Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.
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martes, 5 de agosto de 2025

El socrático Don Quijote

 

Los hechos narrados por el alcalaíno Miguel de Cervantes (1547-1616) en el capítulo XLII de la segunda parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se sitúan en el segundo bloque de la primera salida del dilecto personaje. En aquel momento, El Caballero de la Triste Figura y Sancho Panza han vivido ya varias desventuras a causa de las fantasías caballerescas del manchego. El capítulo se desarrolla en la casa don Diego de Miranda, un noble que acoge a los protagonistas y comparte con ellos sus ideas y experiencias. Sancho confiesa a don Quijote sus dudas sobre gobernar Barataria, la ínsula que supuestamente le ha sido prometida como recompensa por sus servicios como escudero. Con su peculiar lógica y humor, Sancho revela su incertidumbre sobre su capacidad para desempeñar labores de gobierno, temiendo no estar a la altura de las responsabilidades. Don Quijote, por su parte, lo anima, dándole además diversas recomendaciones sobre cómo debe comportarse como gobernador; destaco una de ellas:

… has de poner los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey; que si esto haces, vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber guardado puercos en tu tierra.

Al batracio al que Don Quijote se refiere es el de la fábula “La rana y el buey”, de Cayo Julio Fedro (c. 14 a. C. – 50 d. C.).

En cierta ocasión una rana vio a un buey en un prado y, envidiosa de tan gran corpulencia, infló su piel arrugada. Entonces preguntó a sus hijos si era más grande que el buey. Ellos dijeron que no. De nuevo estiró su piel con mayor esfuerzo y otra vez preguntó quién era más grande. Ellos dijeron que el buey; finalmente, llena de indignidad, al querer inflarse con más fuerza, cayó en el suelo reventada.

Unos seis siglos antes, Esopo había ya escrito una fábula equivalente, “El gusano y la serpiente”:

Había una higuera en el camino. Un gusano, que vio a una serpiente dormida, sintió envidia de su tamaño. y al querer igualarla se echó a su lado e intentó estirarse, hasta que, por esforzarse tanto, sin darse cuenta, se rompió.

Así, don Quijote le dice a Sancho que, si se conoce a sí mismo y mantiene la humildad, su pasado como porquero no será motivo de vergüenza. Pero si se infla de orgullo y olvida su origen, ese pasado se volverá grotesco y lo arrastrará al ridículo, como parte de una locura absurda en la que el humilde se cree grande sin razón.

 

Por supuesto, la recomendación de don Quijote a Sancho no es otra que la célebre máxima griega γνῶθι σεαυτόν (gnōthi seautón), inscrita en el templo de Apolo en Delfos y atribuida tradicionalmente a Sócrates. Nosce te ipsum, en latín, es mucho más que una simple exhortación: es un principio filosófico que atraviesa la historia del pensamiento de la tradición occidental. Cervantes fue un lector literatura clásica grecorromana. La máxima “conócete a ti mismo” era ampliamente conocida en el Renacimiento, no sólo por los textos de Platón y Cicerón, sino también por los manuales morales y políticos del siglo XVI.

 


Desde hace mucho es generalizada la creencia de que la máxima “conócete a ti mismo” fue ideada por Sócrates (470 – 399 a. C.). Aquí mismo me he referido ya a este desacierto; no voy a repetir la explicación, sólo diré que es una genialidad de Cervantes, ¡otra!, poner en boca de su loco entrañable la máxima apolínea.

domingo, 23 de febrero de 2025

Algo torcido fue enderezado

 

 

 

Stultorum sunt plena omnia.

(Todo está lleno de necios)

 

Cicerón, Ad familiares.

 

 

“Los perversos con dificultad se corrigen, y el número de los necios es infinito”. El aforismo anterior suele citarse como una frase bíblica, específicamente como el versículo 1:15 del Eclesiastés. Muy efectivo para quejarse de la siempre abundante estupidez humana, durante siglos y siglos fue muy popular en el Occidente cristiano. Sin embargo, hoy no se encuentra en ninguna de las traducciones contemporáneas de los Libros Sapienciales del Antiguo Testamento. Por ejemplo, si la Biblia que usted tiene o conoce corresponde a la versión Reina Valera (1909), en el Eclesiastés 1:15 usted leerá: “Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse”; mientras que en la Biblia de las Américas se anota: “Lo torcido no puede enderezarse, y lo que falta no se puede contar”. E igual en todas las demás: de perversos y necios ni media palabra.

 

“Los perversos con dificultad se corrigen, y el número de los necios es infinito” es un aserto que debemos a san Jerónimo, patrono de los traductores, los bibliotecarios y en general de la gente volcada en la lecto-escritura. Erudito, traductor, doctor —reconocido así desde 1298— y —junto a Ambrosio, Agustín y Gregorio— padre de la Iglesia, Eusebio Hierónimo, afamado como Jerónimo de Estridón (c. 347 – 420 d. C.), es recordado principalmente por la Vulgata editio, su traducción de la Biblia al latín. El trabajo fue realizado por encargo papal, y se convirtió en el texto bíblico oficial para la Iglesia católica durante más de mil años. 

 

Originario de Estridón de Dalmacia —una ciudad romana ubicada quizá en lo que actualmente es Croacia o Eslovenia, y destruida hasta sus cimientos por los godos en 379—, desde muy jovencito Jerónimo emigró a Roma, en donde estudió retórica, gramática, filosofía y literatura griega y latina. Hacia el 366 se bautizó. Alrededor de 373 viajó por Tracia y Asia Menor, y llegó hasta el norte de Siria. Había, pues, abandonado las comodidades y lujos de la capital del Imperio para entregarse a la contemplación y al estudio. Vivía austeramente, pero viajaba cargando un montón de rollos de papiro, cuadernos de pergamino y tablillas enceradas —en el siglo IV, el códice, esto es, hojas de pergamino encuadernadas, comenzaba a reemplazar al rollo, pero aún no era dominante—; no había querido desprenderse de la biblioteca que había reunido en Roma. Desde joven se había entregado a la lectura de los clásicos, y le “repelía el estilo tosco” de los profetas cristianos —“no viendo la luz por tener ciegos los ojos, pensaba que la culpa no era de los ojos, sino del sol”, se reprendería posteriormente—. Mientras se encontraba en el desierto sirio de Calcis, alrededor del año 375, un día de cuaresma, estando enfermo y con fiebre, “arrebatado súbitamente en el espíritu”, fue “arrastrado ante el tribunal del juez”. Tiempo después, hacia el 384, Jerónimo narraría la experiencia onírica que marcó su conversión espiritual definitiva, en una misiva —Carta 22— dirigida a Eustoquia —la hija de santa Paula, la noble romana que fue discípula y colaboradora cercana—. La carta ofrece una serie de consejos sobre cómo rechazar las tentaciones mundanas para llevar una vida ascética dedicada plenamente a Dios. Relata cómo, durante el sueño febril fue llevado en espíritu ante un tribunal divino. Allí, contestando una pregunta expresa, se declaró cristiano, pero el juez celestial lo amonestó diciéndole: “Mientes, tú no eres cristiano, sino ciceroniano, pues donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. Era una alusión directa a su biblioteca y su afición por la literatura pagana, especialmente las obras de Marco Tulio Cicerón (106 – 43 a. C.). El tribunal ordenó entonces que azotaran al inculpado, pero él pidió clemencia y juró deshacerse y olvidar todos los textos seculares. Por supuesto, por más inteligente y culto que haya sido, Jerónimo de Estridón no podía entender aquel sueño como producto de sus propios conflictos intrapsíquicos, sino como un mensaje divino: “Aquello no había sido un simple sopor ni uno de esos sueños…”


Francesco D'Antonio Di Bartolommeo, El sueño de san Jerónimo (1431)


El episodio lo marcó, y Jerónimo juró renunciar a todos los textos paganos y dedicarse exclusivamente al estudio de las Sagradas Escrituras. Aquel sueño se convirtió en un símbolo de la tensión entre la cultura clásica y la fe cristiana.

 

Además de soñar, mientras se hallaba en el desierto sirio, comenzó a aprender hebreo, lo que más tarde le permitió traducir directamente la Biblia del hebreo y el griego al latín. Jerónimo escribió también numerosos comentarios bíblicos, cartas y tratados teológicos. Pasó sus últimos años en Belén, donde fundó un monasterio y continuó su labor intelectual hasta su muerte.

 

Jerónimo fue pues quien metió en el Eclesiastés 1:15 Stultorum infinitus est numerus, conservada en las biblias castellanas hasta bien entrado el siglo XIX. Si acaso se trata de una paráfrasis, porque el original dice otra cosa. La Nova Vulgata —revisión de la traducción jeronimiana encargada por el Concilio Vaticano II— corrige: Quod est curvum, rectum fieri non potest; et, quod deficiens est, numerari non potest, “Lo torcido no puede enderezarse, y lo que falta no se puede contar”. En efecto, Jerónimo sustituyó la imagen concreta del texto hebreo (“lo torcido” y “lo que falta”) por una metáfora moral: asoció “lo torcido” (מְעֻוָּת) a la “estulticia” humana y “lo que falta” (חֶסְרוֹן) a la idea de un “número infinito” de necios. Su versión es una exégesis alegórica que buscaban extraer enseñanzas espirituales del texto.

 

Curiosamente, la frase latina de Jerónimo está inspirada ni más ni menos que en Cicerón —“Todo está lleno de necios”—. ¿Se habrá dado cuenta el hombre de que estaba haciendo precisamente lo que, en su famoso sueño, el tribunal divino le echó en cara? ¿Habrá colado inconscientemente a Cicerón en el Eclesiastés nada más por el placer de engañar al tribunal divino? 

domingo, 11 de agosto de 2024

Redonda como la O de Giotto

  

1

 


Sospecho que la idea debe de ser antiquísima; con todo, suele atribuirse al alquimista zuriqués Paracelso, a quien casi nadie conoce por su verdadero nombre —Theophrastus Phillippus Aureolus Bombastus von Hohenheim (1493-1541)—, la autoría del siguiente aforismo: Dosis sola facit venenum (sólo la dosis hace al veneno). Cierto: poca cicuta no mata, pero incluso el agua, si es demasiada, es letal.

Partamos del principio de Paracelso para admitir que usted y yo vivimos en condiciones de intoxicación generalizada. Experimentamos nuestro día a día bajo el bombardeo inclemente, sin interrupción alguna, de una cuantía monstruosa de estímulos sensoriales de todo tipo: inconmensurables plétoras de mensajes de cualquier calaña cunden a través de una colosal red de canales cada vez más densa y diversificada. La catarata de datos que se precipita sobre la gente resulta imposible de procesar. El silencio se volvió un estado de excepcionalidad extrema. Muy muy pocos se escapan del repiqueteo sin tregua de las alertas del smartphone. Resulta imposible no atender el desfile marabúntico de noticias y chismes, evadirse para no sucumbir ante el poderoso embeleso de la inagotable parada de anuncios y ofertas de contenidos. Sobre todo, nadie se salva de caer y permanecer a la deriva en el magno océano de imágenes en el que patéticamente forcejeamos día y noche, hora tras hora, tratando de mantener el juicio a flote. En un entorno caracterizado por la permanente demasía de información, no se favorece la tranquilidad, sino la ansiedad; tampoco la claridad, sino la turbiedad; no la toma expedita de decisiones, sino el anonadamiento; no la concentración, sino la dispersión…, en suma, no la comunicación, sino la confusión. 

Erró (Gudmundur Gudmundsson) - Oil [1980]

Enmarcada en la dilatada trama del devenir de la especie humana, cerca de trescientos mil años, la situación descrita es muy reciente; sin embargo, en el contexto de nuestras propias biografías, la inmensa mayoría de nosotros siempre ha vivido así. Mire usted si no: ahora la edad mediana para la población mundial es de 31 años, de modo que la mitad de los habitantes del planeta nació de 1993 para acá, en tanto que el fenómeno referido viene de muchos más años atrás —diría que se desató con la Revolución Industrial—. Usted y yo y prácticamente todos nuestros coetáneos actualmente vivimos y hemos vivido así desde que llegamos al mundo: con la mirada y el cerebro atiborrados de imágenes, fundamentalmente de imágenes no de la Naturaleza sino antropogénicas, imágenes de la dimensión que José Ortega y Gasset llamó sobrenaturaleza, “una nueva naturaleza puesta sobre aquella” (Meditación de la técnica).

 

 

2

 

Hace casi setenta años, en 1956, el británico oriundo de Viena Ernst Hans Gombrich (1909-2001) ofreció un ciclo de conferencias sobre historia del arte en la Galería Nacional de Washington, a partir del cual confeccionaría tiempo después un libro, Art and Illusion: a study in the psychology of pictorial representation (Princeton University Press, 1972). En el texto introductorio, sentencia: “No había habido nunca una época como la nuestra, en la que la imagen visual fuera tan barata en todos los sentidos de la palabra”. Traduzco cheap con barata, un adjetivo en español que, al igual que el vocablo inglés, tiene varias acepciones: de bajo costo, de calidad escasa, vulgar, económico, abundante. Para dilucidar su aserto, Gombrich escribe:

Tal vez incluso las burdas representaciones coloreadas que encontramos en una caja de cereal para el desayuno habrían dejado boquiabiertos a los contemporáneos de Giotto. No sé si hay gente que concluya de esto que la imagen de la caja es superior a un Giotto. No soy uno de ellos. Pero creo que la vulgarización de las técnicas de representación crea un problema tanto para los historiadores como para la crítica.

¡Qué atinado evocar a los hombres y las mujeres que compartieron época con Giotto para imaginar un cotejo entre los entornos visuales del pasado y el actual!

De por sí debieron de haber sido gente asombrada por las imágenes que les tocó ver. Recordemos que el trabajo de Giotto significó una transición entre el arte medieval y el renacentista. Hace poco más de setecientos años —sus frescos en la Capilla Scrovegni en Padua, por ejemplo, los terminó en 1306—, el naturalismode Giotto representó una revolución en la pintura europea, marcando un antes y un después en la representación de la figura humana y de la naturaleza: a diferencia de las representaciones estilizadas y bidimensionales de sus predecesores, Giotto se esmeró por lograr un mayor parecido con respecto a la realidad. Giotto…

… resucitó el moderno y buen arte de la pintura, introduciendo la práctica de retratar fielmente del natural a las personas vivientes, cosa que desde más de doscientos años atrás no se practicaba: y si alguno lo había intentado, no lo había logrado con mucha felicidad ni tan bien como de pronto lo consiguió Giotto.

Así contextualiza a Giotto su primer biógrafo, el también pintor Giorgio Vasari. Giotto di Bondone se apersonó en el mundo en 1267 en Vespignano, una pequeña aldea ubicada unos cuarenta kilómetros al norte de Florencia, ciudad en la que moriría en 1337. Más de doscientos años después, en 1574, Vasari también pereció en Florencia, epicentro del Renacimiento italiano. Según Vasari, Giotto nació ya dueño de la destreza “de retratar fielmente del natural…” En su Le Vite de' più eccellenti pittori, scultori, e architettori (1550), Vasari ­ —quien, por cierto, acuñó el término Rinascita, Renacimiento, para referirse al período durante el cual se revivió el arte clásico grecolatino— relata que, cuando Giotto era un niño, su padre le encargó pastorear unas ovejas…

Mientras recorría el campo, apacentándolas ora en un lugar ora en otro, impulsado por la inclinación de su naturaleza al arte del dibujo, en las piedras, en la tierra o en la arena dibujaba alguna cosa del natural o bien alguna fantasía suya. Así, un día, mientras Cimabue iba por sus asuntos de Florencia a Vespignano, se encontró con Giotto, quien, mientras pacían sus ovejas, sobre una piedra lisa, con un guijarro un tanto afilado, dibujaba una oveja del natural, sin haber aprendido la manera de hacerlo con ningún maestro que no fuera la naturaleza. Se detuvo Cimabue muy maravillado y le preguntó si quería ir a vivir con él. Contestó el niño que, si esto era del agrado de su padre, iría gustoso. Lo solicitó Cimabue a Bondone, quien concedió el permiso, alegrándose de que se llevara al niño a Florencia.

En la mayoría de las ediciones que actualmente circulan del libro de Vasari no se incluye a todos los artistas que consideró la obra original; de hecho, comienzan precisamente con el texto dedicado a Giotto. Sin embargo, la segunda edición (1568), integrada por el propio Vasari, incluía a más e iniciaba justo con la vida de Cimabue —cuyo verdadero nombre era Cenni Bencivieni di Pepo (1240-1302)—, el último gran pintor de la tradición bizantina. Otro coetáneo de ambos pintores, el poeta florentino Dante Alighieri (1265-1321) da cuenta de lo que conseguiría el pequeño alumno de Cimabue —cito la traducción al castellano de la Divina Comedia hecha por Bartolomé Mitre, de 1921—:

¡Oh, gloria vana, de la humana cosa!

¡En tu cima cuan poco el verde dura,

si el tiempo no la arraiga vigorosa!

Glorióse Cimabue, de la pintura

el campo mantener: Giotto ha venido,

y su fama se ha vuelto sombra oscura.

(Purgatorio, Canto XI)

Dante Gabriel Rossetti, Giotto Painting the Portrait of Dante.

Giovanni Boccaccio (1313-1375) también escribió acerca de Giotto: “fue de ingenio tan excelente que ninguna cosa de la naturaleza con el estilo, la pluma o el pincel había que no pintase tan semejante a ella, que no ya semejante sino más bien ella misma pareciese”. Pero más que enfocarse en la habilidad como pintor de Giotto, en uno de los relatos del Decamerón (1353) Boccaccio ensalza más bien otra de las características por la cual cobraría fama el artista: su agudeza mental. La novela V de la jornada VI está tramada a partir de un diálogo entre Giotto y un personaje llamado Micer Forese de Rábatta. Quienes hayan leído el libro recordarán la historia y quienes no, despreocúpense, no voy a estropearla narrando aquí un resumen, basta recordar que gira en torno a la apariencia física y a los desatinados juicios que solemos hacer de los demás basados en ella.

El croata de origen florentino Franco Sacchetti (1335-1400), tratando de seguir los pasos de Bocaccio, unos años después de la publicación del Decamerón terminó de escribir una colección de narraciones que tituló Il trecentonovelle (1399). Y en uno de esos relatos, Sacchetti cuenta que, cuando Giotto era muy joven y era aprendiz de Cimabue, un día pintó en la nariz de una figura que había hecho su maestro una mosca de manera tan realista que cuando él regresó para continuar su cuadro, varias veces intentó espantarla con la mano, pensando que era de verdad.

Giotto di Bondone and Assistants, The Stefaneschi Triptych, 1320-25 - rear side : detail

Como a Cimabue, las obras de Giotto embrujaron a las personas de su tiempo. No sólo ovejas y moscas, los retratos que realizó, como el de Dante, representaban fielmente a la gente. Pasó a la historia que en cierta ocasión el Papa Bonifacio VIII mandó a la Toscana a un propio para que averiguara quién era el mejor pintor de entonces, a fin de contratarlo para que realizara algunas obras en San Pedro. El emisario solicitó a los más destacados maestros de Florencia algunos dibujos para llevárselos al Santo Pontífice como muestras de su pericia. Cuando tocó que visitara al más renombrado y le pidió un dibujo para presentárselo a Su Santidad, “Giotto tomó una hoja de papel, en la cual, con un pincel mojado en rojo, apoyando el brazo en el costado para hacer de él un compás y haciendo girar la mano, dibujó un círculo tan perfecto de curva y de trazo que era maravilloso verlo. Hecho esto, dijo, sonriendo, al cortesano: ‘Aquí está el dibujo’…” Una vez que vio todos los bocetos, “el Papa y muchos entendidos reconocieron por ese dibujo hasta qué punto Giotto superaba en excelencia a todos los demás pintores de su tiempo”, de tal suerte que él fue el elegido. El episodio cobró fama y por eso fue que, luego, se popularizó el dicho Tu sei più tondo che l'O di Giotto (Eres tan redondo como la O de Giotto). Curioso, porque como explica Giorgio Vasari, la expresión resulta de una ambigüedad encantadoramente socarrona, “pues en Toscana, tondo, además de redondez perfecta, quiere decir pesadez y torpeza de ingenio”. Por lo demás, el incidente es también irónicamente significativo si pensamos que el pintor que emprendió el vuelco de las artes plásticas al naturalismo, el hombre capaz de dibujar moscas de forma tan realista que la gente al verlas las trataba de ahuyentar, para probar su destreza optó por dibujar un círculo perfecto, una figura que, ciertamente, es mucho más difícil de encontrar fuera de la sobrenaturaleza que las moscas, porque, si bien la Naturaleza ofrece una gran variedad de formas fascinantes, la perfección geométrica absoluta es difícil de encontrar. Los círculos perfectos son más una idealización matemática que una realidad natural, hecho que posiblemente pasemos por alto hoy día que vivimos inmersos en el océano de imágenes creadas por nosotros mismos…, como la O de Giotto. 

Giotto di Bondone (1266/7-1337) - Head of a Woman

domingo, 10 de marzo de 2024

Estaba un día López en la mañanera polarizando al país…

  

A los zombis de Sahuayo.

 

 

 

I

 

Transitar por la vida en medio de las diferencias generacionales no solía desconcertarme, sin embargo, hace unos días quedé francamente choqueado: ¡resulta que convivo con jóvenes profesionistas que no saben ni media palabra acerca de la existencia de El Santos y la Tetona Mendoza!


— ¿El Peyote Asesino? ¿No te suena?


— Bueno, el peyote sí sé qué es, pero ¿asesino?


— ¿Jis, Trino?


— ¿Gis, como el que usaban en el pizarrón?


El dúo de moneros tapatíos —José Ignacio Solórzano Pérez, Jis, y José Trinidad Camacho Orozco, Trino—, creó una serie de cartones que, no lo dudo ni tantito, consiguió proveernos durante muchos años de inteligente y soez solaz y de referentes narrativos a un montonal de gente en México.


— ¡Ay!, por favor no te saques de onda y quita esa cara de zombi de Sahuayo.


Por lo demás, ambos siguen activos, activísimos diría yo. Durante más de veinte años, Jis y Trino publicaron las aventuras de El Santos en Histerietas, el suplemento de monos de La Jornada. Semana a semana, una de las constantes era sus íncipits: a bocajarro establecían la realidad, como en los buenos chistes:

Estaba un día el Santos dándose un gallo viendo la lucha libre…

Estaba un día el Santos metiendo pollitos en la licuadora…

Estaba un día el Santos con cuerpo de perro

Buenos ejemplos de lo que Jerome Bruner establece al referirse a uno de los universales del pensamiento narrativo, la ambigüedad de referencia: “La narración crea o construye su referencia, la ‘realidad’ a la que señala…”

 

 

II

 

El ser humano opera con dos tipos de pensamiento: uno paradigmático y otro narrativo. El aserto anterior y la teoría que lo respalda fueron elaborados por el epistemólogo estadounidense Jerome Seymour Bruner (1915-2016). Con el primero pretendemos trascender la experiencia inmediata, personal; buscamos establecer explicaciones generalizables, sobre todo causales, establecer paradigmas —la palabra paradigma proviene del griego antiguo παράδειγμα, que significa “modelo” o “ejemplo”—, ordenar la realidad deteniéndola, haciendo cortes sincrónicos, abstracciones, categorizaciones… En cambio, con el pensamiento narrativo explicamos la realidad de manera diacrónica, secuencial, tramando historias, en las cuales las cadenas de causalidades son bastante flexibles y en las que la perspectiva se asume como personal, aunque no lo sea. Las construcciones del pensamiento paradigmático son idealmente objetivas y específicas; las del pensamiento narrativo, subjetivas y holísticas.


Usamos el pensamiento paradigmático en las aulas, cuando creamos ciencia o escribimos filosofía… La categorización del pensamiento según Bruner, la evaluación técnica de la factibilidad de un puente, la declaración anual de tus impuestos, un diagnóstico médico… son productos del pensamiento paradigmático. Pero durante el día a día, más bien somos seres narrativos. Las personas “organizamos nuestra experiencia y memoria acerca de nuestro acontecer principalmente en forma narrativa: historias, excusas, mitos, motivos para hacer o no hacer, en fin…”, explica Bruner. Todo el tiempo estamos procesando lo que nos sucede, lo que percibimos consciente e inconscientemente, y no lo hacemos apuntalándonos en teorías de la Física ni del Psicoanálisis ni aplicando fórmulas matemáticas, ni siquiera formulando silogismos, lo hacemos más bien tramando historias.


Como en las historietas semanales de El Santos, todas las narrativas que usamos para entender lo que sucede parten de la definición de una realidad que se establece como indiscutible, y lo que sigue depende de que la hayamos asumido como tal, como real. Suele ser así: tan pronto comienza la narración, apagamos nuestra incredulidad:


Hace muchos años en un reino muy lejano, la bruja Crepineta estaba cocinando un caldo tlalpeño…, podemos leer y, sin que a nadie se le ocurra preguntar cómo es que en un lugar tan arcaico y distante alguien, y para colmo una bruja, esté cocinando un platillo típico mexicano, queremos saber qué sigue, cómo continúa la historia. Con todas las narrativas ocurre lo mismo: desde un chiste hasta un mito cosmogónico, desde un cuento de pocas páginas hasta una superproducción cinematográfica, desde un chisme político hasta una gran novela…


— Iban un gringo, un ruso, un chino y un mexicano en el cablebús de Iztapalapa… –arranca el chiste y nadie cuestiona a dónde iban o qué hora era o en que idioma se comunicaban…



“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía…” (Genesis, 1:1)


“Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas.” (Macario, de Juan Rulfo).


“Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... La Guerra Civil Galáctica está en su apogeo. Los Rebeldes, una pequeña banda de insurgentes, luchan contra el malvado Imperio Galáctico.…” (se va desplegando la icónica leyenda con la que comienza La Guerra de las Galaxias, 1977).


“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor” (Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha).

 

 

III

 

La semana pasada argüía yo en otro espacio que ni desde el punto de vista cuantitativo ni desde el punto de vista cualitativo es cierto que México esté polarizado: las encuestas muestran que tanto la aprobación de AMLO como la intención de voto en favor de la candidata de la 4T son apabullantemente mayoritarias. Pero en un sentido sí que México está polarizado: desde la perspectiva de las narrativas. Abundan quienes pensamos que nunca habíamos estado mejor y, sin embargo, no faltan quienes, pese a todos los datos duros, sostienen que nunca habíamos estado peor. ¿Cómo se explica eso? Sencillo, se trata de narrativas que parten de distintas realidades. Una de ellas, transmitida y reiterada diariamente a través de la mayoría de los periódicos y noticiarios televisivos y radiofónicos, establece, por ejemplo, que “el presidente divide a México desde el púlpito de Palacio Nacional”. Igual comenzábamos a leer, cada domingo, una entrega más de El Santos…


— Estaba un día López en la mañanera polarizando al país…


Con el pensamiento pragmático fraguamos argumentos (razonamientos lógicos) y con el pensamiento narrativo tramamos argumentos (líneas argumentales, narrativas). Un argumento es, además de un razonamiento lógico, la trama de una narración. Los primeros se discuten, se debaten; los segundos no, cambiarlos muchas veces se requiere terapia.

lunes, 26 de diciembre de 2022

La caja: jacal • Epitafios 2022


El tiempo fue mi mejor maestro, y me reprobó.

💀

No ahorres tiempo, te va a sobrar.


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Ya nada me cae pesado.


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En el fondo, soy buena onda.


💀

 

Lo peor y lo mejor ya pasó.


💀

 

Ya sin secuelas.


💀

 

Ahora sí, no te discuto nada.


💀

 

Muerte de principiante.


💀

 

Ahora sí, no más relaciones fallidas.


💀

 

Ahora sí, todo tiempo pasado fue mejor.


💀

 

Se acabaron los gastos de reparación y mantenimiento.


💀

 

Ahora sí, por fin, esto es definitivo.


💀

 

Yo antes nunca.


💀

 

En el fondo, perdí las formas.


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Fuera de catálogo.


💀

 

Me sentaron los años.


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Totalmente desestresado.


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Avísenle a mi alter ego que aquí lo espero.


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En el fondo, soy yo.


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Por fin, inmortal.


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Solo sólo en lo profundo.


💀

 

Totalmente adaptado.


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Fin de un amor… propio.


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Ya nada es superficial.


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Sin señal.


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En mis tiempos las cosas me pintaban mejor.


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Adiós ansiedad.


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Aquí sí tengo cavidad.


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Aquí, aprendiendo una lengua muerta.


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¿Aquí ya?


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#EstaMuerteNoSeToca


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Ahora sí uno de los tapados.


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Totalmente asintomático.


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Aquí la muerte chiquita es el mundo.


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Aquí, dizque trascendiendo…


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El tamaño sí importa: la muerte grandota.


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Modelo fuera de circulación.


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Aquí sigo.


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Tengo un mal postsentimiento.


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TokTok.


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¿Me leen?


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jueves, 30 de diciembre de 2021

Lascas y lonchas 2021


Lascas

 

La frase hecha "no tengo pruebas pero tampoco dudas" expresa con mucha nitidez lo que es negarse a pensar razonablemente con tal de no poner en duda los propios prejuicios.

 

Es falso que un razonamiento claro precise mucha información.

 

A este planeta le urge un terrapeuta.

 

Esos que dicen que la culpa no sirve de nada se equivocan, sí sirve: pa echársela a alguien.

 

Recientes estudios —con robusta evidencia acumulada— apuntan que lo que un grupo de expertos ya temía es cierto: usar pants diariamente, aunque sean los mismos, durante meses, no mejora la condición física de las personas.

 

Se repite hasta el cansancio que un doctorado no quita lo bruto, y es cierto —puedo dar fe de ello—. Habría que agregar que tampoco da ni honorabilidad ni fuero.

Si crees que la ciencia tiene las respuestas a todo, tienes una idea bastante supersticiosa de la ciencia.

 

Muchas personas se sienten engañadas por la ciencia… ¡Cómo que no tiene todas las respuestas!… ¡Pobres!, no saben que la ciencia ni siquiera tiene todas las preguntas.

 

La nostalgia de lo eterno es la menos pasajera.

 

Ojalá el viento se llevara tanto pensamiento anquilosado.

 

Quizá el atavismo que más sufro es mi apego a los libros en papel.

 

Si no puedes cambiar la realidad, échate un render.

 

El pasado inmediato debería habernos enseñado qué tan malos somos prediciendo el futuro.

 

Predicción infalible: en el futuro seguiremos siendo tan malos como fuimos en el pasado para predecir el porvenir.

 

Que el futuro se adelante es ya cosa del pasado.

 

Estar mejor o peor respecto al pasado tiene que ver con tu ideal de futuro. Estamos mucho mejor porque se detuvo la caída a la barbarie.

 

Los economistas siempre han sido pésimos futurólogos. ¿Por qué siguen haciéndoles caso?

 

El pesimismo aisla. Ya escribía Cioran: “El horror al futuro sólo se cura en estas islas donde el tiempo se ha detenido, donde sólo existe el presente, si es que siquiera existe”.

 

 

Conservas

 

El pesimismo es fundamentalmente conservador. En la posición opuesta, evidentemente, está el optimista, quien desea que el futuro llegue cuanto antes.

 

Los conservas tienen nostalgia de un país que jamás ha existido.

 

— ¡Usted es un extraterrestre que cena niños y en las noches de luna llena se convierte en ganso asesino!

— No es verdad. Soy un ser humano igual que usted, jamás he cometido antropofagia y no tengo capacidad de metamorfosearme en ave alguna.

— ¡No es tolerante a la crítica! ¡Dictador!

 

Con todo y que prácticamente está compuesto al 100% por conservadores, el PAN se echó a perder.

 

No es lo mismo gente derecha que gente de derecha.

 

Los de derecha suelen ser chuecos.

 

Los conservas están seguros de que estaríamos mejor si siguiéramos de mal en peor.

 

Los conservas creen que hablar mal de todos los políticos es políticamente correcto.

 

El ridículo como postura política está diezmando a la derecha.

 

Cada vez queda más claro que la proposición más acabada del ideario de la reacción mexicana es: — ¡El Peje nos cae bien gordo!

 

Quienes quieren meter reversa histórica obviamente no impulsan un avance. El prianismo es la vía retrógrada.

 

La reacción, por definición, no es propositiva.

 

¿Sí saben que la reacción es muy molesta?  Y no estoy hablando de vacunas…

 

Llevaban años llamando Peje-zombis a los simpatizantes de quien apodaron El Mesías Tropical, y ahora claman que no polaricen al país…

 

Aguantaron sin chistar que Peña nos dijera corruptos a todos y todas, y se encrespan porque AMLO dice que “un sector de la clase media” es aspiracionista.

 

Vivían amurallados, inalcanzables, protegidos por ocho mil elementos del EMP, y al actual que viaja en vuelos comerciales y sin ejército de guaruras lo llaman dictador.

 

Le pasaron que en vez de una refinería entregara una barda, y este les cae gordo porque las sucursales del banco del bienestar no tienen diseño chic.

 

Le perdonaron que haya plagiado la tesis de licenciatura…, ¡ah!, pero detestan al actual porque a veces se pone camisas de manga corta.

 

Le aguantaban que jamás aceptara entrevistas que no fueran a modo, ¡ah, pero al actual no le perdonan que de lunes a viernes esté dispuesto a contestar cualquier pregunta de la prensa!

 

Les aguantaban que permitieran y en algunos casos impulsaran la violencia de Estado…, ¡ah, pero al actual no le perdonan que se coma las eses!

 

Al otro le aplaudieron a la Gaviota, y lamentan lo corriente que es que este coma tlayudas.

 

Le aguantaron la casa blaca y a este lo abominan porque no trae zapatos nuevos.

 

Maroma concerva: decir que AMLO es un represor que no se atreve a reprimir.

 

La mentira palmaria sobre asuntos públicos atenta contra el tejido social.

 

Durante décadas cuidaron la macroeconomía nacional… en las cuentas bancarias de una élite económica.

 

Misma falacia:

Criticar a algunos funcionarios del INE no es atacar al INE, menos a la Democracia; esos funcionarios del INE no son La Democracia.

Criticar a ciertos exfuncionarios del Conacyt no es criticar al Conacyt, menos a la Ciencia; esos exfuncionarios no son La Ciencia.

 

A los fachos buenaondita mexicanos les encanta la izquierda… guapetona y en otro país.

 

Trampita retórica de los conservas: enfrentar “datos duros” versus “percepción”. Los datos son en sí mismos expresiones de determinadas percepciones y, además, se perciben. Los números no hablan solos, se leen, alguien los lee.

 

 

Calambures

 

Se quedó con el alma en silo…

 

Os hilé y oscilé.

 

Yo, cuando estoy a todo mecate, siempre me siento en la cuerda floja.

 

 

Epitafios

 

Aquí, aprendiendo una lengua muerta.

 

Aquí nomás, perdiendo el tiempo.

 

Déjame en visto.