Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

lunes, 31 de marzo de 2025

Realidad destartalada I

 

Heme aquí ya, profesor
de lenguas vivas (ayer
maestro de gay-saber,
aprendiz de ruiseñor)
en un pueblo húmedo y frío,
destartalado y sombrío,
entre andaluz y manchego.
Antonio Machado, Poema de un día.

 

 

Me hallé estos versos:

Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
— Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.

El pasado, como siempre: presente. La angustia como debe ser: arcaica e incomprensible, experimentada y arcana, primitiva e insondable. La psique de quien padece la angustia, congruente: destartalada. El poema es obra del sevillano Antonio Machado (1875-1939), y forma parte de la serie “Sueño infantil”, de su poemario “Galerías” (Soledades. Galerías. Otros poemas, 1907).

Destartalado es una palabra de origen incierto. Su significado, en cambio, es bien conocido: “descompuesto, desproporcionado y sin orden” —RAE dixit—. También se usa como sinónimo de desarreglado, mal acondicionado o incluso de viejo. La definición que aporta el Diccionario del español de México del Colmex es la que me parece más certera: “que está en estado ruinoso por efecto del deterioro”. A diferencia de la anterior, Guido Gómez de Silva ofrece una definición estrambótica: “Desprovisto de lo necesario” (Diccionario breve de mexicanismos). En la jerga taurina, un astado destartalado es un animal desproporcionado, especialmente de la cabeza (Léxico español de los toros, 1989).

Corominas (Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispano) aventura que destartalado es un vocablo “hermano del portugués estatelado, 'extendido a lo largo y sin movimiento', y tomado del árabe istatāla, 'alargarse, extenderse'.” La RAE no avala esa hipótesis. Y qué bien, porque me gusta más lo que piensa Rafael Martínez Rubio: “el adjetivo proviene del latín medieval stortilatum, a través del italiano stortilato, ‘distorsión de la articulación de la pata del caballo’”. Una de las pruebas que aporta proviene de un libro escrito en latín hace más de setecientos años, Liber ruralium commodorum (Libro de beneficios rurales), de Piero de Crescenzi (c. 1233 - 1321), en cuya traducción al toscano encuentra:

Aviene alcuna volta, che la giuntura della gamba allato al piè si dannifica per percossa fatta in luogo duro, o per cader correndo o andando, o perché 'l piè non si posa alcuna volta diritto in terra, la quale infermità vulgarmente s'appella stortilato... (en el original latino stortilatum). (libro IX, capítulo 41)

Lo que podemos trasladar al castellano…

Sucede alguna vez que el ligamento de la pata al lado del pie se lastima por un golpe dado en un lugar duro, o por caer corriendo o andando, o porque el pie no apoya alguna vez derecho en la tierra, enfermedad esta que es conocida vulgarmente como stortilato…

Martínez Rubio explica que el morbo stortilato provoca que la bestia equina ande “torcida, dando la apariencia de ‘destartalado’, patizambo, ladeado…”, y concluye: “Lo que para un hombre es ser tuerto, es decir, con la vista torcida (del torceré latino) es para un caballo ser stortilato (destartalado), es decir, con el andar torcido, causado por una distorsión en la articulación de su pata”.

Independientemente de su origen incierto, destartalado describe aquello que ha perdido su estructura o integridad, refiriéndose a objetos, edificios o incluso situaciones o sensaciones caóticas, y refleja un proceso de deterioro o desmembramiento.

Componemos todo con la imaginación y somos incapaces de vivir la realidad simplemente. Recuerdo la destartalada y antigua casa en Tajimara, el estallar de los manzanos e higueras…

El anterior es un extracto de Tajimara, el célebre cuento del narrador yucateco Juan García Ponce (1932-2003), un texto publicado en su libro Imagen primera (Universidad Veracruzana, 1963), con el que en 1965 Juan José Gurrola realizó la mitad de su película Los bienamados (1965) —la otra mitad fue a partir del cuento Un alma pura, de Carlos Fuentes—. Una casa destartalada, una realidad que somos incapaces de vivir simplemente sin tratar de componerla con la imaginación.

Entre los versos de Machado y las paredes agrietadas de la casa de Tajimara, destartalado es además de una palabra un espejo: refleja el desorden de las cosas y el quebranto del alma. Su etimología esquiva —portuguesa o árabe o latina o quizá equina— acaba siendo tan fragmentaria como la realidad que describe. Pero es ahí, en esa fisura entre lo que se derrumba y lo que imaginamos, donde reside el único consuelo. La imaginación no es un refugio, sino un acto de resistencia: inventamos órdenes donde solo hay ruinas, tejemos sentido en la trama descosida de lo real. Como el poeta que evoca su infancia perdida o el narrador que reconstruye una morada en ruinas, tal vez apenas nos quede habitar lo destartalado con la mentira necesaria…  


No hay comentarios: