… el logos común que recorre todas las cosas.
Cleantes de Asos, Himno a Zeus. SVF I, fr. 537.
Una idea
Para los antiguos estoicos el universo no es un agregado de objetos desconectados entre sí, sino un organismo único, racional y animado por un principio común: el pneuma o aliento divino. Esta escuela filosófica postuló que existe una sympátheia tōn hólōn, una simpatía de todas las cosas: las partes del universo están tan íntimamente compenetradas que lo que pasa en cualquier parte repercute en el conjunto, como las cuerdas de una lira vibran por resonancia cuando se puntea una de ellas. La sympatheia se explica por el pneuma, cuya tensión interna —el tónos— mantiene cohesionadas las partes del cosmos y permite que los cambios en una de ellas repercutan en las demás.
Una mariposa
Quizá la idea anterior te haya traído una mariposa a la memoria: “El aleteo de una mariposa en Brasil puede desencadenar un tornado en Texas”. Tal es la expresión más popular del llamado efecto mariposa, asociada con el meteorólogo Edward N. Lorenz, quien mostró que pequeñas diferencias en las condiciones iniciales de los sistemas atmosféricos producen evoluciones muy divergentes. Aunque Lorenz enunció inicialmente la frase como una pregunta, la imagen se popularizó como el efecto mariposa, que bien puede entenderse como una analogía contemporánea de la simpatía estoica.
Un libro
Herramienta filológica fundamental para conocer de la filosofía estoica, Stoicorum Veterum Fragmenta (1905) fue compilado por Hans von Arnim. El primer volumen, Zeno et Zenonis discipuli, reúne los fragmentos y testimonios de Zenón de Citio y de sus discípulos directos —Aristón de Quíos, Herilo, Dionisio Metathemenos, Persaeo, Cleantes, Esfero, entre otros—, con textos en griego y latín, aparato crítico y fuentes. Arnim distingue los fragmentos literales, los testimonios doctrinales y los textos auxiliares, y evalúa las fuentes antiguas —Plutarco, Filón, Cicerón, Diógenes Laercio, Ario Dídimo, Aëtius, escritores cristianos y neoplatónicos—.
La revisión del primer volumen de Stoicorum Veterum Fragmenta no ofrece una formulación explícita del concepto de sympatheia cósmica atribuible a Zenón de Citio (c. 334 - c. 262 a. C.) o a sus discípulos directos. La alusión más antigua corresponde a Crisipo (c. 280 - c. 207 a. C.), aunque fue Posidonio (c. 135 - c. 51 a. C.) quien sistematizó la simpatía cósmica.
Los esbozos
Estobeo (siglo V d. C ) habla de la penetración del logos universal en la materia, base de la simpatía cósmica.
Sustancia es la materia primera de todas las cosas; esta es toda ella eterna y no se hace ni mayor ni menor; sus partes no permanecen siempre las mismas, sino que se dividen y se mezclan. Por ella penetra la razón del todo, que algunos llaman destino, y de la cual hay también semilla en la generación. SVF I, fr. 87.
Séneca (siglo I a. C.) ilustra la sympatheia estoica: los astros forman una unidad dinámica; sus luces se comunican y producen un nuevo efecto visible.
Nuestro Zenón sostiene esta opinión: juzga que los astros concuerdan y que comunican entre sí sus rayos; de esta asociación de luz resulta la imagen de una estrella más larga. SVF I fr. 122.
Aëtius (s. I d. C.) identifica destino, providencia y naturaleza; presupone así una unidad cósmica:
Zenón el estoico, en Sobre la naturaleza, [define el destino como] potencia motriz de la materia, según lo mismo y de la misma manera, la cual no difiere de la providencia y la naturaleza. SVF I fr. 176.
Cicerón (106 – 43 a. C.) expresa así el principio cósmico que produce, organiza y mantiene unidas todas las partes de la naturaleza:
Zenón define la naturaleza diciendo que es un fuego artístico que procede por camino hacia la generación. SVF I frs. 171–172.
Cleantes de Asos (c. 330 - 231 a. C.) afirma la unidad dinámica del cosmos y la tensión (τόνος) que lo recorre, antecedente de la simpatía universal:
… así como las partes de un ser vivo nacen de semillas en los tiempos adecuados, así también las partes del todo, que son animales y plantas, nacen en los tiempos adecuados. Y así como ciertas razones de las partes, al reunirse en la semilla, se mezclan y de nuevo se separan al producirse las partes, así también todas las cosas nacen de uno y de todas se reúnen en uno, según un camino y una concordia de la procesión del ciclo. Cleantes, fr. 497.
La armonía cósmica presupone una conexión entre todas las partes:
… el sol… en los orígenes, apoyando sus rayos, como golpeando el cosmos, lo lleva a un movimiento armonioso… Se le representa como músico y citarista porque pone en armonía cada parte del cosmos y hace que suene junto con todas las demás partes… SVF I, frs. 502–503.
Aquí se enuncia la noción de cooperación cósmica:
Cleantes, al intentar [explicar] la conflagración, dice que la Luna y los demás astros se asemejarán al Sol y se cambiarán en él. Pero [dice] que los astros, siendo dioses, cooperan con el Sol hacia su propia destrucción, contribuyendo a la conflagración. SVF I, fr. 510.
La relación entre destino y providencia esboza la idea de simpatía cósmica:
… las cosas que son según el destino también son por providencia, y del mismo modo las que son según providencia, por destino, como piensa Crisipo. Pero otros [dicen que] las que proceden de la autoridad de la providencia, también suceden fatalmente… SVF I, fr. 551.
El alma cósmica
Si bien Zenón sentó los cimientos del monismo estoico y Cleantes expresó la unidad del cosmos en su célebre Himno a Zeus, no ha sobrevivido ningún fragmento textual de los fundadores de la Stoá que articule el concepto de la simpatía cósmica. Se piensa que fue Crisipio de Solos (c. 280–207 a. C.) quien transformó esta intuición en una noción. Aunque los textos de Crisipo no se conserven, hay testimonios —Plutarco, Diógenes Laercio, Aëtius, Estobeo, Sexto Empírico y Galeno— que citan a Crisipo en lo relativo a su teoría del destino, el pneuma y la causalidad universal. Quizá Crisipo sentó las bases de la interconexión universal, pero la sympatheia como concepto cosmológico debe atribuirse a Posidonio de Apamea (c. 135 – 51 a. C.). Diógenes Laercio (siglo III d. C.) cita a Posidonio:
El mundo es gobernado por la providencia y la razón, como dice Crisipo… y Posidonio en el libro XIII de Sobre los dioses. Pues el mundo es un ser vivo, animado, racional e inteligente. En efecto, así como en el hombre el alma se extiende por todas las partes del cuerpo, así también el alma del mundo se extiende por todas sus partes. Y por esta sympatheia todas las cosas se mantienen unidas…
Y si el alma del mundo se extiende por todas partes, también se extiende por el alma del hombre… Lejos de la dispersión actual, quizá aparente, la sympatheia antigua sugiere que habitar el mundo es pertenecer a un entramado en el que ningún movimiento deja de tener efecto en todo.
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