Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

viernes, 20 de noviembre de 2020

¿Libro perverso?

 Morality is simply the attitude we adopt towards people we personally dislike.

Oscar Wilde, An Ideal Husband

 

There is no such thing as a moral or an immoral book.

Books are well written, or badly written. That is all.

Oscar Wilde, The Picture of Dorian Gray.

 

 


— ¡¿Estás leyendo la autobiografía de un señor que se casó con su propia hijastra?! —más que una pregunta, aquello sonó como una acusación, ¡qué digo acusación!, como una imputación flamígera, espetada con el mismo tono que hubiera empleado el santo Papa si le hubieran ido a Roma con el chisme de que en mi departamento se celebraran misas negras en honor de Asmodeo, el demonio de la lujuria.

 

— Bueno, sí —respondí, porque efectivamente estoy leyendo A propósito de nada, el más reciente libro de Allan Stewart Konigsberg, mejor conocido por su sobrenombre artístico, Woody Allen (Nueva York, 30 de noviembre de 1935)—, aunque él dice que nunca fue su padrastro…

 

— Entiendo que te haya gustado una que otra de sus películas, pero…

 

— No me gustaban, me siguen gustando, y mucho, y no una que otra, muchas de ellas: Take the Money and Run, Love and Death, Annie Hall, Interiores, ManhattanA Midsummer Night's Sex ComedyZelig…

 

— Ya, para… ¿Vas a enumerar todas?

 

— Pues casi todas me gustan, unas más, otras menos, pero casi todas me gustan… Incluso A Rainy Day in New York, la última, bueno, penúltima… Y eso que no me trago eso de que Diego Luna sea un gran actor…

 

— Te cae mal porque es pejefóbico.

 

— También.

 

— ¿No prohibieron esa película por lo del escándalo de la demanda de abuso sexual?

 

— No la prohibieron, más bien los circuitos comerciales no la proyectaon en Estados Unidos. Aquí en México la vi en la Cieneteca.

 

— Bueno, pero de seguir viendo sus películas a leer su autobiografía… ¡Es un perverso!

 

— Suponiendo que tuvieras razón, pero sólo suponiendo porque el cineasta no está en la cárcel, entonces lo confieso: estoy leyendo la autobiografía de un hombre perverso, y además me estoy divirtiendo horrores… No puedes valorar la obra de alguien desde la perspectiva de su comportamiento moral, de acuerdo a tu escala de valores.

 

— ¡No se debe desligar la obra de su autor!

 

— Uy, pues entonces vamos a tener que dejar de leer a Hesíodo y toda su Teogonía patriarcal y depravada, y también a Homero, porque tanto en la Ilíada como en la Odisea exalta el patriarcado y una misoginia atroz: “Ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la rueca... y de hablar nos ocuparemos los hombres”, le dice Héctor a su esposa Andrómaca. Telémaco despacha a su madre a su cuarto y al silencio: “Conque marcha a tu habitación y cuídate de tu trabajo, el telar y la rueca… La palabra debe ser cosa de hombres, de todos, y sobre todo de mí, de quien es el poder en este palacio”. ¿Y qué me dices de Sócrates, Platón y Aristóteles? Las tres columnas de la filosofía Occidental fueron erigidas por un trío de esclavistas, es decir, personas que consideraban que era perfectamente aceptable que un ser humano fuera propiedad de otro. Y basta de leer y andar recomendando las Meditaciones del emperador romano Marco Aurelio, porque muy estoico, muy estoico, ¡pero el señor no era más que un conquistador imperialista! 

 

— Bueno, son textos de la Antigüedad que no son hoy los que marcan nuestros preceptos morales.

 

— ¿Y qué me dices de la Biblia? Desde el Génesis: la primera mujer, Eva, es nada menos que la culpable del pecado original. ¿O qué te parecen estas bonitas leyes establecidas en el Deuteronomio?: “Cuando salieres a la guerra contra tus enemigos, y Jehová tu Dios los entregare en tu mano, y tomares de ellos cautivos, y vieres entre los cautivos a alguna mujer hermosa, y la codiciares, y la tomares para ti por mujer…”

 

— Bueno, la misoginia es generalizada…

 

— O tú que consideras que la fiesta brava es una barbarie, ¿deberíamos de prescindir de los libros que escribieron grandes aficionados a la tauromaquia? No sé, Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera…, porque García Márquez era taurino. ¿A volar también los maravillosos cuentos de Rafael Ramírez Heredia o la poesía de Rafael Alberti, García Lorca, Gerardo Diego…?

 

— Bueno…

 

— ¿O qué, porque ahora defiende una postura ideológicas que detesto debo decir que las novelas de Vargas Llosa son malas? Casi todas son extraordinarias.

 

— ¿Y que tal está el libro de Woody Allen?

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