), the pioneer of the discipline known as the history of ideas, followed the philosophical principle that the universe necessarily contains all possible forms of existence, the principle of plentitude —which he called “principle of the fullness of being” (The Great Chain of Being. Harvard University Press, 1936)—. In the Western tradition, the idea goes back to Plato (c. 427-347 BC), retaken by Epicurus (341-270 BC), and reached by Spinoza (1632-1677), Gottfried Leibniz (1646) -1716) and Kant (1724-1804), passing through San Agustín (354-430) and Giordano Bruno (1548-1600). Leibniz, for example, states in his Théodicée (1701) that in the best of possible worlds(ours), every genuine possibility would be actualized, and the best of all possible worlds will contain all possibilities; or in a few words, everything that can happen will happen… of course, including an albino raven… and even some colorful ones. Therefore, every model will be insufficient.


Discontinued model

According to Burnham and Anderson —Model Selection and Multimodel Inference, 2002—, it can be inferred from Box that even when models cannot be true, they can range from being totally useless to tremendously useful. Certainly, 'All the ravens are black' has been very useful…, as long as we do not have the information of all the ravens. But according to datism we can already say goodbye to this pitiful stage of Humanity, as we approach to the some call the Petabyte Era. I read from Techopedia: Petabyte Age refers to a futuristic age where the measurement of digital storage is available in petabytes (PB), each equal to 1,024 terabytes. During the age of the PB, scientific researchers will refrain from creating hypotheses or models and theory testing. Rather, advanced data mining will be used with PBs of data, available for reference.

Chris Anderson, editor-in-chief of Wired magazine, wrote about it recently: “We can stop looking for models. We can analyze the data without hypotheses about what it might show. We can throw the numbers into the biggest computing clusters the world has ever seen and let statistical algorithms find patterns where science cannot” (The End of Theory: The Data Deluge Makes the Scientific Method Obsolete) ... Will this happen? Epicurus would not rule out the possibility…

sábado, 13 de octubre de 2018

Big data: la luz


Un científico no es la persona que
da las respuestas correctas,
es quien hace las preguntas correctas.
Claude Levi-Strauss


Drunk and Lost Keychain 1

Facecia rancia, chiste viejo… Más que altas horas de la noche, ya es madrugada. Transcurren los instantes en los que la soledad se anima a salir a dar un  paseo por la ciudad. Ahorita ya ni los perros ladran. En una calle, a unos cuantos pasos de la esquina, un borrachín está buscando algo en la banqueta, muy cerca de un poste del alumbrado público. El hombre va y viene, encorvado, con la mirada clavada en el piso. Minutos más tarde pasa por ahí un policía… ¿Qué anda haciendo, amigo?, le pregunta. Pues estoy buscando mis llaves. El gendarme, acomedido, se acerca y comienza a ayudarle. Es un llavero con mis iniciales, informa el borrachín. La búsqueda continúa…


Big data

La bióloga Anne Corcoran encabeza un equipo de investigadores de primerísimo nivel en el Instituto Babraham de ciencias médicas, en Cambridge, Reino Unido. Su trabajo se dirige al análisis de los intrincados procesos por medio de los cuales nuestros genomas —el ADN enrollado en casi todas las células de nuestro cuerpo— se relacionan con el sistema inmunológico, y en especial con los anticuerpos que producimos para defendernos de las infecciones. Ella, quien fue formada en la vieja escuela, la del laboratorio, las cajas de Petri, las probetas y demás tubos de ensayo, afirma: “Para ser biólogo hoy en día necesitas ser un estadístico, o incluso un programador. Necesitas saber trabajar con algoritmos”. El cambio, más que mayúsculo, es sustancial, y responde a hechos recientes; por ejemplo, uno de la mayor relevancia: Tomó varios años poder secuenciar un genoma completo —el conjunto de genes contenidos en los cromosomas—, es decir, lograr determinar el orden de los tres mil millones de pares de letras de ADN en la hélice —
3,200 millones de pares de bases forman genes, repartidos entre los 23 pares de cromosomas—. “El Proyecto del Genoma Humano, la primera secuencia completa de un genoma humano completo, implicó alrededor de 13 años, desde su concepción hasta su finalización en 2003, y costó más de dos mil millones de libras esterlinas. Hoy en día, con la next-generation sequencing se puede conseguir lo mismo en 24 horas, invirtiendo no más de unos miles de libras”.

En efecto, actualmente la investigación genómica se realiza principalmente por biólogos armados de legiones de computadoras. Moritz Gerstung, líder del equipo de investigadores en el Instituto Europeo de Bioinformática, y Gil McVean, profesor de genética estadística en el Big Data Institute de la Universidad de Oxford, subrayan que el cambio de paradigma se percibe incluso en el diseño arquitectónico de los centros de desarrollo científico: “En un laboratorio de investigación de al menos 15 años de antigüedad, el 90% del espacio es para los laboratorios. Pero si hoy entras en uno, casi todas las personas están sentadas frente a las computadoras. Así que si hoy construyes un centro de investigación biomédica, lo harás con un 10% de laboratorio y un 90% de áreas de computación”. Por supuesto, se ha revolucionado no sólo los procedimientos de hacer ciencia, sino la manera de pensar de los científicos. El mismo doctor McVean explica a Tom Chivers, para Mosaic (How big data is changing science; 2/X/2018): “Uno de los grandes cambios en la ciencia ha sido alejarse de un método muy enfocado, orientado, basado en hipótesis del tipo ‘Tengo esta idea, diseño el experimento, ejecuto el experimento para demostrar si estaba o no en lo correcto’. Ahora, simplemente recopilas una inmensa cantidad de datos y dejas que sean los datos los que establezcan cuál deberá ser la hipótesis de trabajo. Si observas diez mil genomas de pacientes con una enfermedad determinada y diez mil de otras personas que no padecen esa enfermedad, puedes echar a andar algunos algoritmos para que los comparen, encontrar así las diferencias y luego determinar qué genes están vinculados a la enfermedad, sin tener que suponer con antelación cuáles podrían ser”. Nicole Wheeler, científica de datos del Instituto Sanger especializada en el análisis estadístico de los genomas de las bacterias patógenas, es aún más explícita: el tránsito hacia el modelo en el cual el científico es impulsado por los datos (being data-driven) se puede ver como un movimiento de la ciencia de prueba de hipótesis a la de la ciencia que auto-genera hipótesis. La cuestión puede expresarse también en los siguientes términos: la búsqueda ya no es conducida hacia una determinado punto por quien indaga con base en problemas y conjeturas, sino que se expande a donde haya datos para hacerlo.


Drunk and Lost Keychain 2

Han pasado algunos minutos… El borrachín y el policía siguen buscando el llavero perdido… Luego de un rato sin que aparezca, el policía cuestiona: Oiga, ¿y está seguro de que se le cayó su llavero por aquí? No, responde el hombre sin dejar de escudriñar el pavimento, se me cayó más atrás, pero allá no hay luz…