Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

viernes, 5 de mayo de 2017

Un ganga

Literature is news that stays news.
Ezra Pound


Sîn-lēqi-unninni vivió en algún lugar de Mesopotamia hace unos tres mil doscientos años. Se ha dicho que era un experto en conjuros, especialmente en imprecaciones contra seres demoníacos. Más recientemente, algunos sostienen que más bien era alguien especializado en cantos y lamentaciones rituales. Independientemente de como halla oficiado, existe un consenso entre los asirólogos: Sîn-lēqi-unninni fue una especie de sacerdote involucrado directamente en la integración de la versión canónica de la narración más antigua de la que la humanidad guarde hoy registro: la Epopeya de Gilgamesh. Gezina Gertruida de Villiers, doctora en Lenguas Semíticas por la Universidad de Pretoria, Sudáfrica, ofrece la más clara explicación que conozco del asunto: “La mayoría de los estudiosos están de acuerdo en que alguien llamado Sîn-lēqi-unninni tuvo que ver con la creación de [la que hoy conocemos como la] versión babilónica estándar de la Epopeya de Gilgamesh. No se sabe mucho de él. Pudo haber sido un exorcista... Podemos estar seguros de que fue entrenado como escribano: algunas familias de escribas y sacerdotes de Uruk y muchos cantantes de culto lo consideraban como su antepasado remoto. La evidencia de que Sîn-lēqi-unninni fue autor de la Epopeya de Gilgamesh proviene de una tablilla neo-asiria que parece ser un catálogo de textos. La Epopeya de Gilgamesh se registra de la siguiente manera: Serie de Gilgamesh: de la boca de Sîn-lēqi-unninni... La expresión ‘de la boca de’ era una forma típica de expresar la autoría. ¿Pero cuándo vivió exactamente Sîn-lēqi-unninni? Es incierto. Los estudiosos lo colocan a finales del segundo milenio antes de nuestra era…, entre los siglos XIII y XI a. C.” (Understanding Gilgamesh: his World and his Story, 2004).

Cuando Sîn-lēqi-unninni se sentó a compilar su versión, la Epopeya de Gilgamesh ya había vivido buena parte de su propia épica. La obra maestra de la literatura de Mesopotamia narra las aventuras de un personaje milenario con un pie puesto en la historia —según la Lista real sumeria, Gilgamesh gobernó la ciudad-estado de Uruk alrededor del 2750 a. C.— y otro en la mitología —era hijo del rey Lugalbanda y de la diosa Ninsun—. Gilgamesh logró fama por haber construido el templo de Anu e Ishtar en Uruk, así como la muralla que rodeaba la ciudad. Un entramado de hechos reales y hazañas legendarias —por ejemplo, haber vencido al monstruo Humbaba— transmitido de boca en boca, de generación en
generación, transmutaría a la persona en personaje, de tal suerte que unos dos siglos y medio después de su existencia histórica, Gilgamesh comenzaría a ser deificado. Alrededor del 2100 a. C., el relato pasó a los textos cuneiformes escritos en tablillas de arcilla por los sumerios. Se conocen hasta ahora cinco variantes sumerias, todas base de la posterior versión en lengua acadia. La composición fue bien conocida durante el medio imperio babilonio (1600-1000 a. C.), y alrededor del 1200 a. C., la Epopeya… había alcanzado la forma de unas 3000 a 3500 líneas que ahora es conocida como la Versión estándar, la atribuida a Sin-leqi-unninni. En las ruinas de la biblioteca de Nínive, erigida por el rey Asurbanipal alrededor del 640 a. C., se localizaron diversos fragmentos de cuatro copias de dicha versión, cada una de ellas en doce tablillas. Hay evidencia de que todavía en el siglo III a. C. el poema era bien conocido en Asia Menor; la última copia escrita en cuneiforme que se conoce data del 130 a. C. Y el ascendiente que tuvo Gilgamesh en la Antigüedad fue amplísimo: “Como la Ilíada y la Odisea, como las canciones de gesta —apunta Agustí Bartra— el poema de Gilgamesh era recitado y fue vastamente conocido entre los pueblos del Asia anterior. No cabe duda que influyó sobre el tipo de héroe del Sansón bíblico y del Hércules griego, y cuando la leyenda se apoderó de la figura de Alejandro Magno, algunas de las hazañas de Gilgamesh le fueron atribuidas. Con los siglos, este gran mito de la fuerza del hombre y, a la vez, del héroe mordido por la conciencia de su vulnerabilidad, fue derribado y esparcido, y la sombra de los siglos lo cubrió”.

En efecto, la Epopeya de Gilgamesh se perdió durante casi dos milenios.
Fue a partir de algunas de las tablillas halladas en Nínive que George Smith (1840-1876) comenzó la recuperación contemporánea de la Epopeya de Gilgamesh. En 1872, tradujo la tablilla XI de lo que entonces llamó las Leyendas de Izdubar, e inició así un proceso que todavía hoy no termina, porque siguen apareciendo piezas del rompecabezas… En 1891 Paul Haupt logró integrar por vez primera vez fragmentos de todo el poema. En 1930, R. C. Thomson publicó una edición empleando ya 112 tablillas y fragmentos, algunos localizados en Anatolia. Y de entonces para acá se han hecho muchas versiones, en distintos idiomas —según el Index Traslationum de la UNESCO, actualmente las hay en más de noventa lenguas—.

A la fecha, la edición más completa —integra 217 fuentes— es la que realizó Andrew George, profesor de asirología en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres: The Babylonian Gilgamesh Epic: Introduction, Critical Edition and Cuneiform Texts (Oxford UP, 2003. Edición bilingüe, inglés y cuneiforme. 450 páginas.). Si te interesa, la puedes comprar en Amazon por sólo $10,952.28 pesos…, ¡una ganga!

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