Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

miércoles, 19 de octubre de 2022

INEGI: casi 40 años (II)

  

Hace cuarenta años todo se oscureció un poco. El fenómeno fue planetario; el origen se localizó en suelo mexicano. Desde un sitio localizado entre Villahermosa, Tabasco, y San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fueron inyectadas a la estratosfera siete millones de toneladas de dióxido de azufre y veinte millones de toneladas de cenizas. La nube de más de tres kilómetros de espesor formada por ese material flotó durante tres semanas a unos veinte mil metros de altitud, y llegó hasta la península indostánica. El fenómeno aminoró la luz solar que recibió la superficie terrestre al menos un 5%, lo cual causó que la temperatura media mundial se redujera medio grado centígrado.

 


Además de la erupción del volcán Chichón, acaecida durante los primeros días de abril de 1982, aquel año se percibió un fuerte temblor en el Distrito Federal —6.9 grados—: unos segundos antes de las cinco de la mañana del 7 de junio las ondas sísmicas procedentes de un punto cercano a Ometepec, Guerrero, despertaron a millones de capitalinos. 

 

El 17 octubre los periódicos informaban que el día anterior el cometa Halley, en su nuevo paso orbital por la Tierra, había sido avistado por primera vez desde el observatorio de Monte Palomar. Ese mismo día se dio a conocer un mega fraude contra Pemex.

 

No pintaba nada bien el cierre de año…

 

•

 

Flaco, ojeroso, cansado / Y sin ilusiones / Muere mi cuerpo, mi casa / No tengo pasiones…, cantaba Oscar Athie en el radio… 

 

“Al finalizar 1982, el país afrontaba la más grave crisis económica desde la Gran Depresión…”, se asegura en el Informe Anual 1983 del Banco de México. El recuento de los infortunios continúa: “… el Producto Interno Bruto cayó 0.5%, y la inflación llegó a 98.8%…”

 


— En su tienda favorita, bolsas grandes, cuentas chicas, variedad y economía… —
y después del jingle, la locutora:—. Galletas habaneras… Caja de un kilo de 240 a 152 pesos, en Gigante.

 

El Informe de Banxico reconocía también que “… las relaciones comerciales y financieras de México con el exterior se deterioraron seria y progresivamente…, el crédito externo llegó a interrumpirse, casi todas las empresas del sector privado suspendieron el servicio de sus deudas con el exterior, y las reservas de divisas del banco central del país prácticamente se agotaron”.

 


Después de Athie, bien podía entrar una de Yuri —Tómame, déjame, cómprame, véndeme / Átame, suéltame, quiéreme, olvídame—, y enseguida un anuncio que seguramente hoy los más jóvenes no van a entender —porque hace cuarenta años comunicarse con alguien radicado en otra ciudad, ya no digamos en otro país, costaba una fortuna—:

 

— Verdes son los dólares… —canturrea un fulano, la voz de Jorge Arvizu, El Tata.

 

— Tú, Alan Ladino, ¿multimillonario? ¡Pues de dónde!

 

— Pues ni modo que trabajando, ¡hombre! Es cuestión de ponerse listo. ¿Tú qué harías en un momento en que todo está carísimo?

 

— Ay, pues no sé.

 

— Pues yo sí sé. ¡Vendo llamadas de larga distancia a mitad de precio! Uso cualquier teléfono, y ya está.

 

— Pero… ¿cómo?

 

— Cómo cómo… Con tanto teléfono sin Protectolada me estoy levantando una millonada.

 

•

 


Después de la devaluación de febrero de 82 —de 22 a 70 pesos por dólar—, la caída no se detuvo… Lo que se quería transitar como un desliz iba para batacazo y lo fue. El Informe Anual 1983 de Banxico aducía que el desastre del mercado cambiario no era un problema de coyuntura, sino que se debía a “desequilibrios… acumulados en años anteriores…”, lo cual era una forma de decir que el modelo de desarrollo estaba agotado y que, por tanto, habría que cambiarlo. Al 30 de diciembre, la cotización promedio del tipo de cambio libre se había disparado a 150 pesos por dólar, esto es, una depreciación anual de 466%.

 

— ¡Con Motitas de sabores haces bombas grandes de todos colores! —celebra el dibujo animado de un leopardo en la pantalla de la televisión, antes de aventar un montón de chicles al aire.

 

El 1º de enero de 1983, bonito comienzo, se establece un impuesto adicional a los precios por consumo de electricidad: un peso extra por cada kilowatt-hora, como parte de la reordenación para liberar del subsidio gubernamental a las tarifas eléctricas. Cuatro días después, se autoriza un aumento de 16% a 24% en los precios del huevo, el arroz, el aceite comestible y la sal.

 

•

 


Hace cuarenta años el mundo era bipolar. En noviembre del 82, tras el fallecimiento del ucraniano Leonid Brézhnev, asumiría el mando de la URSS Yuri Andrópov —fugazmente, porque tan sólo quince meses después moriría—. El antagonista geopolítico de los soviéticos, Estados Unidos, era gobernado por un actor de cine, Ronald Reagan, quien, junto con su par inglesa, la señora Thatcher, impulsaba la globalización y el modelo neoliberal.

 

— ¡Venga a donde está el sabor! ¡Venga al mundo Marlboro! Con Marlboro cortos, 62 pesos cajetilla.

 

•

 


Dada la situación de emergencia, las condiciones establecidas por los organismos financieros internacionales y las medidas tendientes al cambio de política económica fueron puestas en marcha en México sin mucho tiento. “De las diversas modificaciones cualitativas de fondo sobre la estructura económica, una de las más significativas debería ser el cambio en la composición del gasto público”, se señalaba en el Informe Anual 1983 de Banxico. En el directorio del documento, como presidente y vicepresidente propietarios de la Junta de Gobierno fungían los secretarios de Hacienda, Jesús Silva Herzog Flores, y de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari, respectivamente, y como uno de los miembros suplentes Pedro Aspe Armella, quien entonces también presidía el recién creado Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.

miércoles, 12 de octubre de 2022

INEGI: casi 40 años (I)

 

Se incorpora un cuarto comensal a la acalorada tertulia: — No sé sobre qué estén discutiendo, ¡pero no estoy de acuerdo!

 

Y en otra mesa:

 

— ¡Carajo!, ¿oíste lo que dijo en la mañanera? 

 

— No. ¿Qué…?

 

— No sé, nuca la veo, ¡pero oí que ahora sí se pasó!

 

— ¡Qué horror! ¡A mí también ese viejo me saca de quicio!

 

Y en el chat de amigos de la prepa: “Nomás para decirles que estoy que no me calienta ni el Sol [emoji: carita enrojecida de coraje].  ¡Pinche gente!”

 

Me temo que el estado de ánimo generalizado que hoy descuella en México es el de una irritabilidad voluntaria. Es decir, cunde una propensión a irritarse, y cunde porque la gente quiere sentir ira o al menos parecer que anda muy endiablada.

 

Hace cuarenta años la tesitura anímica nacional era muy diferente. En 1982, el estado emocional generalizado en México abarcaba un limitado espectro que iba de un melodramatismo almibarado y ñoño a un dramatismo francamente truculento y, peor, sobradamente justificado. 

 

•

 

— Raid Mata bichos. Mata moscas y mosquitos ¡tan rápido que se ven caer!… ¡La discoteca de la gente joven, Radio Capital! 

            


En 1982 atendíamos el radio —apenas ese año salió al mercado el CD— casi tanto tiempo como el que hoy dedicamos a los celulares. Oíamos a Toto (Roxxane), Roxy Music (Avalon), Culture Club (Do you really want to hurt me)…

 

— El Sardinero, primer lugar en precios bajos. Aquí está la prueba: shampoo Vanart 1,380 mililitros a 86.90…

 


Con todo, las baladas en español dan mucho mejor cuenta de la disposición espiritual que durante aquel entonces imperaba… Las damas se desgañitaban tratando de alcanzar las proezas vocales de Rocío Dúrcal —Ya lo ves la vida es así / tú te vas y yo me quedo aquí / lloverá y ya no seré tuya / seré la gata bajo la lluvia / y maullaré por ti—, mientras que, también tirados al dramonón, no faltaban caballeros que, muy compungidos por eventos pasados o sospechados en el presente, le hacían segunda a José Luis Perales: ¿Y cómo es él? / ¿En qué lugar se enamoró de ti? / ¿De dónde es? / ¿A qué dedica el tiempo libre? El jugoso mercado infantil no se descuidaba, y comenzaban a producirse precoces lecciones de amor sensiblero: Lucerito prometía primaveras de color y los parchís mexicanos, Timbiriche, se estrenaban con Amor para ti.

 

— Amigo automovilista, regálenos con un momento de su atención. La Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal, a través del amable conducto de esta emisora, le demuestra su preocupación por la seguridad de usted y de los suyos. Maneje con cuidado, sea atento manejando.

 

En 1982 ninguna dependencia mesuraba la percepción de la seguridad pública, pero las cosas estaban muy mal en la capital del país. La preocupada dependencia de gobierno que patrocinaba el spot radiofónico que apostaba por la amabilidad era dirigida por Alfonso Durazo Moreno, quien sobresalía como un corruptazo entre los corruptos.


En 1982, financiado por el mismo Durazo, apodado El Negro, apareció Un sol, primer álbum de un púber de 12 años, quien apenas el año anterior había debutado cantando en una fiestecita privada en el Campo Marte, la boda del joven Pascual Ortiz Rubio Downey, nieto del expresidente Pascual Ortiz Rubio, con Paulina López Portillo, hija del presidente en funciones. El salto a la fama fue inmediato: Luis Miguel pronto llegaría a las puertas del cielo, Siempre en domingo, y pronto lo atestiguaría así una foto del sonriente muchachito en la portada la edición de Teleguía que cubría los últimos días de agosto de 1982.

 

•

 

— Compre un nuevo televisor K2. Y sentirá la diferencia ¡siempre! K2, el más joven, el mejor.

 

Hace cuarenta años, el tiempo de ocio era feudo de la televisión. Las caricaturas en el canal 5 entretenían a los pobres niños que no podían pasarse las tardes jugando en la calle, al tiempo que las telenovelas se hacían cargo de la educación sentimental de buena parte de los hogares mexicanos. A lo largo de los últimos meses del 82 y los dos primeros del 83, un montón de gente no se perdía de lunes a viernes los capítulos de las comedias estelares del canal 2.


Primero, de nueve a nueve y media de la noche, Mañana es primavera, en la que actuaban Silvia Pinal, su hija Viridiana Alatriste, Gustavo Rojo y Gonzalo Vega, y después, de nueve y media a diez, Gabriel y Gabriela, basada en la historieta homónima de la tabasqueña Yolanda Vargas Dulché, y publicada originalmente en 1968 en el Lágrimas y Risas, una de las muchas revistas populares que se consideraban de mal gusto.

 

Hoy una porción considerable de la clase media considera de muy buen gusto, casi un timbre de distinción, llamar mal vestido y naco al presidente de la República, y en cambio políticamente incorrecto decirle naca a una empleada doméstica o a una vendedora, por lo menos públicamente. Hace cuarenta años las cosas no eran así.

 

Cachetón, melenudo, de corbata y blazer, entra a cuadro. Lo recibe una vendedora:

 

— A sus órdenes.

 

— ¡Qué buena onda!, ¿veees? —dice Luis de Alba, caracterizando a “El Hijín”, un personaje al que después rebautizaría como “El Pirruris”— Viene personalmente, y no lo acostumbro, a comprar el regalo de papi, ¿veees?

 

El comercial anunciaba las tiendas de calzado popular CANADA.

 

— ¿Y cuáles se lleva?

 

— ¡Todos, nacolina!

 

En Mañana es primavera el drama trascendió la pantalla: el 25 de octubre Viridiana Alatriste se mató en un accidente automovilístico.

 

Terminando Gabriel y Gabriela, en la que Ana Martín interpretaba a dos mujeres, madre e hija, quien a su vez actuaba como varón, daba inicio la diaria versión oficiosa y hegemónica de la realidad nacional: 24 horas, con el licenciado Jacobo Zabludovsky.

 

•

 

Hace cuarenta años, durante el último informe de gobierno del presidente López Portillo, México presenció en cadena nacional uno de los espectáculos más grotescos y melodramáticos montado por el poder público. Luego, ya en la noche, la triste recapitulación…

 

— Televisa presenta su programa…: 24 horas, con Jacobo Zabludovsky. Dirección de cámaras: Rubén Mancilla Talavera.

 

Zabludovsky aparece a cuadro: “El presidente José López Portillo, en el informe más dramático que se recuerde en México, anunció la expropiación de todos los bancos privados y el control completo de cambios.”

 


José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco reaparece en pantalla, portando la banda presidencial. Seis micrófonos sobre la palestra. Una inmensa bandera de México a su espalda. A gritos, arenga a la Nación desde la Cámara de Diputados:

 

— ¡Es ahora o nunca! ¡Ya nos saquearon! ¡México no se ha acabado! ¡No nos volverán a saquear!

 

Increíble: aplausos apasionados. De nuevo Jacobo a cuadro:

 

— Pareció que por momentos no podría seguir leyendo, sobre todo cuando hizo referencia a la situación de los desamparados.

 

— A los que hace seis años les pedí un perdón… que he venido arrastrando como responsabilidad personal… —y hasta ahí: el nudo en la garganta no le permite al mandatario continuar y da un puñetazo en la palestra. Increíble: otra ovación apoteótica—, … les digo que hice todo lo que pude para organizar a la sociedad y corregir el rezago; que avanzamos; que si por algo tengo tristeza es por no haber acertado a hacerlo mejor… Hicimos todo lo que pudimos, incluso nos lo han satanizado [sic]; pero afirmo que sigue siendo imperativo del sistema, conquistar por el derecho y el desarrollo, la justicia. Más no pude hacer.

 

Un año atrás, el 17 de agosto de 1981, López Portillo había echado mano de sus grandes dotes histriónicas cuando, entre manotazos también, declaró que defendería al peso “como un perro”. Justo medio año después, el 17 de febrero de 1982, el Banco de México se había retirado del mercado internacional de cambios, y el gobierno se había visto forzado a declararse en moratoria de pagos y devaluar de 22 a 70 pesos por dólar.

 

•

 

En 1982 García Márquez ganó el premio Nobel de Literatura, y en medio de la hecatombe, de Estocolmo llegó una buena noticia a nuestro país: don Alfonso García Robles, un mexicano, era galardonado con el Nobel de la Paz (octubre 13 de 1982). ¿La hecatombe? Sí, ni más ni menos: además de la devaluación, la inflación estaba desbocada, la deuda externa se había disparado a más de cien mil millones de dólares y los precios del petróleo seguían en la lona.

 

Hace cuarenta años la mayoría de la gente que hoy habita este país aún no había nacido —la edad mediana de acuerdo con el Censo de Población de 2020 es de apenas 29 años—, así que quienes lo vivimos y podemos recordarlo conformamos la minoría, la provecta minoría. Junto con otros cinco millones de seres humanos, en 1982 yo radicaba en el Distrito Federal. Éramos defeños y nadie tenía que preocuparse por decir “defeños y defeñas” —el esperpento defeñes a nadie se le hubiera ocurrido—. Cinco años después me iría a vivir a Aguascalientes. Ahora de nuevo vivo por acá. Ya somos casi el doble y el entrañable DF pasó a la historia. En 1982 cursaba el quinto de preparatoria en el Centro Universitario México, el CUM —entonces los hermanos maristas sólo admitían varones en sus aulas y Marcelino Champagnat, su fundador, todavía no era santo, apenas beato—. El domingo 4 de julio habían ocurrido las elecciones federales. Yo aún no podía votar, pero creo que, si hubiera contado ya con la mayoría de edad, tampoco hubiera participado; no tenía ningún sentido: aquellos fueron los últimos comicios de utilería organizados por el PRI. A pesar de que en 1982 el gallo de la gran familia revolucionaria sí tuvo contrincantes —seis años antes López Portillo había sido candidato único…, y había ganado—, los comicios fueron del todo inútiles.


El colimense Miguel de la Madrid Hurtado —abogado por la UNAM y con una maestría en Administración Pública en la Universidad de Harvard— ganó la contienda con 71% de los sufragios, mientras que su más cercano contendiente, el panista Pablo Emilio Madero, obtuvo poco menos del 16% —el candidato de la izquierda mejor ubicado resultó Arnoldo Martínez Verdugo, del Partido Socialista Unificado de México, quien, según el cómputo oficial, consiguió menos del 4% de los votos—. Ocho días después del último informe de gobierno de José López Portillo, De la Madrid Hurtado —a quien se le vio aplaudir aturdido en aquel evento— fue declarado presidente electo por el Congreso. “Gobernar con el ejemplo” había sido su lema de campaña.

 

El primero de diciembre, Miguel De la Madrid asumió el cargo de presidente de la República. Entre sus primeras medidas, nombró jefe del Departamento del Distrito Federal a Ramón Aguirre, para que administrara los asuntos públicos de la ciudad —faltaban quince años para que los capitalinos pudiéramos elegir democráticamente a nuestro jefe de Gobierno—. De la Madrid asumió el cargo en medio de la crisis de la deuda externa, la cual apenas era una entre muchas otras. En su primera alocución como presidente, dijo: “México se encuentra en una grave crisis. Sufrimos una inflación que casi alcanza este año el cien por ciento; un déficit sin precedentes del sector público la alimenta agudamente y se carece de ahorro para financiar su propia inversión; el rezago de las tarifas y los precios públicos pone a las empresas del Estado en situación precaria…; el debilitamiento en la dinámica de los sectores productivos nos ha colocado en crecimiento cero. El ingreso de divisas al sistema financiero se ha paralizado… Tenemos una deuda externa pública y privada que alcanza una proporción desmesurada, cuyo servicio impone una carga excesiva al presupuesto y a la balanza de pagos y desplaza recursos de la inversión productiva y los gastos sociales. La recaudación fiscal se ha debilitado… El crédito externo se ha reducido drásticamente y se han desmeritado el ahorro interno y la inversión. En estas circunstancias, están seriamente amenazados la planta productiva y el empleo… Los mexicanos de menores ingresos tienen crecientes dificultades para satisfacer necesidades mínimas de subsistencia. La crisis se manifiesta en expresiones de desconfianza y pesimismo en las capacidades del país para solventar sus requerimientos inmediatos; en el surgimiento de la discordia entre clases y grupos, en la enconada búsqueda de culpables; en recíprocas y crecientes recriminaciones; en sentimientos de abandono, desánimo y exacerbación de egoísmos individuales o sectarios… Este es el panorama nacional… Vivimos una situación de emergencia…  La situación es intolerable. No permitiré que la Patria se nos deshaga entre las manos”. No exageraba. Todos sabíamos que estábamos en una crisis económica, pero dudo que muchos supieran que estábamos por entrar, obligadamente, a una nueva estrategia de desarrollo, el programa neoliberal. De entrada, el PIRE, el Programa de Reordenación Económica. El peso se devaluó de nuevo, de 70 a 150 pesos por dólar, las tasas de interés se dispararon a más del cien por ciento, la inflación siguió su marcha y el gasto público se redujo. Eso sí, dizque para evitar la corrupción, los salarios de los altos funcionarios aumentaron.

 

El 19 de enero de 1983, como parte de sus afanes de “renovación moral de la sociedad” —ojo, no del gobierno, “de la sociedad”—, el presidente De la Madrid crea la secretaría de la Contraloría, y unos días después, el 25 de enero, como parte del ideal de la planeación, crea el INEGI —hoy Instituto Nacional de Estadística y Geografía, inicialmente Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática—.

 

El INEGI cumplirá en unos meses cuarenta años de existencia.

martes, 4 de octubre de 2022

Cultura tóxica

  

A esta sociedad le fascina que seas adicto y que te sientas inadaptado. Este sistema económico necesita que nos sintamos necesitados todo el tiempo. Las expectativas que la cultura nos mete en la cabeza son ponzoñosas. El sistema económico pone a las personas unas en contra de las otras; impone la competencia, la agresión y la desconfianza como estrategias para sobrevivir, minando el sentido de comunidad. La sociedad invierte muy poco en la cura y demasiado en socavar nuestra salud.

 

El modelo civilizatorio en el que vivimos prácticamente está diseñado para hacer que la gente viva estresada. Eso piensa el doctor canadiense Gabor Maté (Budapest, Hungría; 1944). Sostiene que el estrés es el principal causante de patologías. Nuestras sociedades son el caldo de cultivo perfecto para que todos estemos enfermos, dado que sistemáticamente incentivan los detonadores del estrés: incertidumbre, inseguridad, pérdida del control, falta de información y situaciones de conflicto.

 

Evidencia abunda. Por ejemplo, este viernes, Los Angeles Times publicó: Young adults in California experience alarming rates of anxiety and depression, poll finds. Traduzco: “A un ritmo alarmante, en California los problemas de salud mental entre los adultos jóvenes aumentan; más de tres cuartas partes reportaron ansiedad en el último año; más de la mitad, depresión; 31% han tenido pensamientos suicidas, y 16% se han autolesionado.” Una encuesta realizada por The California Endowment confirma una añeja tendencia de empeoramiento de la salud mental, exacerbada por la pandemia. Las personas de 18 a 24 años conforman una generación lacerada por muchísimos problemas: 86% dijo que el costo de la vivienda es un problema extremadamente serio o muy serio, y más de 75% opina lo mismo sobre el costo de su educación y la falta de empleos bien remunerados. El 82% calificó como un problema extremadamente grave o muy grave la salud mental. Cuestionados acerca de qué perspectiva tienen acerca de su futuro, 57% lo calificaron como incierto, 43% como preocupante, y sólo el 5% dijo que será feliz. Los jóvenes californianos no se sienten bien: de cada 100, 77 declararon que durante el último año se han sentido abrumados, 76 con ansiedad, 70 excesivamente preocupados, 68 con dificultades para concentrarse, 67 aislados o solos, 56 con dificultados para relacionarse con los demás y 54 (subrayémoslo, más de la mitad) deprimidos. Para contextualizar estos datos, recordemos la enorme riqueza que se mueve en el estado norteamericano de California: su PIB en 2021 ascendió a 3.2 billones de dólares, 81.9 mil dólares per cápita, mientras que el PIB de México ese mismo año fue de 1.3 billones de dólares, 10.2 mil dólares per cápita.

 


“Todas nuestras aflicciones, ya sean adicciones, padecimientos físicos crónicos, lo que solemos llamar enfermedades mentales, disfunciones, todas comparten el mismo patrón: heridas infantiles… Y no son eventos biológicos aislados que ocurran en determinados individuos, sino que son parte de un proceso que sucede al interior de nosotros y manifiestan la relación que todos tenemos con el medio ambiente, de manera destacada con nuestro entorno de crianza temprana y con nuestra cultura”. En entrevista con Rich Roll, el doctor Maté habló acerca de su más reciente libro, The Myth of Normal: Trauma, Illness, and Healing in a Toxic Culture (Random Hose, 2022). En el subtítulo aparece la tesis de toda la obra: nuestra cultura, la del capitalismo contemporáneo, es tóxica. “La cantidad de niños con diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad se incrementa constantemente, sin pausa. Esto no puede explicarse individualmente. Tenemos que entender que esto es algo que tiene que ver con nuestra cultura”.

 

Cultura se opone a natura: natural es lo silvestre, cultural es lo cultivado.  “Cuando estudiamos microorganismos en un laboratorio, los reproducimos en un caldo, les damos un caldo para nutrirlos. Llamamos a eso un cultivo, un medio de cultivo —a growth medium or a culture medium—. Y si en este caldo de cultivo los microorganismos mueren en grandes cantidades o no crecen o se enferman, entonces llamamos a ese medio un caldo de cultivo tóxico —toxic culture—. Digo —dice Gabor Maté— que cuando en una sociedad más y más gente se enferma, se vuelve adicta, padece trastornos mentales, se lastima a sí misma, más personas mueren de sobredosis, todo esto muestra que estamos en una cultura tóxica”.

 

Maté insiste en que la abstracción que denominamos “salud” no es sólo un evento biológico aislado, que acontece o no en el cuerpo de un individuo, sino el resultado de la interacción de todo, incluidos diversos contextos: la vida de las personas sucede en un medio ambiente ecológico, social, cultural, que incide directa e inevitablemente en su salud. No solamente el cuerpo y la mente de una persona están conectados entre sí, además la mente de cada uno de nosotros está conectada con las mentes de la demás gente que nos rodea. El ambiente emocional afecta el metabolismo humano; “nuestro aparato inmunológico, nuestro sistema nervioso, nuestras entrañas, nuestros corazones… son afectados por las condiciones sociales, por la inequidad, por el estrés… El sexismo, el racismo tienen impactos psicológicos y fisiológicos. Esto no es especulación, es ciencia.”

 

El Informe Mundial sobre Salud Mental 2022 de la OMS muestra un escenario que confirma el diagnóstico de Gabor Maté. “Las tasas de trastornos que ya son comunes, como la depresión y la ansiedad, aumentaron en un 25% durante el primer año de la pandemia, sumándose a los casi mil millones de personas que ya sufren algún trastorno mental”. En 1930, en El malestar de la cultura, Freud escribía: “… con toda justificación reprochamos al actual estado de nuestra cultura cuán insuficientemente realiza nuestra pretensión de un sistema de vida que nos haga felices…” Hoy ese reproche se queda corto, muy corto.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Normales y escuadrados

  

The real hopeless victims of mental illness

are to be found among those who appear

to be most normal.

Aldous Huxley, Brave New World Revisited.

 

 

 

1

 


En su traducción al español (Anagrama, Barcelona, 1990) de Breakfast at Tiffany’s (Random House, 1958) de Truman Capote, Enrique Murillo comete un montón de traiciones. Aquí viene a cuento solamente una.

 

Holly y Mag conversan. Holly quiere saber si, cuando están en la cama, José muerde a Mag.

 

— Pues no, la verdad. ¿Te parece que debería hacerlo? Pero se ríe.

 

— Bien. Eso me parece correcto. Me gustan los hombres con sentido del humor, la mayoría no hacen más que jadear y soltar bufidos.

 

Mag no agrega nada, pero Holly quiere saber más detalles:

 

—Bien. No muerde. Ríe. ¿Qué más?

 

Mag no responde, así que su amiga insiste. 

 

— Ya te he oído. Y no es que no te lo quiera contar. Pero me cuesta mu- cho acordarme. No les doy vu -vuel– tas a esas cosas… Se me olvidan, como los sueños. Estoy segura de que eso es lo co –corriente.

 

— Puede que sea corriente, pero yo pre- fiero ser rara.

 

Hasta aquí la traducción. Ahora, los dos últimos parlamentos originales, en inglés:

 

— I’m sure that’s the n-n-normal attitude.

 

— It may be normal, darling; but I’d rather be natural.

 

¿Vieron? La traducción esfuma por completo el sentido del texto, peor, lo revierte: Capote no opone corriente a raro, sino normal a natural. Holly sostiene que lo normal puede ser algo distinto a lo natural…, cosa que, como el traductor, tampoco entendió Mag:

 

— Entiéndeme, por favor, Holly. Soy una persona superconvencionalísima.

 

 

2

 

Por supuesto, la texana Holly Golightly tiene razón: la normalidad no es natural, es justo lo contrario: lo normal es necesariamente cultural. De lo anterior se desprende —y me perdonarán los sapientes señores de la Real Academia— que la primera acepción del vocablo que ofrece el diccionario de la RAE es incorrecta: “normal: dicho de una cosa: que se halla en su estado natural”. Ya en las dos siguientes acepciones corrigen el rumbo —“habitual u ordinario” y “que sirve de norma o regla”—, pero el yerro está hecho. Normal no es sinónimo de natural. Antes bien, son antónimos. Para demostrarlo, optemos por el tino de doña María Moliner: en primera acepción —más apegada, como veremos, al origen etimológico de la palabra—, define: “se aplica a lo que sirve de norma o regla”; y en la siguiente, la que me parece más útil: “se aplica a lo que ocurre como siempre o sin nada extraordinario”. 

 

— Y tú, ¿te ríes?

 

— No, nomás jadeo y bufo. Normal.

 

Y, claro, por ahí, la ilusión del arrimo con la antípoda: natural.

 

Ahora, como casi todo mundo sabe, como todo mundo puede intuir, tanto normal como norma provienen de la voz latina norma, a la que se agrega el sufijo de relación o pertenencia al —como en espectro, espectral; tribuna, tribunal; demencia, demencial, etcétera—. ¿Y qué es una norma? Pues sí, como el diccionario de la RAE señala, es la “regla que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas, actividades”. El deber ser —“precepto jurídico”—. El segundo significado que ofrece la Academia se adecua a la etimología de ambas palabras, norma y normal: “escuadra que usan quienes arreglan y ajustan los maderos, piedras”. Para estar en norma hay que ajustarse. En efecto, norma viene del latín norma, que “en su significado más primitivo hace referencia al instrumento que usaban los albañiles y carpinteros para construir algo en ángulo recto: la  escuadra. De tal modo entonces que cuando las piezas (piedras, madera) estaban a escuadra, es decir, coincidían con ella, a saber, guardaban bien el ángulo recto, decían que estaban normales (normalis, -e), regulares, cuando no, entonces estaban a-normales (abnormis, -e), bien porque se pasasen y entonces estaban e-normes (enormis. -e), bien porque se quedasen cortas y entonces estaban sub-normales.” (Diccionario filosófico de Centeno). Lo normal no es lo natural, sino lo que se tiene que ajustar. 

 

Lo normal es lo ajustado. La normalidad es una ilusión colectiva a la que nos aferramos para sentirnos parte de un enorme mosaico. La normalidad es el deber ser disfrazado de ser. Otra vez la señora Moliner: norma es la “escuadra usada por los que trabajan las piedras, la madera, etcétera, para arreglar las piezas de modo que ajusten unas con otras”. Recordemos el mito bíblico de Adán y Eva: primero desnudos, y después del pecado original, arrojados a la creación de la cultura, escuadrados. Es natural andar encuerados, pero no es normal.


Circle of Jan van Hemessen (Master of Paul and Barnabas?)
(c1500-c1575-79) - The fall of man, c1550-60 : detail

 

 

3

 

Sirva todo lo anterior para encuadrar apenas el más reciente libro del doctor canadiense Gabor Maté (Budapest, Hungría; 1944): The Myth of Normal: Trauma, Illness, and Healing in a Toxic Culture (Penguin Random Hose, 2022).

 

Gabor Maté estudió primero Literatura y después Medicina. En una entrevista que concedió hace unos días, hablando acerca de su libro, Maté aseguró: “Lo que consideramos como normal en esta sociedad no sólo no es natural ni sano, sino que, de hecho, es además la causa de la mayoría de las patologías humanas, mentales y físicas. Lo que llamamos anormal, patológico, es una respuesta normal a una cultura anormal”. Sin ambages, la primera línea del texto introductorio diagnostica la situación en la que nos hallamos, al menos en Occidente: “En la sociedad más obsesionada con la salud que ha existido, no todo está bien”. Gabor Maté sostiene que vivimos en sistema tóxico que nos enferma a todos. Ya hablaremos de ello la próxima semana.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

El iceberg fantástico de la académica

 

Por un tuit Manuel Díaz me enteré de un texto publicado la semana pasada en El Universal por Guillermina Baena Paz: “La narrativa perversa del presidente y el futuro de México decidido por un 62%”. El apunte de la profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM es deplorable. Más allá de la postura política que ostenta —aunque resulta excesivo llamar así al ramillete de prejuicios y fobias que Baena placea—, el escrito me indigna por su incorrección.


1.            Seguramente no se precató, pero al titular lo que pretende ser un dicterio en contra del presidente de López Obrador, la doctora describe la situación ideal en un régimen democrático, esto es, que la mayoría de la gente decida el porvenir del país, en este caso, 62%, una mayoría contundente —en 2018, AMLO ganó la Presidencia de la República con 53% de los sufragios, y el verbo que muchos periódicos eligieron para dar cuenta de ello fue arrasa—.


2.            El altísimo nivel de aprobación de AMLO provoca desasosiego a Baena: “Esta situación es profundamente preocupante dada la realidad que estamos viviendo en el país”. Para la académica, aunque no explica “la realidad” que alude, la gente que aprueba a AMLO es o estúpida o masoquista.


3.            Luego, con toda claridad, aunque con una pésima redacción, expone primero su confusión y después su ignorancia acerca de la metodología de cualquier encuesta de opinión: “De hecho, ese 62% se ignora quiénes o a qué se debe. Las encuestadoras no han contado quienes [sic] están en ese 62%”. ¿La profesora exige los nombres y apellidos de los encuestados que apoyan a AMLO, quizá para agregarlos a la lista negra que el señorito X. pretende integrar?


4.            En ningún momento Baena pone en duda la aprobación que alcanza AMLO, lo que hace es mostrar el hecho como pernicioso. Ahora, ¿cómo es posible que tanta gente apruebe a un señor que “envenena la vida pública” desde el gobierno? —la frasesita entrecomillada la copio del texto de doña Guillermina, quien a su vez, nos dice, la toma de Krauze—. ¿Cómo explica ella la aceptación presidencial? Fácil: por el poder del mal: “un manejo perverso de comunicación política”. Luego, la tautología: “… en el fondo existe un conjunto de intrincados recovecos de una comunicación que logra preservar a sus adeptos”.


5.            La académica sostiene que el mundo está al revés: “en la punta visible del iceberg, ese 62% decidirá el futuro del país y tal vez ni lo sepa, ni lo imagine” [sic]. ¿Una punta de iceberg en la que está la mayor parte del iceberg? Y claro, será muy la mayoría, pero es estúpida.


6.            Enseguida, viene el “análisis” de la doctora: “Hay varios elementos que maneja [sic] en su narrativa”. Para empezar, mal redactada, una obviedad: “Uno de ellos es la percepción juega [sic] un papel muy importante combinado [sic] con sexo, educación y edad”. Así comienza un alegato plagado de incorrecciones gramaticales, afirmaciones sin sustento y, lo más lamentable, la exhibición de un profundo odio a la democracia, atizado por el clasismo ramplón del aspiracionismo clasemediero.


7.            Baena recrimina a AMLO porque, dice, trata de “dar la impresión de que él, es como ellos, y al usar expresiones fuertes, insultantes incluso, justo como las de ellos…” Ese ellos, claro, es la mayoría de la gente, ¡fuchi!


8.            A Baena no le gustan “los adeptos” de AMLO, a quienes, en un desafortunado lance léxico, llama “impensados”: “Los discursos matutinos… son dirigidos a maravillar a toda esa cantidad de impensados…” No importa que impensadosea un adjetivo —que sucede sin pensar en ello o sin esperarlo—, la doctora sustantiva el vocablo, supongo que con la intención de decir que las personas que atienden las mañaneras, ellos, no piensan. Pues sí, estamos maravillados.


9.            Los “adeptos” de AMLO, según Baena, son lo bastante zopencos como para dejarse introyectar —un verbo que no existe pero suena muy feo—: “les introyecta [AMLO] la idea de que son siempre víctimas y lo más complejo es que se asumen como tales, incluso como parte de su propia identidad”. Como lo lee usted: ¡el malvado López Obrador le hace creer a la gente pobre que es pobre!: “son pobres, son víctimas, viven un desastre…” ¡Carajo, tan bien que vivían antes todos los pobres sin introyectar que eran pobres!


10.         Los impensados, maravillados, ignorantes e incapaces de imaginar, los “adeptos” de AMLO, son seres atascados en el retraso cultural: “Están sujetos a sus tradiciones, creencias y costumbres… No creen en los bots o en los trolls. No ven noticiarios. Están atentos al futbol. Se informan de voz a voz. Usan celular y creen fielmente lo que dicen las redes…” En suma,  son tan imbéciles que son presa fácil del perverso de Macuspana: “Con este perfil de adeptos es fácil llevarlos hacia la polarización y la división típicas del manejo populista actual”. 


11.         Guillermina Baena publica en El Universal tamañas sandeces y, sin embargo, describe a México como “una autocracia que asfixia e impide la libertad”.


12.         La doctora en Estudios Latinoamericanos, no en ninguna ciencia médica, diagnostica al presidente de la República: “La salud del presidente se agrava por salud física o mental [sic] y se ve obligado a dejar el cargo”. Y aquí uno por más que se esfuerce ya no entiende: si AMLO está por irse, ¿qué le causa tanta angustia? ¿O no es un diagnóstico sino un deseo?


13.         Ya para cerrar, la coordinadora del Seminario de Estudios prospectivos la FCyPS de la UNAM escribe un lamento de un patetismo digno del Canal de las Estrellas: “en el aquí y en el ahora las urgencias se multiplican, las preocupaciones aumentan y el miedo es el fantasma que está presente todo el tiempo. Estamos guarecidos en el todavía para poder construir un futuro diferente, porque el actual no podemos aceptarlo”.

 

Yo estudié Sociología en la FCPyS, y el bodrio textual de Guillermina Baena me desazona.