Un blog apasionado, incondicional y sobre todo inútil sobre esos objetos planos, inanimados, caros, arcaicos, sin sonido estereofónico, sin efectos especiales, y sin embargo maravillosos llamados libros.

miércoles, 2 de junio de 2021

Equívocos promedios

  

Hace casi dos años escribí El equívoco promedio municipal (Nexos, septiembre 2019), un texto en el cual argüía una tesis monda y lironda; a saber: partiendo de que el fundamento de la realidad municipal es su dimensión espacial, y considerando que de todos los municipios en México —demarcaciones territoriales en el caso de la Ciudad de México— casi 8 de cada 10 tienen una extensión territorial igual o menor al promedio, y que el 94% no sobrepasa el promedio más una desviación estándar, cualquier promedio municipal, el que usted me diga, expresa necesariamente una falacia.

 

No quiero decir que cuando alguien calcula y presenta un promedio municipal tenga la intención de engañar o de mentir; empleo falacia en su segunda acepción: “hábito de emplear falsedades”, y una costumbre o rutina, como bien se sabe, termina por hacerse de manera inconsciente. Es con este significado con el que uso el vocablo cuando afirmo que todo promedio municipal expresa necesariamente una falacia. Y es que, a la hora de traer a cuento estadísticas y comparativos municipales, casi siempre se descuida o de plano se olvida la dimensión espacial de tal nivel de desagregación… ¡geográfica!

 

Sostengo que si se intenta comprender un fenómeno social, político o económico realizando comparaciones municipales resulta muy difícil escapar de las telarañas de una distorsión cognitiva. De hecho, ni siquiera es necesario involucrar promedios para que el uso de la perspectiva municipal distorsione la comprensión de las cosas… Por ejemplo, el miércoles 26 de mayo Milenio publicó una nota en la cual informaba que en Oaxaca un municipio no ha permitido la aplicación de la vacuna anticovid. Todavía a las ocho de la noche del jueves la nota permanecía en el homepage del citado periódico de circulación nacional. ¿Cuántos de los lectores que a vuelo de pájaro pasaron la mirada por tal encabezado tendrán noticia y habrán tenido en mente que el país se integra por 2,470 municipios, y que solamente en Oaxaca son 570? De entre quienes miraron la nota, ¿cuántos habrán considerado que toda la gente que reside en el estado de Oaxaca —4.1 millones de personas— representa apenas el 3.3% de la población total del país? Y quizá sea muy ingenuo suponer que el lector promedio de Milenio sepa que en promedio cada uno de los municipios oaxaqueños tiene una población de 7,249 habitantes, y ya no digamos que sería muchísimo menos probable, me parece, que alguno que otro lector tenga conocimiento y recuerde que en el 10% de los municipios más poblados de Oaxaca, 57 de 570, radica el 56% de toda la población del estado, de tal manera que el municipio en cuestión seguramente es uno de los 513 restantes, cuya población promedio es de 3,509 personas, esto es, el 0.003 de la población total del país. Esa es más o menos la dimensión de la nota nacional —y seguramente mucho menos, considerando que 111 municipios de Oaxaca tienen poblaciones de menos de mil habitantes—.

 

El mismo fenómeno sucede, aunque en menor medida, tratándose de entidades federativas. Me figuro que en menor medida porque a ese nivel es mucho más fácil que uno pueda tener en mente, más o menos, la configuración política administrativa de nuestro país. Según los resultados censales más recientes, sólo 4.9% de la población de 15 años y más de este país declaró no tener escolaridad alguna, mientras que poco más del 45% dijo tener un nivel de educación media superior o más avanzada, así que creo que no es difícil que la gran mayoría de nosotros pueda recordar la menudencia territorial de Tlaxcala, Morelos y Aguascalientes, frente a las enormidades de Chihuahua, Sonora y Coahuila, por ejemplo, o que una buena cantidad de congéneres, sin necesidad de ver un mapa, pueda ubicar a Veracruz arrimado a la costa del Golfo de México, y a Guerrero y Jalisco a la del Pacífico. Pienso también, y espero no ser demasiado optimista, que es más o menos de dominio público que las entidades federativas más pobladas de la República son el Estado de México y la Ciudad de México…, aunque hay mucha distancia de ahí a que se tenga claridad de qué tanto lo son: dicho en corto, 1 de cada 5 habitantes del país reside en alguna de esas dos entidades federativas. Y si además involucramos la perspectiva territorial, entonces sí creo que muy muy pocos alcanzan a dimensionar el asunto: resulta que 1 de cada 5 habitantes del país habita en la superficie que en conjunto abarcan el Estado de México y la Ciudad de México, esto es, en apenas el 1.2% del territorio nacional.

 

En el extremo opuesto puede ocurrir algo similar: probablemente una que otra persona relacione el tamaño de los estados con sus respectivos montos poblacionales, de tal suerte que, —excluyendo a la Ciudad de México con sus poco menos de 1,500 km2—, ubique a Colima, Tlaxcala y Aguascalientes entre los menos poblados del país… No andará errado: Colima es la entidad menos poblada de México, y su superficie territorial (5,626.9 km2) apenas supera a las de la Ciudad de México, Tlaxcala, Morelos y Aguascalientes. Sin embargo, descontando a sus propios habitantes, no me parece probable que mucha gente ubique a Baja California Sur como la segunda entidad menos habitada de México: a lo largo y ancho de sus casi 74 mil km2 solamente viven poco más de 798 mil personas, situación que se traduce en una densidad de población de 10.8 habitantes por km2. Y de nuevo, ¿cómo vislumbrar la poderosa abstracción del dato? Qué tal imaginando que si en el territorio de la Ciudad de México se viviera con la densidad de población que reporta Baja California Sur, entonces la capital del país no estaría habitada por 9.2 millones de seres humanos, sino por 16,138, y en contraparte, si el estado Baja California Sur reportara una densidad de población como la que hoy tiene la Ciudad de México (6,163 hab./km2) entonces estaría habitado por 455.5 millones de personas, nada menos que 3.6 veces la gente que hoy vivimos en toda la República Mexicana.

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