Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

martes, 30 de marzo de 2021

La melancolía de Roger Bartra

Con motivo de la publicación de su más reciente libro, Regreso a la jaula, en el cual, dicho en corto, se dedica a criticar al presidente López Obrador, el pasado domingo, el diario español El país publicó una entrevista al sociólogo Roger Bartra. Van de mi parte algunas apostillas:

Bartra afirma que AMLO pretende volver a una “situación preneoliberal”… Si eso cree, no es extraño entonces que piense que el del presidente es un “estilo irracional de gobernar”.  Considerando que viajar en el tiempo es por ahora imposible, ¿no resulta irracional preocuparse de que AMLO logre su propósito?

 

Bartra, contundente, sorraja: “López Obrador es un populista de derechas de manual”… Raro, ¿no? De derecha y toda la derecha lo detesta.

 

Bartra dice que el presidente de la República y Morena “están enfrentando a los tres grandes partidos que acordaron y lograron la transición democrática…” Resulta, pues, que la transición democrática fue un logro que “acordaron” el PRI, el PAN y el PRD regalarnos… ¡Qué nobles! ¡Y qué malagradecido el Peje!

 

Bartra sostiene que  Andrés Manuel es un “populista de derechas”. Cuando Constanza Lambertucci, la entrevistadora, le pide que defina “populismo”, el académico responde: “El populismo no es una ideología política, tampoco es una estrategia política… Es un fenómeno de cultura política.” En resumen: el populismo no etiqueta nada concreto, pero el Peje le cae muy gordo.

 

Bartra asegura que López Obrador es un político “de derechas”. En la misma entrevista dice que “el PAN es el partido tradicional de la derecha, una derecha muy atrasada, hispanizante y religiosa, pero tiene un lado liberal”. ¿O sea, la derecha es enemiga de la derecha?

 

Bartra proclama que el PRI, el PAN y el PRD “acordaron y lograron la transición democrática”. En la misma entrevista asevera que “el PRI es justamente el símbolo de todo aquello que derrumbó la transición democrática. Es un partido que yo detesto…” El PRI, pues, ¿es suicida? De cualquier forma, Roger Bartra pide salvar al partido que detesta.

 

Bartra nos interpele en favor del PRIANrd: dice que “hay que defender” al  PRI, al PAN y al PRD —el muégano del señor X—, “a pesar de lo horrible que puedan parecer”. Pero, si algo “parece” horrible es horrible, por definición, ¿no?, al menos hasta que deje de parecer horrible… Y justo eso es lo que quiere Bartra.

 

Bartra clama: “hay que reequilibrar las cosas y lo mejor sería simplemente que el Gobierno no tuviera una mayoría”… ¿Reequilibrar? ¿Antes de julio 2018 vivíamos en un país con las cosas equilibradas? No, pues aquí sí me declaro ciego, sordo, estúpido…

 

Bartra no tiene empacho en decir que “esos tres partidos (PRIANrd), a pesar de lo horrible que puedan parecer, representan la transición democrática y hay que defenderlos a pesar de ellos mismos”. ¡Esto sí ya me supera, es como alquimia mental, ciencia política de energúmenos!

 

A mí se me hace que el doctor Bartra trae muy polarizada la capacidad de análisis. Quizá sea que padece cierta melancolía.

viernes, 26 de marzo de 2021

El país marrullero y crispado



Marrullería: astucia tramposa o de mala intención.

RAE, Diccionario de la Lengua Española.


Sin firma, este sábado el diaro español El país publicó una editorial marrullera: “México crispado”. De entrada, afirma que “el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha desarrollado en las últimas semanas una estrategia de confrontación”… ¿Contra quién? ¡Qué curioso! No lo dice. Enseguida, sostiene que la supuesta estrategia de confrontación “coincide con un momento de extrema debilidad del país, aún bajo los estragos de la pandemia y su estela de muerte…” Los daños causados por el SarsCov-2 son palmarios, incluida la horrenda mortandad, aquí y en buena parte del planeta. Pero considerando la evolución de la pandemia, en México no estamos ni de cerca en un “momento de extrema debilidad”. El mismo sábado, Reuters informaba: “La media de muertes reportadas cada día en México decrece en más de 300 durante las últimas tres semanas, 24 % de su pico anterior”; además, notificaba que “los contagios por COVID-19 están decreciendo en México, con 4,305 nuevos contagios reportados de media cada día. Esto representa un 25% del pico —la media más alta, reportada en 20 de enero—.” En suma, por ahora, afortunadamente, la pandemia en México sigue perdiendo fuerza. Además, claro, los anónimos señortitos de El país no contextualizan; no confrontan la situación de nuestro país, por ejemplo, con la del otro gigante latinoamericano: “Brasil lidera el mundo en el número medio de nuevas muertes reportadas, representando en torno a una de cada cuatro reportada mundialmente cada día”, según tabién Reuters, agencia que detallaba: los contagios en Brasil están en la media más alta reportada hasta ahora, con 72,572 nuevos contagios diarios. De los avances que aquí se han alcanzado en la reconversión hospitalaria y en la campaña de vacunación, de la situación en Estados Unidos, Europa y en la propia España, ni pío, por supuesto… 


La editorial ibérica continúa: “En una escalada que solo se entiende por la proximidad de la cita electoral de junio, donde se juega la composición de la Cámara de Diputados y 15 gobernaturas, el mandatario…” Es decir, el sesudo análisis presenta a AMLO como el precursor de una ofensiva que, según presentan las cosas, no tiene más antecedentes ni hisorial que su propia actuación —una “escalada” es el “aumento rápido y por lo general alarmante de algo, como los precios, los actos delictivos, los gastos, los armamentos”—: el presidente, acusan, ataca, confronta —quién sabe a quién— sin motivos, sin causas en el pasado y nada más con miras en el futuro inmediato, las elecciones de junio.

 

Luego, con dos adjetivos más bien propios de un cuento de terror, El país descalifica la contra-reforma eléctrica aprobada por el Poder Legislativo de nuestro país —“una abrupta e inquietante reforma energética”— y enseguida miente: “entrado en un cuerpo a cuerpo con la judicatura”. Una judicatura es el conjunto de los jueces y magistrados de un sistema judicial, y la confrontación del presidente de la República no es contra todo el Poder Judicial, sino contra determinados jueces que, pública y notoriamente —o al menos desde la perspectiva presidencial—, han fallado fallando en contra de los intereses nacionales. En dado caso, si se tuviera que presentar el asunto con una generalización a rajatabla, habría que decir que el Poder Judicial ha entrado en un cuerpo a cuerpo con el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo. Por lo demás, la expresión cuerpo a cuerpo se ancla, por supuesto, en el combate, en el ámbito bélico, lo cual deforma los hechos, toda vez que el presidente solicitó formalmente, dentro de sus facultades, una investigación al propio Poder Judicial.

 

La editorial va más allá: insiste en que López Obrador ha “roto los puentes con el movimiento feminista y multiplicado sus ataques a la prensa crítica”. Aunque es una obviedad, hay que decirlo: “el movimiento feminista” en tanto entidad concreta, monolítica, única, organizada políticamente, no existe. Por lo demás, la ambigua frase romper los puentescensura, pero no expresa nada específico. En cuanto a los “ataques a la prensa crítica”, hubiera sido mucho más apegado a la verdad señalar que el presidente responde críticamente a los ataques sistemáticos de la prensa a su gobierno.

 

Por fin, luego de tanta bala perdida y cuetón, concluye el primer párrafo: “Todo ello ha propiciado un clima de crispación nacional que poco contribuye al sosiego que requiere el país.” De ahí el título de la editorial. Vamos por partes… ¿Clima de crispación nacional? Crispación significa “acción y efecto de crispar o crisparse”, mientras que crispar tiene dos acepciones: “causar contracción repentina y pasajera en el tejido muscular, en cualquier otro tejido de naturaleza contráctil, o en una parte del cuerpo”, e “irritar o exasperar a alguien”, así que seguramente los edtorialistas españoles empleron el vocablo en su segunda acepción. ¿México, todo el país, está irritado, exasperado? ¿La mayoría de los más de 126 millones de habitantes estará crispada por la “estrategia de confrontación” que AMLO ha desarrollado nomás porque sí, con miras a los comicios de junio…? —¿y si así fuera, le redituará votos a su partido? ¿No es de catetos suponerlo?—. ¿Las mexicanas y los mexicanos andaremos crispados, más atentos a los asuntos de la res publica que amañadamente relaciona El país que preocupados por no contagiarse de la covid, por vacunarse, porque alcance para el gasto, por cómo le fue al Cruz Azul con el Atlas…? Pienso que no, pienso que quienes están irritados, irritadísimos, exasperados, exasperadísimos, son algunos miembros de la oligarquía político-empresarial, especialmente los que perdieron muchos de los privilegios de los que gozaban, ellos, sus medios y sus voceros. El país no está crispado; El país está crispado.

 

El cuento “AMLO crispa a México” es, en realidad, la versión enemil de “AMLO es un peligro para México”.

viernes, 19 de marzo de 2021

Las ranas pidiendo rey

Hoy en la mañanera, refiriéndose a Krauze, el presidente de la República dijo que los conservadores son como ranas pidiendo rey. Seguramente tenía en mente la fábula de Esopo.


Cansadas las ranas del propio desorden y anarquía en que vivían, mandaron una delegación a Zeus para que les enviara un rey. Zeus, atendiendo su petición, les envió un grueso leño a su charca. Espantadas las ranas por el ruido que hizo el leño al caer, se escondieron donde mejor pudieron. Por fin, viendo que el leño no se movía más, fueron saliendo a la superficie y dada la quietud que predominaba, empezaron a sentir tan grande desprecio por el nuevo rey, que brincaban sobre él y se le sentaban encima, burlándose sin descanso. Y así, sintiéndose humilladas por tener de monarca a un simple madero, volvieron donde Zeus, pidiéndole que les cambiara al rey, pues éste era demasiado tranquilo. Indignado Zeus, les mandó una activa serpiente de agua que, una a una, las atrapó y devoró a todas sin compasión.

Moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.

Retortijones y humanismo

 

Todos los grandes cambios en la vida de una persona,

así como en la vida de la humanidad,

comienzan y culminan en el pensamiento.

Lev TolstóiAforismos.

 

Es más difícil cambiar la forma de pensar y de vivir,

que cambiar un gobierno o una gramática.

Alain Touraine, El fin de las sociedades.

 

 

Retortijones

 

Cada que el presidente de la República habla de la fortaleza que tiene México en los valores culturales de su gente más de un neoliberal sufre retortijones, me parece. En principio, deduzco lo anterior a partir del gran contexto: el del momento histórico en el que la civilización occidental se encuentra.

 

 

Contexto

 

La fin des sociétés, escrito por Alain Touraine (Normandía, 1925), es un libro fundamental para tratar de comprender el momento histórico que nos tocó en suerte —buena o mala, a según— transitar … La edición príncipe de la obra data de 2013, y en 2016 el FCE publicó la traducción a nuestro idioma: El fin de las sociedades.

 

El casi centenario sociólogo piensa que la era que vivimos es posthistórica o postsocial. Considera que esta situación se originó en la ruptura entre el capitalismo financiero y la economía industrial, un fenómeno que no es nuevo —de hecho, originó la crisis de 1929—, pero que se ha venido agravando. Touraine plantea que la cisura entre los recursos —financieros en particular, económicos en general— y “el control cultural y político” de las instituciones sociales ha acarreado dos consecuencias: primera, la devastación de las propias instituciones sociales —el Estado, la democracia, la ciudad, la familia, la escuela, los sistemas de control social—, y segunda, “la separación de los recursos, por un lado, y los valores culturales, por el otro”. En suma, el fin de lo social. Al igual que Wolfgang StreeckRana DasguptaNoam Chomsky y otros muchos pensadores, Alain Touraine sostiene que el sistema económico ha ido dinamitando todas y cada una de las instituciones culturales, sociales y políticas que lo autorregulaban.

 

¿No hay vuelta atrás o es posible revertir el proceso? Es decir, ¿es factible controlar de nuevo y resocializar la economía salvaje? No es difícil hallar a muchos que piensan que la tendencia es ya irreversible, que seguiremos devastando el único planeta que tenemos con tal de seguir acumulando montañas digitales de dólares etéreos, que la polarización continuará y los ricos serán cada vez más ricos y los pobres más pobres, que el concierto de las naciones sonará cada vez más desafinado, que los Estados nacionales cada día serán más una acartonada caricatura inoperante, que todos los políticos son iguales y cada vez serán más corruptos, que un día terminaremos por aceptar todos que el dichoso bien común es una entelequia y el tejido social una alucinación, que las orientaciones económicas, los intereses particulares —en última instancia, el individualismo egoísta— terminarán por destruir cualquier resabio de normas sociales o morales, de modo tal que la racionalidad del lucro terminará por imponerse como guía única de todas las dinámicas humanas. 

 

 

Valores

 

Sin embargo, el sociólogo francés es de otra opinión: a la misma pregunta —¿es factible controlar de nuevo y resocializar la economía salvaje?— responde que los valores culturales pueden entrar al quite, sustituyendo a las normas sociales institucionalizadas. “Por lo general, dichos valores se oponen directa y firmemente a la lógica del lucro y del poder. Estos valores o principios no son sociales; se sitúan por encima de las instituciones e incluso de las leyes”. Juzgo yo que es evidente que López Obrador se refiere precisamente a dicha salida cuando asegura que “el pueblo” posee una “gran reserva de valores y conocimientos”, y que es necesario impulsar “el fortalecimiento de valores”.

 

El 13 de mayo de 2019, el presidente tuiteó el video de la mañanera de ese día, anotando: “Atendemos las causas de la violencia, fortaleciendo valores culturales, morales y espirituales”. Como siempre, el mensaje no sólo propició reacciones de apoyo, también respuestas y comentarios críticos, entre los cuales encuentro joyas como las que muestro enseguida (todos son tuits reales, y no señalo qué cuentas los postearon porque no se trata de evidenciar aquí a nadie): Fue un error votar por el Masón… / Ajá. Van a convencer a los secuestradores de ir a misa los domingos. / Él es comunista. No saben el error que cometieron en votar por ese ser. / Sobre todo los espirituales. Mandando a terapia a los corruptos y poniéndolos a leer la biblia.  / Mejor pida asesoría a Japón, Alemania, Rusia o Estados Unidos para que le digan cómo erradicar la violencia / Elevemos una cadena de oración para que se acabe la violencia, yo creo ya con eso mañana se acaba… / Mis valores culturales están muy fortalecidos y la delincuencia sigue. Ponte a trabajar, presidentucho. / México necesita un presidente no un predicador/ Te alabamos, señor…

 

Ciertamente, pareciera que para algunas personas resulta impropio, casi casi inmoral, que un dirigente político, ya no digamos el mandatario de un país, hable de valores morales. Y el Estado laico, ¿dónde quedó, López?, cuestionó alguien, porque efectivamente, para muchos legos lo moral y lo religioso es harina del mismo costal. “Podemos calificarlos de morales —continúa Alain Touraine— pero, en nuestra civilización, el sentido de esta palabra está cargado de normas sociales y, en particular, de reglas de derecho [y religiosas, me permito agregar]. Prefiero por ello calificarlos de éticos, a fin de recalcar que proceden del exterior de la organización social, que su contenido es universal y, por tanto, priva sobre las instituciones”. La universalidad mentada por Touraine es metafórica: en realidad no es universal, no alcanza a la galaxia, ¡vamos!, ni al sistema solar ni al planeta entero, apenas a nuestra especie, pero eso sí, pretende incluir a todos los congéneres y todas congéneras. Por eso, claro, empata solamente con un ismo, el humanismo…

viernes, 12 de marzo de 2021

Masa de acoso

  

La masa de acoso es muy antigua,

se remonta a la unidad dinámica más primitiva

que se conoce entre los hombres:

la muta de caza.

Elias Canetti, Masa y poder.

 

 

¡Ah, qué extraordinarios tiempos nos ha tocado en suerte vivir!, una época bienaventurada durante la cual el día a día rebosa de grandes moralistas! Pululan por doquier los titanes éticos, un raudal de gente que desde su estratosférica altura deontológica se anima a calificar al resto de los imperfectos mortales. A diestra y siniestra uno se topa con grandiosos y grandiosas conciudadanos y conciudadanas prestos y prestas a erguir el dedo flamígero, cada uno y cada una el de cada quien, antes de levantar fuerte la voz para espetar enérgicas admoniciones a quema ropa, amonestaciones a granel, duras e inapelables filípicas dirigidas a la turba pecadora, a la raza perversa o ya de perdia al muy mal portado montón de congéneres. Porque la chusma es muy pinche, muy terrenita, la pobre…

 

— Ayer fui al centro y no sabes…, aquello era un mar… ¡Dios mío, un gentío! En plena pandemia y los demás no entienden que hay que quedarse en su casa. Por eso no paran los contagios, ¡caray!

 

— Oye, pero tú también saliste…

 

— Bueno, sí, pero yo tenía que salir y lo hice conscientemente… El gentío es el que nomás no entiende. ¡Date cuenta, son una bola de ignorantes e irresponsables!

 

La lluvia de regaños se precipita constante y tupida, y, ¡bueno!, bien se sabe, el derecho de libertad de expresión ampara el fenómeno, de modo que hasta aquí sí que ni quién diga nada: si así gustan, ustedes y ustedas, no suelten el gatillo y mantengan la metralla a tope… Sin embargo, la cosa cambia cuando la furiosa andanada de andanadas transita sin reparo ni trámite mediante del sermón y el rapapolvo al fallo público —público por vía doble, porque es veredicto que no procede de un juez o una institución, sino del susodicho, del público, es decir, de alguna parte protagónica del conjunto de personas que forman la colectividad, y público también porque es divulgado, publicado profusamente—. Entonces sí me aterra, cuando se da paso a la sentencia extrajudicial ya no de un grupo determinado o una generalización más o menos inaprensible de seres humanos, sino de un fulano en particular, de un prójimo de carne y hueso. La turbamulta de individuos e individuas que ni por descuido duda de su dictamen —Sin pruebas, sin dudas—, se integra entonces feliz y febril en una masa: deja atrás cualquier masa crítica y se vuelve masa que critica, que sin deliberación mediante —imposible deliberar si el impulso es el prejuicio— amonesta y sentencia. El monstruo descabezado de miles de cabezas grita mil veces: ¡Culpable! ¡Culpable! ¡Culpable! ¡Culpable! La masa se convierte en una masa de acoso.

 

En su imprescindible ensayo Masa y poder (1960), el pensador búlgaro Elias Canetti (1905 – 1994) explica:

La masa de acoso se constituye teniendo como finalidad la consecución de una meta con toda rapidez. Le es conocida y está señalada con precisión… Sale a matar y sabe a quién quiere matar. Con una decisión sin parangón avanza hacia la meta; es imposible privarla de ella. Basta dar a conocer tal meta, basta comunicar quién debe morir, para que la masa se forme. La concentración para matar es de índole particular y no hay ninguna que la supere en intensidad. Cada cual quiere participar en ello, cada cual golpea. Para poder asestar su golpe cada cual se abre paso hasta las proximidades inmediatas de la víctima. Si no puede golpear, quiere ver cómo golpean los demás. Todos los brazos salen como de una y la misma criatura… La meta lo es todo. La víctima es la meta, pero también es el punto de la máxima densidad: reúne las acciones de todos en sí misma…

Quienes se agregan a la masa de acoso, antes de hacerlo, se perciben a sí mismos distantes, diferentes, distintos respecto al personaje que será castigado. Más entendidos, más educados, mejores, superiores, de otra pasta… Antes de hacerlo, tal vez convendría reparar en que no muy en el fondo somos iguales. Recuerdo el feroz íncipit de la extraordinaria novela Las benévolas (2006), de Jonathan Littell (Nueva York, 1967). Habla el protagonista, un nazi, el doctor Maximilian Aue, quien fuera oficial de alto rango de las Schutzstaffel, las temidas SS del III Reich.

Hermanos hombres, dejadme que os cuente cómo ocurrió. No somos hermanos tuyos, me replicaréis, y nos importa un bledo. Y es muy cierto que se trata de una tenebrosa historia, aunque también edificante, un auténtico cuento moral, os los aseguro. Existe el riesgo de que resulte largo, porque, bien pensado, sucedieron muchas cosas, pero a lo mejor no tenéis mucha prisa; con un poco de suerte no andáis mal de tiempo. Y además no es algo ajeno a vosotros; y veréis como no es algo ajeno a vosotros.

Desafortunadamente, es cierto: no es algo ajeno a nosotros. Las benévolas es una novela magistral porque su autor consigue pasar desapercibido: quien lleva la voz cantante no es Jonathan Littell, sino un viejo llamado Max Aue, quien décadas antes de escribir sus memorias fue un oficial SS, hijo de madre francesa y padre alemán, doctorado en leyes, culto, inteligente, un homosexual diletante y políglota que asesinó a muchos inocentes, hombres, ancianos, mujeres y niños... ¿Un monstruo? No; la novela consigue mostrar que, desafortunadamente, es tan sólo un ser humano como los demás… Aunque yo, igual que todos, me siento especial..., así de ordinario soy.

viernes, 5 de marzo de 2021

Sin pruebas, sin dudas


 … aunque se ha aceptado a través de los siglos que

la mitad de una hogaza es mejor que no tener nada de pan,

una media verdad no sólo no es mejor que ninguna verdad,

es peor que muchas mentiras

L. Susan Stebbing, Thinking to Some Purpose.

 

 

 

Credo quia absurdum

 

Whatsappeada y posteada en redes, de un tiempo para acá puede leerse con frecuencia —demasiada, me temo— la frase hecha “no tengo pruebas, pero tampoco dudas”. La expresión —que suele dar entrada a cualquier cantidad de mentiras, bobadas, chistes y diatribas— expresa con mucha nitidez la decisión, en este caso presumiblemente consciente, de negarse a pensar de manera razonable, con tal de no poner en duda los propios prejuicios, nuestras entrañables creencias personales… Si estuviéramos hablando de la existencia de Dios quizá la cuestión sería discutible —bueno, el apologeta Tertuliano (c. 160 – 220) no lo discutiría, por el contrario, afirmaría contundente que no sólo no se requieren pruebas o evidencias, sino que prorsus est credibile, quia ineptum est (se cree precisamente porque es absurdo)—; sin embargo, tratándose de asuntos mundanos, careciendo de evidencias, no dudar de lo que uno cree sencillamente no es razonable.

 

 

#UnVioladorNoSeráGobernador

 

La semana pasada arreciaron los señalamientos y juicios sumarios en contra del senador Félix Salgado Macedonio (FSM), en una campaña etiquetada con el hashtag #UnVioladorNoSeráGobernador. El legislador, quien hasta hoy sábado que escribo sigue siendo candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero, ha sido acusado de acoso sexual y violación por algunas mujeres. A la fecha, en ningún caso ha sido sentenciado por ningún juez —una de las denuncias está prescrita, puesto que se presentó 22 años después de haberse cometido el supuesto ilícito—. Con todo, para parte de la opinión pública, en particular para algunos y algunas activistas y para un sinnúmero de políticos opositores al partido del senador y en general al proyecto de Nación de la 4T, y al menos para quinientas prominentes morenistas que se sumaron al colectivo de los pulgares que desde las gradas del coliseo fallaron, el señor es culpable. Por obvias razones, el asunto se prestó muy bien para echar mano de la frasecita: “no tengo pruebas, pero tampoco dudas”. También se esgrimió profusamente “Yo le creo a las víctimas” —sin atender el hecho de que denominar “víctimas” a las personas que acusan a FSM implica un fallo, una sentencia extrajudicial—. El aludido HT no permite una interpretación ambigua: mucha gente, tiros y troyanos, sentenció que FSM es culpable.

 

El viernes, la Comisión Nacional de Honor y Justicia de Morena ordenó “la reposición del procedimiento de evaluación de perfiles para la selección de candidata o candidato a la gubernatura del estado de Guerrero”. La determinación fue interpretada por quienes juzgan culpable al guerrerense como un triunfo. La profesora del ITAM Denise Dresser retuiteó la resolución con una marabunta de aplausos, mientras que el señor Tumbaburross [sic] posteó: “El violador de Guerrero cayó.”

 

Yo no sé si FSM es o no culpable. Tampoco sé si Morena efectivamente le quitará la candidatura, menos si será gobernador de Guerrero. Sé en cambio que el HT #UnVioladorNoSeráGobernador va en contra de un pilar jurídico fundamental de cualquier Estado de Derecho moderno, el llamado principio de presunción de inocencia. La Declaración Universal de los Derechos Humanos señala: “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa” (artículo 11).  En México, el apartado B del artículo 20 de la Constitución establece que toda persona imputada tiene derecho “a que se presuma su inocencia mientras no se declare su responsabilidad mediante sentencia emitida por el juez de la causa”. Está por demás decirlo, pero en el caso que nos ocupa, cuando se trae a colación el principio de presunción de inocencia, abundan quienes lo tachan a uno de inmediato de macho, misógino —perversiones morales que, según Aguilar Camín, practica FSM, y son “delitos”—, oficialista, hombro, chairo…, en fin.

 

 

Sin dudas

 

Haciendo a un lado a quienes se hayan sumado al enjuiciamiento extrajudicial de FSM atendiendo únicamente motivaciones políticas, ¿cómo puede explicarse que para muchas buenas personas sea no sólo correcto sino necesario que se viole flagrantemente el principio de presunción de inocencia de un hombre?

 

En su manual de pensamiento Thinking to Some Purpose (1939), la filósofa L. Susan Stebbing (1885-1943) subraya una obviedad que solemos desatender: quienes piensan no son espíritus puramente racionales, seres sublimes entregados a la reflexión, sino gente de carne y hueso. Y no pensamos sólo con el cerebro: nadie se quita el páncreas para pensar en la Justicia, en los Derechos Humanos… Pensamos con el hígado y los genitales en su lugar, con cada una de las muelas que a cada quien le quede, con el estómago lleno o vacío o revuelto… Además, para bien o para mal, nuestro pensamiento involucra por completo nuestra personalidad, nuestra biografía: “Mi forma de pensar está condicionada por el tipo de persona que soy.” Y, claro, nadie piensa flotando en el éter, en el limbo o encerrado en una cámara al alto vacío: cada quien lo hace “desde un punto de vista determinado por su propia experiencia…”, así que los miembros de un mismo grupo social, ya sea una clase socioeconómica, una iglesia, un género, una profesión, hasta cierto punto comparten la misma perspectiva. Así, “muchas de nuestras creencias se deben a nuestra aceptación incondicional, es decir, irreflexiva, de las creencias comúnmente sostenidas por los miembros de nuestro grupo.” Cuando se trata de una ideología o una doctrina, la cosa se agrava: no sólo muchas preguntas ya tienen respuesta, también hay preguntas que no deben hacerse…, aunque no se tengan evidencias o pruebas que sustenten sus respuestas, no se duda. No tengo pruebas, pero tampoco dudas: #UnVioladorNoSeráGobernador.