Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

domingo, 5 de abril de 2026

Freud y la teoría de la información

  

…las neuronas procuran aliviarse de la cantidad.

Freud, Proyecto…

 

“Jamás he estado tan intensamente preocupado por cosa alguna”. En una de sus muchas cartas a Wilhelm Fliess (1858-1928), Sigmund Freud (1856-1939) relata el erizado proceso de gestación de un largo ensayo que jamás llegaría a publicar: Psicología para neurólogos. La misiva fue fechada el 27 de abril de 1895 (Carta 23). Freud tenía 38 años y se hallaba en una etapa de transición: combinaba su labor como médico con una intensa actividad teórica. Con Josef Breuer (1842-1925), ultimaba los detalles del libro que habían escrito juntos, Estudios sobre la histeria, impreso ese mismo año.

En lo científico me va mal, tan empecinado en la Psicología para los neurólogos que regularmente me devora por entero hasta que tengo que interrumpir realmente fatigado. Jamás he estado tan intensamente preocupado por cosa alguna. ¿Y si nada sale de eso?

Un mes después (Carta 24), explicaba que su ambición era “averiguar qué forma cobrará la teoría del funcionamiento psíquico si se introduce en ella un enfoque cuantitativo”. A mediados de agosto (Carta 27), confesaba: “la psicología es realmente un calvario para mí”. Freud retomó el trabajo y el 23 de setiembre (Carta 28) comunicaba que había comenzado una síntesis destinada a que Fliess la revisara y le diera su opinión. El 8 de octubre (Carta 29) le envió a Berlín dos cuadernos: “las cosas todavía no concuerdan y quizá nunca lo hagan”. Sin embargo, el 20 de octubre (Carta 32) escribía: “de pronto se levantaron las barreras, los velos cayeron, y mi mirada pudo penetrar de golpe [...] ¡todo esto concordaba y concuerda todavía hoy!”. El entusiasmo duró poco: el 8 de noviembre contaba a su amigo que, harto, había arrojado los manuscritos a un cajón…

 

En efecto, Freud nunca publicó aquel escrito; para él quedó en proyecto James Strachey (1887-1967) señala que, tras escribirlo, Freud “parece haberse olvidado de él, o al menos nunca lo mencionó”. Con todo, en privado, Freud llegaba a aludir ese texto, al que llamaba “mis φ, ψ, ω”, una referencia a los tres tipos de neuronas que postuló en aquel manuscrito. En su biografía de Freud, Ernest Jones cuenta que, siendo ya un anciano, pusieron de nuevo en sus manos aquellos papeles, y él trató de destruirlos. Afortunadamente hubo quien lo evitara… 

 

El ensayo fue al fin publicado por primera vez en 1950 en Londres, en su lengua original, como parte del libro Aus den Anfängen der Psychoanalyse —editado por Marie Bonaparte, Anna Freud y Ernst Kris—. Años más tarde, Strachey y Alix Sargant-Florence lo traducirían al inglés, directamente del manuscrito, para la edición de estándar de las obras de Freud. En su texto introductorio al Proyecto de psicología, publicado originalmente en 1966, Strachey sostiene que, aunque a todas luces tiene un enfoque neurológico, este ensayo “contiene en sí el núcleo de gran parte de las ulteriores teorías psicológicas de Freud…” —v.g.: “La conciencia no nos proporciona una noticia completa ni confiable de los procesos neuronales”— Y agrega:

En los últimos tiempos se ha sugerido que el funcionamiento del sistema nervioso humano puede considerarse similar, o aun idéntico, al de una computadora electrónica: ambos son aparatos destinados a la recepción, almacenamiento, procesamiento y entrega de información. Se ha señalado, verosímilmente, que en los complejos sucesos ‘neuronales’ que aquí describe Freud y en los principios que los gobiernan puede verse más de un indicio de las hipótesis sustentadas por la teoría de la información y la cibernética en su aplicación al sistema nervioso.

Karl Pribram (1919-2015) y Merton Gill (1914-1994), un neuropsicólogo y un psicoanalista, en Freud's "Project" Re-assessed: Preface to Contemporary Cognitive Theory and Neuropsychology (1976) analizan a detalle la sorprendente vigencia del ensayo de Freud, y cómo sus postulados bien pueden entenderse como un adelanto de la teoría cognitiva y la neuropsicología modernas. Pribram y Gill muestran que el Proyecto… no fue un error juvenil, sino una especulación visionaria de la mente como sistema de procesamiento de información con base biológica.

 

La cercanía del texto finisecular con la teoría de la información — propuesta por Claude E. Shannon (1916-2001) en 1948— se observa desde el objetivo que se propone Freud: “presentar procesos psíquicos como estados cuantitativamente comandados de unas partes materiales comprobables, y hacerlo de modo que esos procesos se vuelvan susceptibles de ser intuidos y exentos de contradicción”. Freud buscaba fundar una psicología científica, reduciendo lo psíquico a cantidades —la célebre Q o cantidad de excitación— que circulan por un sistema verificable: las neuronas y sus “barreras de contacto” —anticipación de la sinapsis—. Todo debía ser cuantitativo, determinista, coherente y libre de contradicciones lógicas, al estilo de la física newtoniana y la neurología de su época. Shannon, medio siglo después, propuso una teoría matemática de la comunicación que, justo, cuantifica la información como reducción de incertidumbre, transmitida a través de canales físicos. Quería hacer inteligible y predecible el proceso de la comunicación mediante magnitudes cuantitativas, sin tener que apelar a significados subjetivos ni contradicciones. Ambos perseguían una ciencia natural rigurosa: Freud, que la psicología fuera una “ciencia natural” al tratar lo psíquico como estados cuantitativos de partículas concretas; Shannon, lo mismo con la comunicación. Freud no podía conocer la teoría de la información —aún no se formulaba—, pero su modelo energético-cuántico del aparato psíquico —flujo de Q, inhibición, investiduras, procesos primarios/secundarios— puede ser entendido en términos de procesamiento de información.

 


En trabajos posteriores —v.g.: Brain, Consciousness and Reality, 1983—, Pribram establece una vinculación explícita entre la distinción freudiana clásica y los principios de la termodinámica y la teoría de la información. Según Pribram, los procesos primarios —inconscientes, regidos por el principio de placer— operan bajo la lógica de la primera ley de la termodinámica —conservación de la energía—: se trata de flujos energéticos homeostáticos que sólo se transforman o descargan, sin crear ni destruir cantidad neta. En cambio, los procesos secundarios —conscientes, regidos por el principio de realidad y el pensamiento— corresponden a la segunda ley de la termodinámica combinada con la noción de información de Shannon: aquí entra en juego la negentropía, es decir, la capacidad de generar orden y reducir incertidumbre mediante bucles de retroalimentación —feedforward—, permitiendo al sistema psíquico anticipar, inhibir y estructurar la experiencia más allá del mero balance energético.

 

En 1895, Freud ya estaba pensando en la mente como un sistema de procesamiento cuantitativo de señales materiales, exactamente el mismo modelo que Shannon formalizó matemáticamente para la comunicación y que hoy sustenta la neurociencia computacional y la teoría cognitiva. Un ejemplo de cómo una especulación “fallida” resultó certera.

 

La Psicología para neurólogos de Freud quedó en proyecto, inconcluso y desdeñado por su propio autor, pero su intuición central —la mente como un sistema que procesa cantidades de excitación siguiendo leyes cuantitativas— anticipó en más de medio siglo los fundamentos de la teoría de la información y la neurociencia computacional. Freud soñó con una psicología cuantitativa y fue tachado de especulador; Shannon formalizó la información como magnitud y cambió la tecnología para siempre. Hoy, la neurociencia cognitiva les da la razón a ambos: la psique es, ante todo, un procesador de señales. Aquella especulación no era un callejón sin salida, sino una pista de despegue adelantada a su tiempo.

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